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Pastel de pera con lavanda (Le goût des merveilles) (**)

2 agosto 2016

Una viuda con dos hijos a su cargo y una finca llena de deudas atropella accidentalmente a un hombre. Intenta curar al desconocido e incluso le da cobijo, pero el síndrome de Asperger que padece hace difícil la comunicación. La sinceridad y el método del recién llegado lo convertirán en imprescindible para toda la familia.

Todo aquel que quiera ver una película sin complicaciones, una comedia dramática rodada con sensibilidad, absolutamente blanca y con escasos motivos para pensar, puede dejarse caer por cualquier sesión de Pastel de pera con lavanda. Su título original, el gusto de las maravillas, es mucho más acertado que el propuesto en España y que hace referencia a los campos de lavanda y a la pasión que siente el protagonista masculino por el pastel de pera.

Louise Legrand –Virginie Efira- se ha quedado viuda recientemente. Su esposo falleció mientras practicaba parapente y le ha dejado una preciosa finca cargada de deudas en el Drôme provenzal, al suroeste de Francia. Tiene a su cargo dos hijos, la adolescente Emma –Lucie Fagedet- y el pequeño Félix –Léo Lorléac´h-. La cooperativa que se había quedado con su cosecha de peras no le paga y tiene dificultades para vender sus productos caseros en el mercado semanal. Un antiguo compañero de su marido, Paul –Laurente Bateau-, aspira a meterse en su cama o, cuando menos, hacerse con buena parte de su patrimonio.

Una tarde, mientras regresa a su domicilio, atropella a un hombre. Resulta llamarse Pierre –Benjamin Lavernhe- y, aunque no se deja curar en primera instancia una herida en la frente, Louise lo lleva a su casa, le da de cenar e incluso le invita a quedarse a dormir en el sofá. Comprueba que es una persona metódica, incapaz de mentir y con una gran facilidad para los dígitos. Está obsesionado con los números primos, y se pasa el tiempo mirando a las nubes para identificarlas con ellos. Su preferido es el 619, que puede escribirse al revés sin perder su significado.

Pierre padece el síndrome de Asperger, una especie de autismo. Está pendiente de un examen psicológico por parte de la doctora Mélanie Ferenza después de que, con su facilidad para la informática se hubiera entrometido en secretos de la defensa nacional. De momento, vive en una habitación cedida por el propietario de una librería, Jules –Hervé Pierre- para quien le resulta tremendamente útil ya que sabe en qué estante se puede encontrar cada volumen, aparte de poder recitar fragmentos enteros de los mismos.

Todo tiende a ser bonito y efectista en esta puesta en escena. Hasta su director, Éric Besnard, se ha atemperado con respecto a sus trabajos anterioresCash¸600 kilos de oro puro-, deteniéndose en los preciosos paisajes, recreándose con la fotografía de Philippe Guilbert y la música de Christophe Julian. El azúcar casi se palpa, como la miel que obtiene Louise de sus colmenas. Engarza con las típicas producciones francesas que se centran en la campiña y tienen su eje en núcleos locales. La familia Bélier es el mejor ejemplo, aunque la cinta de Eric Lartigau parece tocada con una varita mágica si la comparamos con ésta.

Ambas parten de una minusvalía. En el caso de Pierre, se aproxima mucho más a Rain Man. Como sucedía con el personaje encarnado por Dustin Hoffman, se trata de una persona sumamente inteligente. Tanto, como desvalida a la vez. De él parece tomar muchos aspectos, como el hecho de que le dé miedo a desplazarse en automóvil, cuando en el caso de la película de Barry Levinson, el problema eran los aviones. Ambos se hacen querer, y aunque Pierre no va a Las Vegas, sí que es capaz de hacer todas las diabluras posibles con un ordenador. Retraído, y con dificultad para comunicarse, habla generalmente del tiempo, pero cuando alguna persona le gusta realmente, se atreve a pellizcarla.

Hay defectos en la construcción de los personajes. El desarrollo de la escapada de Emma para ejercer de camarera y contribuir al peculio familiar no parece el más lógico. Tampoco queda bien definido el personaje de Paul, hasta el punto de que no sabemos si realmente quiere aprovecharse Louise, tener una relación formal con ella, o simplemente aunar negocios y sexo. Sin embargo, el conjunto funciona. Tiene el aire de las amables películas de los sesenta combinadas con los anuncios publicitarios que últimamente nos llevan al campo para resaltar el valor de los lácteos. Decíamos que todo es bonito y efectista. También simple. Se elude cualquier complicación y, por medio de una interpretación más que correcta, se llega a un final previsible pero que mantiene el tipo con respecto a lo visto anteriormente.

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From → Cine

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