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Mustang (****)

10 marzo 2016

Cinco hermanas huérfanas, de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años, han terminado el curso escolar y se entretienen en juegos con los compañeros de clase junto al Mar Negro. Su familia reacciona ante lo que consideran una afrenta a la tradición y encierra a las muchachas para enseñarles cómo deben de ser unas buenas esposas.

La primera película de la directora otomana afincada en Francia Denis Gamze Ergüven, con capital galo, alemán y turco, ha cosechado un auténtico rosario de galardones internacionales, rubricado por su nominación al Oscar como mejor película de habla no inglesa en representación del país vecino. Se trata de un buen ejemplo de la unión de dos culturas muy diferentes, incluida la cinematográfica y una denuncia amable de cómo las barreras de la tradición constriñen la libertad.

El Mustang es el caballo salvaje de Estados Unidos, el cimarrón que tiene sus orígenes en el mustango español. No es casualidad que se haya elegido este título para ilustrar la historia de unas muchachas de una pequeña localidad de la Turquía Asiática a orillas del Mar Negro. No aparecen equinos en el film, ni tampoco automóviles del mismo nombre. Se identifica con el ansia de vivir libres frente a los corsés impuestos por tradición.

Las muchachas protagonistas son cinco hermanas huérfanas de entre 12 y 16 años de edad. De mayor a menor, se trata de Sonay –Ilayda Akdogan-, Selma –Tugba Sunguroglu-, Ece –Elit Iscan, la única con experiencia fílmica-, Nur –Doga Doguslu- y Lale –Gunes Sensoy-, que es quien relata la historia, aunque las voces en off aparecen en ocasiones contadas y se utilizan para salvar dificultades del guion que, por otra parte, respeta la unidad de tiempo. Las cinco jóvenes acaban de terminar el curso escolar, han despedido a su maestra Dilek –Bahar Kerimoglu-, que se va a Estambul, y juegan en la orilla del mar con sus compañeros.

Advertida por una vecina, la abuela de las protagonistas –Nihal Koldas-, en connivencia con su estricto hijo Erol –Ayberk Pekcan-, reprocha la actitud liberal de las muchachas y decide confinarlas en su casa con el objeto de prepararlas para ser unas buenas esposas. La más rebelde es Lale, aficionada al fútbol y que sueña con escaparse a Estambul. Muchas noches se hace con las llaves del auto de su tío Erol y lo enciende, pero no sabe conducir, aunque poco tiempo después tomará lecciones con Yasin –Burak Yigit-, un repartidor.

Los primeros pretendientes no tardan en llegar. Sonay consigue que corra su turno para desposarse con su amante y Selma es la primera en ser pedida en matrimonio. Después llega el turno de Ece, quien no está de acuerdo con su próximo marido, y poco después le tocará el turno a Nur, aunque Lale ha ideado un plan para abandonar el oprimente mundo en el que viven  y buscar un paraíso soñado en Estambul.

La historia es dura y hasta podríamos decir que claustrofóbica, pero Gamze Ergüven la dulcifica hasta límites insospechados. A pesar de la crudeza con la que son tratadas las chicas, prácticamente abundan más los momentos de distensión por la manera de actuar de Lale, las escapadas de Sonay para reunirse con su novio, o los juegos de las protagonistas, que imaginan estar en la playa o pretenden acudir a un partido de fútbol sólo apto para mujeres tras los desmanes ocurrido en el partido de ida. Gracias a ello, comprobaremos la solidaridad y comprensión de las mujeres de la familia, al tiempo que la más pequeña de las hermanas conocerá a Yasin, que resultará capital en el devenir de los acontecimientos.

Los contrastes entre las tradiciones locales y la realidad occidental resultan evidentes, y su juega con ellos con mayor o menor fortuna. Más distante cuando la abuela lleva a las niñas a tomar una limonada, que es el paso definitivo para ponerlas en el mercado del matrimonio, y mucho más próxima en las peticiones de mano. La directora no se recrea en ningún momento cuando la situación alcanza tintes dramáticos exagerados, como los abusos por parte de Erol a una de sus sobrinas, o las palizas que puedan llevarse las chicas. A cambio, se solaza con hábitos que en pleno siglo XXI parecen más anacrónicos y conllevan menos tensión, como la conservación de la virginidad de las féminas y las circunstancias kafkianas que a veces conlleva esa circunstancia.

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From → Cine

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