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Entre amigos (Entre amis) (*)

19 junio 2016

Tres varones mantienen su amistad después de medio siglo. Como cada año, se van juntos de vacaciones y esta vez ha tocado un viaje en yate hasta Córcega. Las tres parejas pondrán a prueba la cohesión de los maridos cuando salen a la luz ciertas tensiones y problemas de cada una de ellas.

Pocas cinematografías como la francesa para relatar historias corales referidas a tres o más matrimonios que se unen regularmente para disfrutar de sus vacaciones. Este es el último ejemplo llegado del país vecino y del que es responsable Olivier Baroux, cuya película más popular por nuestros lares es Quierso ser italiano. Ahora, apuesta por tres matrimonios cuyos varones, en el umbral de la jubilación, son amigos desde hace cincuenta años.

Richard –Daniel Auteil- es el más gracioso y, aparentemente, el más acaudalado. Ha contratado un yate para que los seis protagonistas viajen hasta Córcega con la ayuda del responsable del navío, Battistou –Jean-Philippe Ricci- y su compañera y chica para todo, Cathalina –Justine Breneau de La Salle-, quien no solo prepara suculentas viandas sino que también ayuda en las tareas propias de la navegación.

Junto al organizador del viaje figuran Gilles –Gérard Jugnot- y Carol –Isabelle Gélinas-, así como Philippe –François Berleand- y Astris –Zabou Breitman-. El primer roce se produce cuando llega despampanante la nueva pareja de Richard. Se trata de Daphnée –Mélanie Dotey-, cuya presencia desagrada especialmente a Astrid. Desde ese momento, se produce una serie de desencuentros que llegan a poner en duda no sólo la cohesión forjada gracias a la amistad, sino también la culminación del viaje.

La propuesta no es original ni en la sinopsis ni en su desarrollo. Quiere ser una comedia, pero los chistes son muy fáciles. Hasta previsibles. Las relaciones de pareja pasan del sobeteo casi continuo de Richard y su pareja hasta la desesperante actitud de Astrid. Para colmo, tampoco funciona la relación entre los tres amigos, que es la piedra angular de la historia. Con tres actores realmente carismáticos, y que han acreditado su buen hacer en otros filmes, sorprende que vayan cada uno por su lado. No hay química entre ellos, probablemente más por defecto del guion que por su propio trabajo. Finalmente, su aportación se reduce más a una faena de aliño que a una entrega sin condiciones.

Las situaciones que pretenden ser graciosas no van más allá de los tópicos, desde la torpeza del actor principal con los sistemas de navegación hasta confundir un escualo con una aleta de buceo. No se profundiza en los personajes, ni en su trayectoria personal o profesional ni tampoco en las situaciones que describe el film. Más bien parece que Baroux apostó por una sucesión de gags inocuos que apenas sirven para pasar el rato. A cambio, su labor por la cámara está muy por encima del resto.

Describe bien las situaciones y se maneja con soltura, aunque en algunos planos nos vienen a la mente reminiscencias de filmes punteros, incluidos Tiburón o La vida de Pi. En los espacios abiertos se muestra generoso, aunque echamos en falta alguna situación en tierra firme que hubiera exigido algo más a Régis Blondeau, su director de fotografía. El conjunto es intrascendente.  Mucho mar y, a pesar de ello, se encuentra en la antítesis de la claustrofobia. Ese es un punto a favor.

From → Cine

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