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La correspondencia (La corrispondenza) (**)

20 julio 2016

Una joven universitaria trabaja como doble de acción para dejar atrás un acto por el que se siente culpable. Un profesor de astrofísica le ayudará salvar ese obstáculo, pero cuando su amor está en la cima él se muere dejándose una serie de cartas, videos y correos electrónicos que a ella le proporcionan la ilusión de que sigue con vida.

Un hombre de edad y una joven muestran un amor apasionado. Se trata del profesor de astrofísica Edward Ed Phoerum –Jeremy Irons- y de la joven estudiante Amy Ryan –Olga Kurylenko-, que también ejerce como doble de acción en secuencias realmente arriesgadas. Él se marcha dejando el interrogante de que ella puede ocultarle algo. Va a pronunciar una serie de conferencias y ella recibe comunicaciones telefónicas intermitentes. Cuando acude a un acto académico se entera que Ed ha muerto unos días antes. Sin embargo, sigue recibiendo correos, vídeos y cartas de forma puntual.

Así arranca la última película de Giuseppe Tornatore, el feliz creador de Cinema Paradiso -1988-, aunque desde entonces no ha podido ni siquiera acercarse a su calidad fílmica ni a su entrañable propuesta. El cineasta de Bagheria ha recurrido nuevamente a dos actores internacionales para su última creación, que cuenta nuevamente con el respaldo musical de Ennio Morricone. El maestro, una vez más, vuelve a destacarse con su inspiración.

La relación de los amantes se presume en el cénit. Ella, a quien el profesor apoda Kamikaze, no deja de recibir evidencias de que su gran amor parece seguir con vida. Él, a quien la estudiante llama Hechicero, ha tejido en vida toda una serie de canales que ella puede cortar en cualquier momento con escribir una clave. Cuando lo hace, cesa la comunicación, pero ella se arrepiente de la decisión tomada.

Con ritmo lento, y a caballo entre la intriga y la tragedia, Amy  descubre que Ed conocía su secreto. No es otro que centrarse en un trabajo en el que se juega la vida a raíz de la muerte de su padre. Era ella quien conducía, pero pudo zafarse a tiempo antes de que el vehículo se despeñara. Un sentimiento de culpa que se pone en evidencia y afecta a la relación con su madre. Por medio del fiduciario de Ed, la muchacha sabe que existe un conducto al que no puede acceder por el que le llegan los videos por mensajero, y también las cartas y los mensajes electrónicos. No sabe, realmente lo que le ocultó el profesor y los motivos últimos de su muerte, aunque empieza a sospecharlos.

Busca respuestas, después comprensión. Probablemente tener misericordia consigo misma. Por ello intenta acercarse a la hija de Ed. Se acerca a su casa en Edimburgo, efectúa llamadas telefónicas sin poder hablar, hasta que finalmente llega el encuentro con Victoria –Shauna MacDonald. Las dos mujeres están condenadas a entenderse, mientras Amy pretende terminar la tesis doctoral en la que tenía como tutor a su amante. Él le dejó un amuleto, un anillo que perteneció a su padre y con el que ninguno había sido reprobado en un examen. Paralelamente, cada vez se acerca más a su madre –Irina Kara- y se siente más a disgusto en sus quehaceres como especialista. La presencia del comprensivo Jason –Simon Johns-, le ayuda a mitigar su sufrimiento.

A su lado, tiene lugar el único momento de distensión de un film intimista y cerrado. Fue la única confusión de Ed a la hora de pergeñar tres meses de contactos imposibles, y ella lo celebra a carcajadas en medio de una ambientación y una fotografía cuidada, que introduce imágenes próximas a lo onírico aprovechando los desplazamientos en avión y que desembocan en un plano final de ensoñación.

La cinta pierde paulatinamente su carácter de intriga para ahondar en el dramatismo, pero también en la esperanza. La utilización de las nuevas tecnologías alcanza un grado óptimo, pero la historia de enrosca sobre sí misma, llevándonos a una sobreexposición de las situaciones. Alargada en demasía deja de sorprender y se vuelve, incluso, previsible. Lo que no quita para se sostenga por el trabajo de sus dos intérpretes principales. En el original, la voz de Jeremy Irons resulta adecuada y cautivadora. Kurylenko se esfuerza en lo posible para mantener el ritmo dramático. No es una de las mejores obras de Tornatore. Su punto de partida es mucho más ingenioso y loable que el desarrollo posterior.

From → Cine

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