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Sunset Song (**)

21 julio 2016

Adaptación de una de las grandes novelas de la literatura escocesa, nos presenta a una mujer, Chris Guthrie, especialmente señalada por la mala suerte. Hija de un padre autoritario y de una madre conformista, lucha por ser ella misma hasta que se enamora de un joven que muy pronto será reclutado a filas tras el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Finalmente, ha llegado al cine la adaptación de una de las más famosas novelas escocesas. Su autor Lewis Grassic Gibbon, relata la vida de Chris Guthrie –Aygness Deyn- a lo largo de una década. Adelantada a su tiempo, sufre en la vida familiar y cuando parece haber encontrado junto a Ewan Tavendale –Kevin Guthrie- la estabilidad que buscaba, los albores de la Primera Guerra Mundial rompen su sueño. El cineasta Terence Davies, responsable de Voces distantes o The Depp Blue Sea, se ha encargado de la adaptación que perseguía desde hacía tiempo.

Escocia, sus paisajes, sus campos de cultivo, y sus gentes. Entre ellos, la familia Guthrie, compuesta por un padre autoritario –Peter Mullan-, de los de ordeno y mando. Capaz de lacerar a su hijo Will –Jack Greenlees- por utilizar su escopeta y de no dejar en paz a su mujer –Daniela Nardini-, que suma otros dos hijos y acabada de dar a luz un par de gemelos. Cuando sabe que está nuevamente embarazada, se envenena y acaba también con la vida de los pequeños.

Recogidos los pequeños por su tío Tam –Ron Donachie-, se quedan el progenitor y sus dos hijos mayores, pero Will no tarda en marcharse, teniendo como meta su posible viaje a Canadá. A la muerte de su padre, Chris se queda sola, pero demuestra tener suficientes arrestos para encargarse de los campos y la granja familiar, encontrando muy pronto el amor en la figura de Ewan. Desgraciadamente, el joven es llamado a filas y la estabilidad de la vida de su protagonista se quiebra de nuevo, quién sabe si definitivamente.

Lewis Grassic Gibson escribió la novela en 1832. Se trata de un texto evaluado muy positivamente en el que plantea a dos protagonistas adelantados a su tiempo. No obstante, la presencia de Ewan en el ejército modifica su comportamiento de manera radical, hasta el punto de que el lector, y ahora el espectador, se plantea si todos los hombres necesitan ser prácticamente cortados por el mismo patrón en cuanto a intolerantes y nada permisivos. De todas formas, el autor considera que la tierra es lo único que no pasa y que se eleva poderosamente sobre las personas y los acontecimientos.

Era lógico pensar que Terence Davies era uno de los cineastas más apropiados para adaptar esa historia al celuloide. En sus filmes anteriores ha demostrado que mueve la cámara con personalidad y estilo propio. También, que sabe desplazarse por cualquier escenario. Y se ha fijado en Terrence Malick en sus Días del cielo, pero ha también ha mirado de soslayo a los autores clásicos que, como John Ford, supieron extraer como nadie el espíritu de las tierras irlandesas o escocesas. Lástima que se haya quedado en la forma y no haya sabido llegar al fondo o capturar la esencia de sus maestros.

Apoyado en una fotografía admirable de Michael McDonough, la puesta en escena es formalmente bellísima. Los planos entre las mieses no tienen nada que envidiar a los de Néstor Almendros para Mallick, y los de interiores parecen extraídos de los grandes pintores holandeses de los siglos XVI o XVII. Michael Haneke podría haberlos utilizado para La cinta blanca. A cambio, Davies no se mueve con la soltura que nos tiene acostumbrados. Desde el punto de vista de director cinematográfico no ha arriesgado lo más mínimo. Su puesta en escena resulta tan formal que podría ilustrar un relato del clasicismo cinematográfico más ortodoxo.

Esperábamos que el director fuese una de las estrellas del film, pero a su adaptación le falta esfuerzo y tal vez un ápice de irreverencia. La epopeya, voz en off incluida, refrendada por la partitura de Gast Waltzing, se ve venir y el desarrollo dramático no se justifica con los largos y bellísimos planos. Es como observar una copia de Los girasoles de Ven Gogh a la que le falta el brillo genial del artista. Tampoco se ha acertado en el reparto. El personaje de Ewan merecía más consistencia. Agyness Deyn, actual modelos de Burberry y Armani, se entrega con pasión. La denominada Kate Moss no desluce, pero se hubiera necesitado una actriz con más experiencia y mayores méritos acumulados.

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From → Cine

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