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Ahora me ves 2 (Now You See Me 2) (*)

22 julio 2016

Poco más de un año después de despistar al FBI, Los Jinetes, ávidos de un público que aplauda y venere sus grandilocuentes números, vuelven a escena. Otra vez se enfrentarán con el magnate al que desplumaron en la primera entrega y, de nuevo, el afán de venganza será el denominador común de la aventura.

He aquí la típica película que deja más que satisfecho al espectador y a la que la crítica le da la espalda. Esta vez, como en muchos otros casos, ambos tienen razón. El público, porque pasará más de dos horas entretenido viendo como desfilan ante él incontables número de magia que harían las delicias desde el gran Houdini a Juan Tamariz, pasando por David Copperfield. La crítica. porque se presenta una historia prendida con alfileres, en la que todo se sublima en beneficio de un montaje sin descanso y una acción sin fin y porque, truquitos al margen, apenas presenta novedades.

Los personajes apenas difieren de la primera entrega, salvo por la aparición de Lula –Lizzy Caplan-, que toma el relevo de Henley Reeves, la novia de J. Daniel Atlas –Jesse Eisenberg-. Éste, dispuesto a discutir el mando de Los Jinetes a Dylan Rhodes –Mark Ruffalo-, se deja engañar por The Eye, la organización secreta que ha captado a lo componente de un grupo del que también forman parte Merrit McKinney –Woody Harrelson- y Jack Wilder –Dave Franco-. Ahora, se trata de desenmascarar a Walter Marbry –Daniel Radcliffe-, hijo ilegítimo de Arthur Tressler –Michael Caine-, a quienes lo magos estafaron con anterioridad.

Una vez más, los motivos últimos que mueven a todos los seres humanos de este film es la venganza en uno u otro sentido. El gran damnificado en el original, el también mago Thaddeus Bradley –Morgan Freeman- ya confirma al principio del film que sigue a rajatabla la ley del ojo por ojo. A él culpó Dylan Rhodes de la muerte de su padre, Lionel Shrike –Richard Laing-, varios lustros atrás y por ello tomó sus represalias desde su posición tapadera como agente del FBI. En la sombra, es el líder de Los Jinetes y el intermediario con The Eye, aunque está cercado por Cowan –David Warshofsky-, uno de sus compañeros, ante la atenta mirada de su nueva jefa, Natalie Austin –Sanaa Lathan-.

No todo es tan sencillo, puesto que los guionistas han enrevesado la acción hasta el paroxismo para mayor lucimiento del director, John M. Chu, responsable de las dos últimas puestas en escena de G.I. Joe. Por esta razón, aparece Chase, experto en hipnosis y hermano gemelo de Merrit, interpretado igualmente por Woody Harrelson, aunque con una peluca a lo afro. Enemistado desde los doce años, también ha jurado su particular venganza, como Walter Marbry, que ha diseñado un móvil de última generación con el que poder entrar sin complicaciones por la puerta trasera en cualquier dispositivo informático o celular para descargar sus datos más preciados. La premisa no es nueva y es una constante en el cine durante los últimos años, aunque en Kingsman llegaban más allá, incluso a seleccionar la vida o la muerte a través de teléfonos.

La acción nos lleva desde Estados Unidos hasta Macao, el equivalente chino de Las Vegas, pero no se trata de atracar un casino, sino de limpiar el nombre de los proscritos y desenmascarar a los malos. En la mencionada ciudad oriental, dicen, se encuentra la tienda de magia más antigua del mundo, a la que recurren especialistas de los cinco continentes. Da pie a que aparezcan dos nuevos personajes: Bu Bu –Tsai Chin- y su hijo Li –Jay Chou-, también reclutados por The Eye.

La premisa fundamental para por aceptar que nada es lo que parece y que la creencia –believe- contiene en sí misma la mentira –lie-. Siempre adornada por una truculencia que apenas deja pensar al espectador. Debe de ser el sueño de cualquier cineasta, nada menos que aplicar la magia al mágico mundo del cine. Georges Méliès fue el pionero, pero entre su propuesta y la de este guion hay tanta diferencia como entre la magia blanca y la negra a la hora del aprovechamiento.

Para despistarnos aún más, porque lo que realmente distingue a los buenos profesionales de esta disciplina es el engaño de su puño, se muestran rimbombantes e inteligibles palabras científicas, se descubren los trucos más rebuscados y, cuando es necesario, se echa mano de la digitalización en postproducción, como la carta que vuela y va de mano en mano entre Los Jinetes. La parte final se desarrolla en Londres, lo que no es óbice para que aparezcan de inmediato los agentes del FBI. Es una de las muchas licencias del guion, repleto de ases guardados en la manga, lo que no es óbice para que la película recaudase a las primeras de cambio casi el triple de los 90 millones de dólares que costó su producción. De la dicotomía que planteábamos al principio: buena para el espectador y no tanto para la crítica.

Ya se anuncia la tercera entrega, y con el regreso de Isla Fisher como Henley Reeves. No soy de apostar, pero me jugaría un euro a que detrás de The Eye aparece Lionel Shrike, el padre de Dylan Rhodes, dado por muerto tres décadas atrás.

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