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La bruja (The Witch) (***)

11 mayo 2016

10En el siglo XVII, una familia puritana de emigrantes es expulsada de una plantación y se asientan en un terreno donde levantan su propia granja. En el bosque próximo parece habitar una bruja y los acontecimientos trágicos se desatan en torno a una familia compuesta por el matrimonio y cinco hijos, dos de ellos gemelos.3010

Con sólo un cortometraje a sus espaldas, el joven cineasta Robert Eggers se alzó con el premio al mejor director en el Festival de Sundance. Su propuesta es una producción independiente de terror, donde el miedo no surge por planteamientos truculentos, una música adecuada o un argumento convencional en la que se solapan el más allá y el mundo real. Lejos de ello, el temor aparece en cualquier fotograma de una puesta en escena tan sencilla como admirable. Aunque el guion sea más críptico de lo mostrado por las imágenes, y exija a los actores mayor esfuerzo del esperado, la historia se convierte en tragedia a la vez que juega con paralelismos y metáforas que son más acertadas en la forma que en el fondo.

Hay que entender cuando y donde se desarrolla la acción. Tiene lugar en Nueva Inglaterra durante el siglo XVII, una región al norte de la ciudad de Nueva York que agrupa a seis estados y donde se instalaron los denominados Padres Peregrinos procedentes de Gran Bretaña. La religiosidad imperaba en el ambiente, pero el territorio fue también pródigo en historias sobrenaturales. Baste mencionar a Salem, situada a unos veinticinco kilómetros de Boston y recordar que es la zona en la que Howard Phillips Lovecraft situó sus relatos.

En ese contexto, la familia de William –Ralph Ineson- es expulsada de una plantación debido a un delito de orgullo. Se instala con los suyos en una zona donde piensa en montar su propia granja junto a su esposa Katherine –Kate Dickie-, y sus hijos Thomasin –Anya Taylor-Joy-, Caleb –Harvey Scrimshaw- y los gemelos Mercy –Elle Grainger- y Jonas –Lucas Dawson-. A la familia se incorpora un nuevo elemento, Samuel, un bebé que desaparece cuando Thomasin paseaba con él.

Es el primer paso de la tragedia. Lógicamente, echan la culpa a la chica. Máxime, cuando se adentra en el bosque con Caleb y éste se pierde mientras ella queda inconsciente. Todo indica que en la foresta próxima hay una bruja. El espectador lo sabe, puesto que utilizó la sangre y las vísceras del bebé para untarse todo el cuerpo. Sin embargo, la familia duda y siguen arrojando todo tipo de culpas sobre la primogénita. También los gemelos, aunque el resentimiento es mutuo y Thomasin les culpa a ellos, capaces de hablar con una cabra Philip El Negro, que ella entiende como representación del diablo.

Si no existiera la harpía, encarnada por Betsabé Garnett, la historia hubiera tenido igualmente una fuerza poderosa y, contada a través del crisol de Eggers, con el suficiente poder cautivador. No se podía hablar de una tragedia shakesperiana, ya que los personajes son mínimos y el relato es más intimista que ampuloso. Lo que sí resulta efectivo es la forma en que se precipitan los acontecimientos hasta un punto de no retorno en el que las cosechas se pierden y los animales aparecen muertos.

El padre de familia está dispuesto a perderlo todo y regresar a la plantación, pero los males que afectan a la familia no permitirán que se cumplan sus planes. Todos creyentes, profundamente religiosos, no cesan en elevar sus oraciones. Probablemente, si hubieran recapacitado al ver que los gemelos habían olvidado el Padrenuestro, podrían haber hecho un frente común ante lo inevitable. Quizá, entonces, se nos hubiera privado de un gran debut cinematográfico y de haber descubierto un director que, a tenor de esta propuesta, adivinamos muy positivo y original.

Hay reminiscencias del Haneke de La cinta blanca, y supera con creces a El bosque que Shyamalan no terminó de dar el toque correcto. Cuando concluye el relato, sus imágenes siguen dando golpes en tu cerebro, dejando en evidencia a El proyecto de la bruja de Blair, por cuanto aquí hay un sentido estético y mucho más formal que el de situar la cámara al hombro y rodar en primera persona. Eggers domina el medio como si fuese un veterano. Su narración es sorprendente, e incluso diríamos que magnífica.

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From → Cine

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