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Miles Ahead (**)

28 julio 2016

Repaso a los cinco años de silencio de Miles Davis, uno de los músicos más importantes e influyentes en la segunda mitad del siglo XX. En ellos, obligado por la degeneración física y el consumo de drogas, repasa su vida con una de las mujeres que más le impactaron y vive una aventura con un periodista imaginario y los responsables de su discográfica.

Hablar de Miles Davis es hablar de la renovación del jazz, hasta entonces más pujante en la zona de Nueva Orleans. El músico, nacido en el seno de una familia acomodada de color, se embebió de las figuras del género que embarcaban en San Luis rumbo a diferentes ciudades. Más adelante, hablar de Davis significa hacerlo también de nombres tan importantes en la historia del jazz como Charlie Parker, Chick Corea, Thelonius Monk, Charles Mingus, John McLaughlin, John Coltrane, Dizzy Gillespie, Coleman Hawkins, Lionel Hampton y Gil Evans, entre otros. También es hacerlo de Jimmi Hendrix, por ejemplo. No en vano fue uno de los talentos más influyentes hasta la segunda mitad del siglo XX.

La familia de Miles Davis consideraba que Don Cheadle, amigo personal del músico, era el único que podía llevar a cabo una visión cinematográfica del maestro. Finalmente, la idea tomó cuerpo a raíz del ingreso de Miles en el Salón de la Fama del Rock and Roll. El resultado es una propuesta muy personal del candidato al Oscar por Hotel Rwanda en la que, aparte de debutar como director,  ejerce tanto de protagonista, coguionista, coproductor e, incluso, es el responsable de la música adicional del film.

Esta proyecto de bajocoste se centra en un par de días dentro de un período de un lustro en el que Miles estuvo ausente del panorama musical debido a sus problemas de salud y su adicción a las drogas, que había rechazado en principio tras ver el desmoronamiento de Charlie Bird Parker. Desde el punto de vista cinematográfico, Cheadle intenta dar rienda suelta a su creatividad para terminar alternando momentos de gran interés con otros que generan indiferencia. Su capacidad para mudr distintos estados de ánimo es loable. Todo lo contrario que los pasajes de una biografía que poco o nada tienen que ver con la realidad.

Por una parte, Cheadle repasa esos momentos de ausencia del genio. Por otra, una aventura irreal con un periodista de ficción llamado Dave Brill –Ewan McGregor-, con quien vive toda una serie de peripecias para recuperar sus últimas grabaciones caseras frente a la ambición de los mentores de la discográfica Columbia y de una serie de personajes ávidos de dinero, encabezados por Harper Hamilton –Michael Stuhlbarg– y a cuyo alrededor se movía la figura de Junior, incorporada por el rapero Keith Stanfield. En ese momento, Miles repasaba su azaroso matrimonio con la bailarina Frances Taylor –Emayatzi Corinealdi-.

Nada de lo que se cuenta tiene que ver con la realidad. Miles se retiró forzado por los problemas degenerativos de su cadera, sus problemas bucales debido al excesivo uso de la trompeta, que derivó en varias operaciones y una voz rasposa, su afición a las drogas y un cambio en los gustos de la población ante la irrupción del funky y el rock and roll que procedía de las Islas Británicas. Parece que Frances Taylor fue el gran amor de su vida, y responsable de la inspiración de álbumes como Stetches of Spain -1959- o Someday  My Prince Will Come -1960-. Se mencionan de pasada Bird of the Cool, su primera grabación una década antes, y Nefertiti -1967-, al tiempo que se obvian trabajos tan representativos como Round about Midnight o Porgy and Bess.

Chico tímido inicialmente, se transformó en colérico e insoportable después. Se dio cuenta de que los blancos no odiaban a los negros fuera de Estados Unidos cuando vivió una larga temporada en París, donde llegó al comprobar que sus discos eran mucho mejor aceptados que al otro lado del Atlántico. Su incidente en el aeropuerto neoyorquino, a causa de un malentendido, que derivó en una monumental paliza es transformado en el film a las puertas del local donde tocaba con su quinteto.

Se pasa casi de puntillas por sus devaneos extramatrimoniales y no se menciona otras mujeres importantes en su vida. Dejó embarazada a Irene Cawthon cuando ella tenía 17 años y él 19. La actriz y cantante Juliette Gréco fue su musa en Francia y, a su regreso, también llegó a casarse, después de Frances Taylor, con la cantante funk Betty Marbry. Tras un año de matrimonio y los fuertes rumores de la relación entre Betty y Jimmi Hendrix, se produjo el divorcio hasta que desposó a la actriz Cicely Tyson, la única mujer que realmente lo comprendió y con la que superó sus momentos más irascibles.

La película, por tanto, no hay que tomarla con un boipic sino como una invención acerca de un personaje real. Ni siquiera se saca partido a músicos contemporáneos que aparecen, casi sin nombrarlos, en la pantalla: Gil Evans –Jeffrey Grover-, Bill Evans –Joshua Jessen-, Herbie Hancock –Theron Brown- o Paul Chambers –TJ Thigpen.  El autor mezcla pasajes de la vida real con otros inventados, los mete en una coctelera y los mezcla a su gusto. El resultado es una película lustrosa, pero irregular, tanto en la forma como en el fondo. La aventura en la que intenta recuperar la cinta de sus últimas grabaciones apenas funciona y la parte más dramática se diluye en beneficio de una comercialidad que resta muchos alicientes.

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From → Cine

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