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El bosque de los suicidas (The Forest) (**)

29 febrero 2016

Una norteamericana viaja a Japón en busca de su hermana gemela, desaparecida días atrás en el bosque de Aokigahara. Se trata de una zona a la que acuden los nativos con intención de suicidarse, pero la recién llegada mantiene la esperanza y se adentra en lo profundo de la foresta junto con un periodista australiano.

Un alto porcentaje de las ideas más terroríficas de los últimos años proceden de Japón. El cine de aquel país ha sabido sacarle partido, incluso, a los inventos más modernos, incluidos los móviles y los magnetoscopios. Después, si procedía, el cine norteamericano se encargaba de rodar un remake. En esta ópera prima de Jason Zada el recorrido se hace prácticamente al revés. Con una producción estadounidense, el film se desarrolla en Japón, aunque para casi nada se aprovecha las peculiaridades propias de este país. Más bien, se trata de una cinta de terror convencional, con muchos tópicos del género.

Sara –Natalie Dormer- recibe una llamada del Lejano Oriente, para informarle de que su hermana gemela Jess, que trabaja en Tokio como profesora, ha desaparecido. Deja a su marido Rob –Eoin Macken- en Estados Unidos y se marcha a la capital nipona, donde recibe la noticia de que Jess se ha internado en el bosque de Aokigahara, a las faldas del monte Fuji, el lugar predilecto por los suicidas. La foresta en cuestión es famosa porque, en épocas de penuria, abandonaban en su interior a los mayores o impedidos para que no representasen una carga. Por el tiempo transcurrido desde su desaparición, las probabilidades de encontrarla con vida son escasas. Además, en la existencia de Jess se contabilizan dos intentos anteriores de quitarse la vida.

En el hotel donde se hospeda, la protagonista conoce a un periodista australiano llamado Aiden –Taylor Kinney- que se compromete a ayudarla. Incluso, le presenta a una especie de guía local llamado Michi –Yukiyoshi Ozawa-, que ejerce como si de un buscador de suicidas se tratase. Tras una jornada de búsqueda infructuosa, Aiden y Sara se quedan a pasar la noche y, claro, en un paraje en el que se asientan, concretamente en la supuesta tienda de campaña de la gemela, comienzan a ocurrir sucesos difíciles de explicar.

Michi había advertido que en Aokigahara ocurren sucesos muy extraños, que van desde alucinaciones hasta visiones fantasmagóricas, como la aparición de una adolescente llamada Hoshiko –Rina Takasaki-. La coartada perfecta para que se aculen los sustos, bien sea gracias al montaje y la música, o por medio de cuerpos ahorcados o arrastrados río abajo por la corriente fluvial. No falta una cabaña aislada, un supuesto sótano, ni una caída a un pozo lo suficientemente profundo como para no poder regresar a la superficie sin ayuda de otra persona.

Así, hasta un final inesperado e imaginativo que supone el punto álgido del film junto al ritmo que transmite Jason Zada y la participación de Natalie Dormer, la actriz británica a la que pudimos ver en las dos primeras entregas de Los juegos del hambre. Por lo demás, la cinta ofrece escasas novedades. Todo es rutinario y manido dentro del género de terror y en ese aspecto es donde más flojea esta producción ya que las sorpresas hay que buscarlas cuando se deja llevar por el ritmo al que compromete la acción. No obstante, se trata de un interesante debut del realizador californiano que debe de asentar en el futuro con un poco más de riesgo y una mayor personalidad cuando se encuentre con los más puros convencionalismos.

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From → Cine

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