Skip to content

El profesor de violín (Tudo que aprendemos juntos) (**)

10 agosto 2016

Un violinista que no ha conseguido entrar en la Orquesta Sinfónica del Estado termina como profesor en una favela a instancias de una ONG. Esta experiencia cambió tanto su vida como la de sus alumnos, todos ellos habitantes del mayor barrio periférico de Sao Paulo quienes, además, serpenteaban por la línea que marca el camino de la delincuencia.

Corría el año 1966 cuando el maestro y sacerdote Silvio Bacarelli decidió fundar una joven orquesta a raíz de un incendio en el barrio con el objeto de llevar la ilusión a los más desfavorecidos. Para ello, seleccionó inicialmente a 36 chavales que constituyeron la base de la Orquesta Sinfónica Heliópolis, que recibe su nombre de la mayor favela de Sao Paulo, en cuyo interior viven en la actualidad más de cien mil personas. Para darnos una idea de su importancia, baste decir que en estos momentos, el patrono de la agrupación musical es el regente vitalicio de la Filarmónica de Israel, Zubin Mehta.

El tercer largometraje de Sérgio Machado recupera esta historia, aunque fabulándola a partir de la obra Acorda Brasil, de Antonio Ermírio de Moraes. Su protagonista es Laertes –Lázaro Ramos-, un antiguo niño prodigio criado en Bahía, que es incapaz de hacer sonar su violín cuando se enfrenta en Sao Paulo a una prueba para formar parte de la OSESP, la Orquesta Sinfónica del Estado. Pretende salir adelante con un cuarteto de cuerda, pero se enfrenta sin demasiada razón a una compañera. Acuciado por las deudas, decide aceptar el empleo brindado por una ONG como profesor en la mayor favela de la ciudad.

La experiencia promete ser traumática. Los chicos suenan muy desafinados y no tienen las más mínimas nociones de solfeo. Pero, como suele suceder en estos casos, siempre hay algún muchacho que se aproxima al docente y tira del esto. Ese es el caso de Bruna –Fernanda de Freitas- y, sobre todo, de Samuel –Kaike de Jesús-, el de mayores condiciones. Tanto es su afán por convertirse en un virtuoso del violín que no duda en marcharse de casa cuando su padre le obligaba a trabajar por el día, e instalarse en casa de VR –Elzio Vieira-, también componente de la orquesta, pero que se sumerge en la delincuencia, junto a un par de colegas, a partir de la falsificación o el uso fraudulento de las tarjetas de crédito.

Paulatinamente, Laertes consigue que la orquesta vaya afinando, aunque también él mismo se ve obligado a relacionarse con el crimen organizado cuando el mayor mafioso de la favela le solicite que interprete El Danubio azul en la fiesta de cumpleaños de su hija. La responsable de la enseñanza, Alzira –Sandra Corveloni-, pretende desmarcarse de acciones de ese tipo y avisa seriamente a su profesor de música, cuyo reto más próximo es el de ofrecer un concierto con sus muchachos. Sin embargo, la llamada a una nueva audición para la OSESP, la posible recuperación del cuarteto, y un incidente trágico en el que se ha visto afectado Samuel, le hará replantearse su vida.

Poco o nada tiene que ver esta historia con el germen real de la Orquesta Heliópolis, salvo que tiene lugar dentro de la favela y que, posiblemente, algunos de los sucesos que se relatan sí que tengan un paralelismo con la realidad. Sérgio Machado, que dirige con pulso firme y muestra mucha solvencia, narra los hechos sin ajustarse a la coherencia, especialmente en el tiempo. Aunque haya pasado un año, tres docenas de chavales no pueden pasar del cero al infinito en la afinación, ni mucho menos aprender solfeo, o a dirigir, como hace VR, prácticamente de la noche a la mañana.

Si obviamos ese hándicap, la película emociona, basándose en una interpretación más que razonable y una puesta en escena descriptiva que saca a la luz a un director con las ideas muy claras, como ya demostró hace una década con su primer film, Ciudade baixa, en la que ya contó como protagonista a un Lázaro Ramos. En esta ocasión, sabe aguantar con solvencia delante de la cámara y se esfuerza en la entonación, pero resulta demasiado hierático a la hora de transfundirse en su personaje.

Uno de los mayores méritos del film, aparte de su emotividad y de la puesta en escena, es la manera en que Sérgio Machado aúna diferentes estilos musicales, pero también varios géneros cinematográficos. Pasa del drama a la tragedia, concede algunos tintes de comedia y también es capaz de rodar una persecución policial dentro de la favela. Permite pasar de la música clásica al breakdance sin apenas solución de continuidad, para demostrar que la música culta no queda restringida al elevado poder adquisitivo, y que los amantes de Bach o Beethoven pueden divertirse con el rap o la música más tradicional. El mismo camino, sostiene, puede recorrerse a la inversa, por mucho que parezca más complicado.

Anuncios

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: