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Respeto, libertad de expresión e intransigencia

22 mayo 2016

Prohibido prohibir fue el lema principal del Mayo del 68 en las calles parisinas. También el título de un libro de Esperanza Aguirre. Las buenas ideas terminan siendo de todos. ¿Por qué, entonces, se aceptan las esteladas de Cataluña en un partido de fútbol y, a cambio, se silba el Himno Nacional?

Los altos organismos internacionales de fútbol han lanzado en estos últimos años un mensaje claro en favor del respeto y en contra del racismo. De la misma forma en que no se debe rechazar a nadie por el color de su piel, tampoco se debiera hacer en relación a sus creencias, su lugar de procedencia o sus símbolos. Fuera de una capilla se puede reivindicar lo que se quiera; dentro, no.

Hubo una época en que resultaba muy peligroso ir al Festival de San Sebastián con un automóvil matriculado en Madrid, y mucho peor todavía si era un modelo de algún fabricante francés. Las posibilidades de que terminaras con el vehículo quemado en plena calle resultaban muy elevadas. Mientras, en Cataluña se tejía otro tejido no menos tenebroso. Llegué a ser considerado ciudadano non grato en el Camp Nou porque Josep Lluis Núñez había declarado en directo los micrófonos de Radio España, en medio de una entrevista con motivo de la visita del conjunto azulgrana al Vicente Calderón, que nadie que no fuera socio del Fútbol Club Barcelona tendría trabajo en Cataluña.

Aquel fin de semana comenzaba como corresponsal de Catalunya Express, diario en el que también fue publicada la entrevista, al igual que en Informaciones, rotativo del que formaba parte de su plantilla. La libertad de expresión permitió, en aquel momento, decir a Núñez lo que le diera la gana; pero no tuvo respeto por los aficionados ni por los catalanes, al tiempo que fue intransigente conmigo. Solamente publiqué lo que él me dijo, convenientemente grabado en la citada emisora.

La UEFA y la FIFA no permiten banderas ajenas al deporte en los partidos organizados por cualquiera de esas dos instituciones, y castigan duramente que se silbe cualquier himno nacional. Las esteladas, ahora mismo no son oficiales, pero hay jueces que se manifiestan a favor de que entren en los estadios. ¿Y la bandera republicana…? ¿Y la del águila…? Luego, se pita el Himno Nacional y al Rey. Es como si yo invito a mi casa a alguien sabiendo que me va a insultar, a romperme los muebles, o a zarandearme y pegarme. Violencia de género en su estado más puro.

El Fútbol Club Barcelona juega la Copa del Rey porque quiere ganar títulos, no porque la sienta. Cabe recordar que es la misma competición que un día se llamó Copa del Generalísimo, pero también Copa de España. El desdén al Himno Nacional y al Rey es intransigencia, no libertad de expresión, y el respeto brilla por su ausencia. ¿Por qué no se aplica al reglamento de una vez y se suspende o se expulsa a aquellos equipos que no demuestren el debido respeto, que sean intransigentes y obvien la libertad de expresión. Esta temporada la Copa del Rey se vivió con pasión y se disfrutó a pesar de la ausencia del Real Madrid a las primeras de cambio a causa de una decisión en los despachos. Eso demuestra que la competición es lo suficientemente importante en sí misma como para poder prescindir de cualquiera.

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