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Espías desde el cielo (Eye in the Sky) (****)

12 mayo 2016

Una oficial de inteligencia británica lidera una operación multinacional para apresar a tres de los cinco terroristas más buscados de África. En principio, por tratarse de ciudadanos occidentales, la intención es capturarlos, pero al advertir que están a punto de cometer un atentado suicida, determinan eliminarlos en pleno núcleo urbano.

El año 2014 se presentó Good Kill en la sección oficial del Festival de Venecia. Un atribulado Ethan Hawke representaba a un cabeza de familia que se cuestionaba la moralidad de su trabajo en el Ejército como piloto de drones desde los que disparaba a objetivos terroristas pero que también llevaban el horror a decenas de familias inocentes. Son las consecuencias de la guerra moderna, y algo parecido, aunque mucho más intenso, nos propone el australiano Gavin Hood, que, desde que ganara el Oscar al mejor film de habla no inglesa por Tsotsi, no ha descuidado la calidad a pesar de la comercialidad de sus films, como X-Men orígenes: Lobezno.

Envuelto en un thriller tenso, en el que si pudiéramos adelantaríamos el tiempo para ver el desenlace, nos plantea conflictos morales y personales por medio de una historia directa, en ocasiones sarcástica y en otras emotiva, pero siempre con un ritmo acertado que rubrica un nuevo estilo en el cine bélico. Simplemente, se adecúa a la realidad, en la que los aviones no tripulados y los puntos de vista de políticos y militares deciden el curso de los conflictos.

La coronel británica Katherine Powell –Helen Mirren- dirige desde Northwood una misión conjunta entre las autoridades keniatas y fuerzas occidentales para capturar a Susan Helen Danford, una muchacha inglesa radicalizada que forma parte de  los terroristas más sanguinarios de Al-Shabaab, organización responsable de diversas matanzas. La presencia de tres ciudadanos occidentales en el comando obliga a que la operación sea de captura, nunca de eliminación. Sólo cuando tienen la certeza de que se va a producir un atentado inminente con bombas humanas, los aliados optan por el recurso más drástico.

La acción se desarrolla en varios frentes. Naturalmente, en Nairobi, donde un miembro del servicio secreto, Jama Farah –Barkhad Abdi- controla un dron en miniatura, con forma de escarabajo, que introduce en la casa donde se han reunido los terroristas. Mientras tanto, cerca de Las Vegas, el propio director, caracterizado como el teniente coronel Ed Walsh, tiene a su cargo a las dos personas encargadas de mover los drones por el espacio aéreo y disparar los misiles: Steve Watts –Aaron Paul- y Carrie Gershon –Phoebe Fox-.

Paralelamente, en otro edificio de Londres, el general Frank Benson –Alan Rickman en uno de sus dos últimos papeles antes de fallecer- se coordina con los políticos, que incluyen a diversos altos cargos, incluido un ministro, y asesores legales. Estos últimos –Richard McCabe, Jeremy Northam y Monica Dolan-, aceptan el lanzamiento de un misil sobre la casa en que están reunidos los terroristas cuando consideran que no se puede intervenir por tierra y que están colocando los chalecos-bomba a dos activistas. Sin embargo, un nuevo elemento perturba la decisión. Se trata de la presencia de Alia –Aisha Takow-, una niña que vende el pan que fabrica su madre Fatima –Faisa Hassan-, esposa de Musa –Armaan Haggio-, un hombre que repara bicicletas y cuya casa es contigua al objetivo. Entonces se reclama la consideración del titular de Asuntos Exteriores británico–Iain Glen- y de otros altos cargos estadounidenses.

La posibilidad de daños colaterales aterra a los políticos. Aunque el frío y experimentado general Brenson, más preocupado por acertar en la compra de una muñeca para su nieta que por otra acción en su brillante carrera militar, confirme que la muerte de una niña puede salvar a decenas como ella. A los civiles parecen preocuparles más que se puedan difundir por Internet las imágenes de una nativa cuyas posibilidades de supervivencia en el ataque no llegarían al 35 por ciento, según los cálculos del sargento Mushtaq Saddiq –Babou Ceesay-.

Es difícil despegarse de la butaca ante las imágenes de una cinta que nos obliga a reflexionar sobre la guerra moderna, que nos pide opinión aunque los mentores del film no se decanten. Los objetivos pueden ser perfectamente identificables y los bombardeos selectivos, pero nunca se pueden calibrar con exactitud los daños colaterales. Todo funciona con precisión salvo el final y el hecho de que los dos únicos militares que se plantean la intervención, y que provienen del mundo civil, son los responsables de los aviones no tripulados. En cuanto al desenlace, se ha optado por el dramatismo fácil por cuanto, con el aire de documental de esta producción, era suficiente cuando Brenson le dice a la política más crítica con la operación que nunca le diga a un militar que desconoce el precio de la guerra.

From → Cine

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