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Hola, mi nombre es Doris (Hello, My Name is Doris) (**)

8 agosto 2016

Una sexagenaria lleva una vida inocua hasta que, gracias a un seminario de autoayuda se convence de que nada es imposible. La llegada a la oficina en que trabaja de un nuevo director de arte que podría ser su nieto despierta en ella una emoción y una alegría de vivir que parecían totalmente opuestos a su personalidad.

Se ha repetido como un mantra que el amor es ciego. Muchas veces, más que otra cosa es torpe, como en el caso de esta protagonista que nos devuelve a Sally Field a primer plano de actualidad. La oscarizada intérprete de Norma Rae reverdeció laureles gracias a su nominación por Lincoln, lo que le permitió regresar a películas de alto presupuesto, como las últimas entregas de Spider-Man y hasta protagonizar nuevas historias, como la de esta mujer desfasada, cuya vida ha sido casi un desperdicio, que le ha supuesto su propuesta más comercial en la corta carrera del director y guionista Michael Showalter.

El inicio es un funeral, el de la madre de Doris, a la que ella ha cuidado durante muchos años. Su hermano Todd –Stephen Root- y su cuñada Cindy le aconsejan que venda el inmueble y se aloje en algún lugar del centro, más cerca de su trabajo puesto que, como la protagonista de Armas de mujer, debe de tomar el ferry a diario. Lejos de ello, acude con su amiga Roz –Tyne Daly- a un seminario de autoayuda en el que la convencen de que nada es imposible. Cuando accede al ascensor para instalarse en su cubículo laboral, se topa con un treintañero –Max Greenfield-, a quien poco después presentan en su empresa como John, el nuevo director creativo. Desde su encuentro en el elevador, Doris se enamora perdidamente de John, sueña y hasta babea con él.

Ese amor es imposible. Mucho más si tenemos en cuenta la presencia y la sonrisa arrebatadoras del recién llegado de California a Nueva York y el aire rancio y el vestuario desfasado de la protagonista. Por medio de la nieta de su amiga se introduce en las redes sociales, se hace amiga del director de arte y de esta forma conoce sus gustos. No duda en presumir de su pasión por un grupo  de música electrónica que parece lo más alejado de la personalidad de Doris. Incluso, se apunta a uno de sus conciertos, y lo hace con un traje psicodélico que causa atracción entre los fans mientras que conoce a la novia de su amor platónico, una joven rubia llamada Brooklyn –Beth Behrs-.

Aceptar el planteamiento del film resulta difícil. No es que demos la espalda a parejas con mucha diferencia de edad. Todo lo contrario. Lo que sucede es que Doris no es la típica mujer por la que alguien pueda perder el sentido. Es cutre, hasta el punto de almacenar lo imposible mientras vivía con su madre. Tampoco podemos decir que vista mal, pero es que la moda no aconseja esos atuendos, con un pañuelo siempre anudado a su cabeza que le proporciona un aspecto de empleada de hogar sin alicientes intelectuales. Tampoco su figura es atractiva.

Solamente la presencia de Sally Fields consigue paliar todos esos problemas. La que un su día fue una actriz contestaría y rebelde acepta sacar adelante un personaje al que muy pocas intérpretes de su generación hubieran decidido aceptarlo. Con ella, asistimos a una historia tan difícil como entrañable. Lástima que todo lo demás, salvo la buena partitura de Brian H. Kim, no se encuentre a su altura.

Showalter no consigue transmitir con sus imágenes la ternura de su personaje principal. A veces, convendría haber costado las secuencias un poco antes. Nos referimos, especialmente, a las ensoñaciones de Doris, en las que imagina en brazos de John hasta que vuelve a la realidad con un ensimismamiento que se asemeja a la de esos jugadores obnubilados que intentan atrapar cualquier pokémon sin atender a nada más.

Usualmente, las personas mayores son dejadas de lado por la sociedad actual. Máxime si se trata de alguien gris, poco atractivo y cuyo trabajo no sea decisivo. Doris se ha mantenido tras una reestructuración anterior de la empresa y es prácticamente transparente para casi todos hasta que John se fija en ella y la protagonista siente que tiene motivos para sentirse importante, aunque el  despertar pueda resultar traumático.

El argumento puede resultar conmovedor. A veces da rabia y otras provoca ternura, pero su responsable no acierta a dirimir si se trata de una comedia romántica o de un drama con muchos flecos tristes. Esa indefinición puede ser el mayor hándicap de un film que parte de una propuesta ridícula para ofrecer un estudio poco concreto, y hasta cierto punto fallido, de una realidad que existe aunque miremos hacia otro lado.

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From → Cine

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