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Warcraft: El origen (Warcraft: The Beginning) (**)

7 junio 2016

La adaptación del videojuego del mismo título nos presenta en esta primera propuesta a unos orcos guerreros que, tras abrirse el portal que conecta dos mundos,  están dispuestos a invadir el pacífico Azeroth. Dos héroes parecen dispuestos a dirimir una contienda que cambiará el destino de sus pueblos.

El videojuego de rol  -RPG- más popular de la historia a través de multijugadores online ha visto arrancar su saga cinematográfica. Partiendo de la historia creada por Chris Metzen, el británico Duncan Jones, Hijo del recientemente fallecido David Bowie y director de Moon y Código fuente, se ha tomado muy en serio su trabajo. Probablemente, se ha dejado llevar por un masivo aluvión de efectos especiales, pero se nota que es una película hecha con el corazón, aunque su resultado puede echar por tierra las aspiraciones de unos y convencer a otros gracias a un aspecto épico que la entronca con otras apuestas similares. Muy por debajo de El señor de los anillos, porque la sombra de JRR Tolkien y Peter Jackson es muy alargada, aunque habrá que esperar a nuevos capítulos para extraer más conclusiones. De momento, nos deja un poco fríos.

Mientras los fans de los ordenadores tendrán que esperar a septiembre para poder disfrutar de la nueva expansión de World of Warcraft, la película ofrece la adaptación de los sucesos acaecidos en la Primera Guerra, y por ello nos muestra dos mundos, el de los orcos y el de los humanos. Cada uno con sus personajes principales y secundarios. Es, precisamente, desde el momento en que tiene lugar la conjunción de ambos universos cuando la mayoría de personajes se desfiguran como si estuvieran construidos con cenizas. Hasta entonces, encontrábamos a orcos buenos, malos y regulares. Lo mismo que los humanos. Ahora, no hay espacio para todos.

Por parte de los humanos encontramos a Llane Wrynn –Dominic Cooper-, rey de Stormwind, y a Anduin Lothar –Travis Fimmel-, comandante supremo de su ejército. Por los orcos, procedentes de Draenor, hay que reseñar a Durotan –Tobby Kebell-, líder del clan Frostwolf, y su mejor amigo, Orgrim Doonhammer –Robert Kazinsky-, jefe de la guerra de la Horda. Cuando tiene lugar la invasión de Azeroth era Blackhand –Clancy Brown- el líder de sus huestes. El hechicero humano Medivh –Ben Foster- y el brujo orco Gul’dan –Daniel Wu- fueron los creadores del portal dimensional que conectó ambos planetas. No todos los orcos estaban por la labor del ataque. Incluso, hubo quien se colocó del lado humano, como la semi orca Garona –Paula Patton-.

Con un documental y un film de animación como precedentes, el clásico videojuego de Blizzard, que lleva más de veinte años expandiéndose, ha encontrado en Duncan Jones un auténtico forofo para su primera entrega de ficción con personajes reales. Se nota su pasión por el original informático. Tanto, que bien podría hablarse de una fidelidad rabiosa. Se pueden hacer varias salvedades, como Kharazhan, que troca su forma de torreón medieval por una construcción futurista. Están bien ensamblados todos los referentes, y las reminiscencias a la mitología nórdica de la propuesta multijugador se mantienen.

Por el contrario, como película se ha pretendido orquestar una fábula épica, de la que no es ajena el compositor Ramin Djawadi, y en este aspecto cuando se notan todas las costuras. Cinematográficamente, la película es más endeble. Visualmente, aporta muy poco, y los efectos especiales, a cargo de la reputada Light & Magic tampoco resultan especialmente novedosos. Lo que mantiene es un buen ritmo, al que ha ayudado, sin duda, Paul Hirsch, el montador de El Imperio contraataca, entre otras delicatesen.

Por eso hay que distinguir en esta película, que ha costado nada menos que 160 millones de dólares, si el público es fan de la saga o se acerca a ella por primera vez o desde la distancia. En el primer caso, podrán entretenerse con la recreación de unos escenarios y unos personajes que reconocerá sin esfuerzo. Los demás, ya pueden armarse de una buena ración de palomitas. Como Blockbuster cumple a medias su con cometido. Mucho más ágil que El Hobbit, por ejemplo, pero con una belleza exterior grandilocuente a la que falta alma. Tanto, que para algunos puede resultar aburrida y otros echar en falta bastante más de vida interior.

From → Cine

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