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Independence Day (*)

2 julio 2016

Han pasado veinte años desde la fallida invasión alienígena. Ahora, nuestro planeta está mejor preparado gracias a la tecnología aprendida de las naves derrotadas. Cabe preguntarse si será suficiente como para poder repeler una nueva incursión, ya que los extraterrestres también se han reforzado en ese tiempo tanto en ataque como en defensa.

No resulta fácil hablar sobre una película que antes de entrar en la sala de exhibición ya te imaginas a ciencia cierta cómo puede ser. Sabes que llegarán los alienígenas con sus potentes naves espaciales y hasta que atacarán el 4 de julio, que para eso es la fecha en que Estados Unidos celebra su independencia. Lo único que falta por saber es la hora del ataque, aunque dado que hay varias sesiones, cada uno puede escoger la que quiera.

Cuando uno se enfrenta con un remake cuatro lustros después, como le ha sucedido a Roland Emmerich con esta cinta prácticamente de encargo por parte de la Fox, tienes dos opciones: una enmienda a la totalidad en sus personajes, pero siguiendo al pie de la letra los parámetros del original; o aceptar que el paso del tiempo se deje notar. En este caso, se ha optado por la segunda, así que se recuperan personajes, salvo en el caso de Steven Hiller, encarnado por Will Smith, que se negó a tomar parte en esta secuela y ha dejado paso a su orgulloso hijastro, DylanDubrow-Hiller -Jessie Usher, convertido en piloto y capitán de la EDS, o espacio de defensa creado por las Naciones Unidas.

Otra de las cosas que también sabemos antes de entrar en la sala es que se procederá a la destrucción por parte de las fuerzas invasoras de todos los edificios más reconocibles del orbe. No sabemos ni cómo ni cuándo fueron reconstruidos, pero el cine de catástrofes es así, y sobre todo Roland Emmerich, que va directo al corazón de los monumentos más representativos. Nos las prometíamos muy felices los terrícolas con eso de que habíamos rechazado la invasión del siglo pasado y, además, gracias a la tecnología de las naves alienígenas, conseguimos dar un importante paso adelante en lo que a distintas materias científicas se refiere. Ahora nos sentimos más seguros, pero tal vez no sea suficiente.

Y tanto, porque para celebrar el 4 de julio, fecha de la Independencia norteamericana y del rechazo a los invasores intergalácticos, los distintos Gobiernos de nuestro globo no escamotearon esfuerzos. Por supuesto, en medio de esa efemérides llega el ataque, y lo más novedoso es una imponente nave espacial, al estilo de la de Distrito 9, o incluso más. En ese momento cobran más protagonismo todavía los personajes derivados de la primera entrega, que en su momento se convirtió en la más taquillera de la historia del cine, aunque ese puesto de honor le duró poco tiempo.

Para reverdecer viejos laureles, se contó con David Levinson –Jeff Glodblum-, el científico del MIT al que nunca se le hace el suficiente caso; Thomas J. Whitmore –Bill Pullman-, el mortificado ex presidente número 42 de los Estados Unidos, cuya hija Patricia –Maika Monroe- trabaja para Elizabethn Lanford –Sela Ward-, primera mandataria en la historia del país. También el descuidado científico Brakish Okun –Brent Spiner-, que ha permanecido en coma durante las dos últimas décadas. Junto a ellos, nuevas apariciones, destacando la presencia Charlotte Gainsbourg y de Liam Hemsworth como Jake Morrison, un muchacho que perdió a sus padres en la primera invasión y que, tras criarse en un orfanato, se ha convertido en uno de los mejores pilotos de combate.

Al final, y como era previsible, nos encontramos con una película de destrucción masiva. Poco importan nuestros avances tras los estudios de las naves capturadas en la invasión anterior, y de que tengamos bases en la Luna, Marte y Rea que, junto con el Área 51 supongan los pilares fundamentales de nuestra defensa espacial. La alarma enviada hace veinte años por los perdedores fue recogida en los cofines galácticos para asegurar una nueva oleada más potente y amenazadora.

Gracias al ritmo y a la evidente mejora en los efectos especiales, las dos horas de duración se sobrellevan entre masacres y aniquilamientos. No busquemos profundidad en los personajes, aunque sí una matización importante. Si la entrega original brillaba por su sentido del humor, en este caso se deja notar más el dramatismo, es especial ante la pérdida de algunos roles importantes. Si lo que queremos es pasar el rato sin más preocupaciones, no malgastaremos ni el tiempo ni el dinero, aunque el cine como arte sea otra cosa muy distinta.

From → Cine

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