Skip to content

The Program (**)

23 junio 2016

Biopic acerca del ascenso y caída del norteamericano Lance Armstrong. El tejano, después de superar un cáncer a los veintiún años, regresó a las carreteras convirtiéndose en el mejor ciclista de todos los tiempos. Sin embargo, sus éxitos estaban fundamentados en un programa de dopaje diseñado por el médico italiano Michele Ferrari.

Era un ciclista prometedor, pero Lance Armstrong no era un escalador fiable. Había ganado el campeonato del Mundo de fondo en carretera porque se aprovechó del marcaje sufrido por Miguel Indurain, pero un cáncer de testículos, con metástasis en el cerebro, le llevó al borde de la muerte. Recuperado, regresó al ciclismo y se alzó con siete victorias en el Tour de Francia. Su clásico molinete en los ascensos y su implacable sed de victorias le coronaron como el mejor ciclista de todos los tiempos. Había dudas. Unos, ponían en entredicho sus éxitos a causa de las posibles reacciones derivadas de su tratamiento; otros, dudaban de que su potencial fuera tan elevado. Finalmente, su compatriota y ex compañero Floyd Landis destapó la verdad de un programa centrado en el dopaje que encumbró al deportista de Austin, Texas.

Un director de prestigio como Stephen Frears se encargó de llevar a la pantalla la adaptación que John Hodge hizo sobre el relato escrito por el periodista David Walsh acerca de la caída de Lance Armstrong. Al mismo, se le añadieron otros pasajes históricos para adornar un biopic centrado únicamente en el ciclista texano, encarnado por un competente Ben Foster en el mejor trabajo de su carrera hasta el momento. Frears consiguió darle al guion un ritmo casi trepidante, que mantiene el interés de principio a fin, pero la cinta no penetra lo suficiente en la psicología de su personaje central y deja muchos flecos sueltos. Por eso, probablemente de haga corta auqnue los aficionados al ciclismo esgrimirán que ni un solo dato les resultará novedoso. Es más, sentirán que se han quedado en el tintero detalles significativos.

La ambición del texano queda clara desde el principio, cuando se arroja en brazos del galeno italiano Michele Ferrari –Guillaume Canet- con el objetivo no de ser el mejor sino de ganar carreras. El cáncer corta su ascensión, pero en el hospital confiesa a una doctora, en presencia de su compañero Frankie Andreu –Edward Hogg- y la esposa de éste, Betsy –Elaine Cassidy-, que se había administrado sustancias dopantes. Tras su curación contacta con el ex ciclista belga Johan Bruyneel –Denis Ménochet- para que dirija sus futuros éxitos, en los que su compatriota Floyd Landis –Jesse Plemons- tuvo mucho que ver.

Nadie se atrevía a elevar la voz contra los éxitos de Armstrong. Ni siquiera la Unión Ciclista Internacional aunque pudiera tener evidencias. Después del Caso Festina, en el que se interceptaron decenas de dosis de EPO, que terminó con la escuadra francesa defenestrada, y con Tyler Hamilton y Richard Virenque como grandes damnificados, nadie pretendía dar un golpe definitivo a un deporte que arrastra multitudes. Solamente el periodista David Walsh –Chris O’Dowd- se atrevía con diversas insinuaciones en las páginas del Sunday Times, aunque sin contar con el respaldo de sus superiores.

El estilo para narrar esta historia es el de falso documental. Su apuesta se evidencia desde el principio con imágenes de figuras como Eddie Merckx, Jacques Anquetil, Raymond Poulidor o Fausto Coppi. Luego, los acontecimientos se narran con relación a las fechas y se muestran las distintas formas en que Armstrong y su equipo del US Postal, con el beneplácito de Bruyneel y la dirección del doctor Ferrari, llevaban a cabo sus trampas. Ben Foster da el tipo, y tanto él como el resto se aproximan a la fisonomía real del carácter que interpretan. Sin embargo, quedan puntos oscuros por resolver que los aficionados al deporte conocen. Por ejemplo, que Floyd Landis termina confesando por afecto a su religión mormona, o que el propio Armstrong negaba la mayor cuando las pruebas eran convincentes. Somos autores de nuestra propia vida, dice el protagonista, que termina creyéndose sus propias mentiras.

Hay recuerdos para la Fundación creada por el ciclista y también destalles reales que ilustran su cara humanitaria. A cambio, se echan en falta alusiones y nombres de especialistas españoles que tuvieron mucho que ver con esta historia. No vale con que se muestre al inicio la célebre caída de Armstrong y Joseba Beloki el año en que el vasco estaba a punto de ganarle el Tour. Cabe recordar que Álvaro Pino era el director del Phonak cuando otro norteamericano, Tyler Hamilton, fue cazado por dopaje. El propio Landis ocupó su puesto como jefe de filas, siendo posteriormente descalificado por usar testosterona sintética, lo que aupó a otro español, Óscar Pereiro, a lo más alto del podio de París.

No se menciona ni se ven imágenes retrospectivas de Miguel Indurain y, para colmo, Alberto Contador habla en español pero está interpretado por un francés, Lucien Guignard, por lo que resulta extraño escuchar al madrileño con un acento tan irregular. Cono se narra en el film, Contador ganó el Tour que significaba el regreso de Armstrong a la competición. Ambos compartían equipo pero el texano para su desilusión, solo pudo ser tercero. El tema final, Everybody know, de Leonard Cohen es mucho más ilustrativo que la mayoría de secuencias. Especialmente, en las que aparece Bob Hamman –Dustin Hoffman-, personaje más esbozado que definido, como casi la totalidad del conjunto.

Anuncios

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: