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Mayo de 1940 (En mai, fais ce qu’il te plaît) (***)

6 mayo 2016

Millones de personas se pusieron en marcha en Francia tras el comienzo de la invasión alemana en mayo de 1940. Entre ellos, un disidente alemán que escapó del nazismo junto a su hijo para refugiarse en una pequeña localidad al norte del país del vecino. Una historia de ficción basada en hechos reales.

Se juntan un alemán, un francés y un escocés. No es el comienzo de un chiste. Se trata, más bien, de algunos de los protagonistas de una historia desgarradora que recuerda a varios millones de personas desplazadas al comienzo de la invasión alemana en Francia a comienzos de la primavera de 1940. En otros países se produjeron casos similares. Por ejemplo, en España tuvimos la desbandá en Málaga durante la Guerra Civil, pero lo acontecido en la parte Norte de Francia supuso el mayor número de personas que dejaron atrás sus hogares a lo largo del siglo XX.

Comencemos por el alemán. Hans –August Diehl- es un disidente del nazismo que tiene que huir junto a su hijo Max –Joshio Marlon- cuando la Gestapo se presenta en su domicilio. Un año después lo encontramos en una pequeña localidad agrícola de Pas-de-Calais como empleado de Paul –Olivier Gourmet-, el alcalde del pueblo. Las amenazas de un posible conflicto bélico se repiten desde meses atrás y, aparentemente, no se toman en consideración. Por eso, cuando Alemania declara la guerra a Francia y comienza la invasión, Hans es detenido y llevado a la prisión de Arras, de donde se escapará durante los primeros bombardeos.

Mientras, su hijo es protegido por la maestra Suzanne –Alice Isaaz-, quien se pone en camino hacia el sur con casi la totalidad de los habitantes del pueblo, dirigidos por su alcalde, quien asume todas las responsabilidades excepto las de la convivencia social, que recaen en su esposa Mado –Mathilde Seigner-, quien regentaba la cantina. Mientras, un escocés, Percy –Matthew Rhys-, un oficial del Ejército de Su Majestad, y un francés, Albert –Laurent Guerra-, poseedor de una envidiable bodega que no quiere dejar a los alemanes, se unen a Hans. Éste quiere encontrar a su hijo; sus compañeros, sobrevivir.

Christian Carion, un cineasta aplicado a la hora de presentar productos comerciales sin huir de la calidad, ha dedicado este film a su madre, protagonista en su día del éxodo que ahora traslada a la pantalla y que viene a ser algo así como una versión edulcorada a caballo de El pianista y El imperio del sol, en cuanto que nos muestra a un superviviente entre las muchas adversidades y un niño que pierde a sus padres y ha de acostumbrarse a vivir como un adulto, aviones al margen. De todas formas, la complacencia del director no evita la crudeza de la historia. Las dificultades para contarla eran muchas, pero sale adelante gracias a una buena recreación de la época, una notable inyección económica, que implica las escuadrillas de aviones o los tanques aplastando un campo de cultivo a izquierda y derecha de la caravana de exiliados y, sobre todo, una monumental partitura, a cargo de Ennio Morricone, que se convierte en un personaje más.

Hans podría haber sido un personaje para el recuerdo. Habla a la perfección alemán, francés e inglés, lo que le permite salir airoso de situaciones límite, pero no llega a transmitir lo mismo que el republicano alcalde, bonachón en sus creencias y con ciertos rasgos autoritarios. Carion se centra, dentro de una película coral, en la línea marcada por el padre y su hijo, dejando sin explorar  historias colaterales. Por ejemplo, los desacuerdos entre Paul y su convecino Roger –Jacques Bonaffé-. Tampoco resultan especialmente creíbles las secuencias de bombardeos. Se aprecia su deseo porque los monumentos más representativos no queden afectados lo más mínimo.

Hay logros y débitos, como por ejemplo la radiografía del cineasta propagandístico alemán. Arriflex –Thomas Schmauser- se afana en rodar imágenes que certifiquen la victoria germana y la rendición del pueblo francés, pero lo hace de forma burlesca o llevada al límite. A cambio, muestra los horrores de una guerra y la internacionalidad del conflicto que sirve como escenario. No sólo emergen europeos, sino también argelinos o ciudadanos procedentes de otros países africanos antaño sometidos al yugo galo. Así, entre anécdotas y retratos fieles de la contienda, se llega a un final dibujado de antemano haciéndonos pasar dos horas entretenidas, de buen espectáculo y aceptable cinematografía.

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From → Cine

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