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Dos buenos tipos (The Nice Guys) (****)

10 junio 2016

Un detective privado y un matón a sueldo se ven obligados a unir sus fuerzas para desentrañar un caso de corrupción que afecta a las más altas esferas. La hija del primero, una chiquilla de trece años, servirá de catalizador entre ambos en un caso que arranca con la muerte de una famosa actriz porno.

Podíamos esperar una película de acción más. En principio, la propuesta no resultaba nada original, y la presencia en el reparto de Russell Crowe y Ryan Gosling, dos actores bastante contenidos, en especial el segundo, auguraba tiros, tensión y una intriga más o menos bien hilvanada por Shane Black, responsable de Iron Man 3 y Kiss Kiss Bang Bang. Sin embargo, la buena acogida en Cannes, donde participó fuera de concurso en la sección oficial, y la respuesta de público y crítica en Estados Unidos despertaban, cuando menos, cierto interés.

Efectivamente, se trata de una historia convencional donde la aportación novedosa de su argumento es poner en el punto de mira a los fabricantes de automóviles de Detroit. En cinco años serán mayoría los coches eléctricos japoneses, llega a decir el ex policía convertido en detective privado Holland March –Gosling- a su compañero de fatigas, el matón a sueldo Jackson Healy –Crowe-. A cambio, la cinta destila humor, situaciones inesperadas, una buena conducción fílmica gracias a un guion en la que los personajes evolucionan mucho más y mejor que en la casi totalidad de las producciones del género y, sobre todo, una complicidad entre los dos protagonistas, que les permite llega a la cima de la química interpretativa.

Se aprecia una apuesta clara por divertirse con la propuesta. Roza la caricatura, pero se salva siempre. Remite a otras producciones, pero se eleva por su propia originalidad gracias a situaciones impensables y a diálogos inteligentes construidos con esmero. Arranca con una secuencia esmerada, aunque la música inicial nos recuerda a Isaac Hayes y su Shaft. No en vano, estamos en Los Ángeles durante 1977. Un niño saca debajo de la cama de sus padres una revista subida de tono de la que emerge un póster de la actriz porno Misty Mountains –Murielle Telio-. Mientras lo observa, un auto cruza de lado a lado de su casa, llevándose las paredes por delante. Conducía la starlette, cuyo cuerpo aparece desnudo. El muchacho se quita su jersey y tapa las partes pudendas del cadáver.

Ese hecho, y la búsqueda de Amelia Kuttner –Margaret Qualley- por parte de Holland, desencadenan la acción. Cuando Jackson intenta que el anterior desista de su empeño, ambos se verán envueltos en una trama que pondrá su vida en serio peligro, como también a Holly March –Angourie Rice-, la hija de Holland. A sus tres años demuestra más sentido común que su padre y ejercerá de hilo conductor entre ambos protagonistas. Se podría hablar de ciertas reminiscencias de Kick-Ass, pero en nada tiene que ver la participación de la joven con el personaje de Chloë Grace Moretz. Hay tanta distancia entre ellas como entre los polis de Arma letal y los dos personajes centrales de este film.

Incluso, algunos pueden observar en el horizonte un cierto guiño a L.A. Confidential, especialmente por la presencia en el reparto de Kim Basinger, que tiene a Tally –Yaya Dacosta- como su mano derecha. Cualquier parecido con algún antecedente que queramos buscar queda diluido por una mayoría de secuencias divertidas y bien pergeñadas técnicamente, aun con una cierta laguna cuando la cinta ha consumido su primera hora de proyección. Hasta los matones resultan divertidos. La pareja formada por John Boy –Matt Bomer-, extraído directamente de la serie televisiva Los Walton, y Older Guy –Keith David-, ofrecen un contrapunto espléndido del dúo protagonista.

En ese ambiente de entretenimiento y diversión, donde se caricaturiza con respecto a muchos precedentes, destacan Crowe y Gosling, que parecen reírse de sí mismos, y especialmente de los personajes que les ha tocado encarnar en el celuloide. Principalmente el segundo, con unos registros hasta ahora impensables que le consagran como actor. Después de su marcado hieratismo en filmes como Drive o Solo Dios perdona mantiene la línea ascendente demostrada en La gran apuesta. Es lo mejor de una producción que abusa de tiroteos y eleva a una cifra demasiado alta el número de muertes, aunque en este caso también juega a su favor la ironía y la imaginación para sorprender al público.

From → Cine

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