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Los visitantes la lían (Les Visiteurs: La Révolution) (-)

22 agosto 2016

Godofredo de Miramonte y su fiel criado Delcojón intentan regresar a su tiempo, pero un nuevo error en las pócimas les conduce a una de las cárceles en las que se amotinaban los nobles que iban a ser guillotinados durante la Revolución Francesa. Entre sus descendientes, son los plebeyos quienes ahora tienen el mando de las operaciones.

Hacia dieciocho años que no teníamos noticias de esta pareja de viajeros en el tiempo si exceptuamos la decepcionante versión made in Estados Unidos. Ese espacio de tiempo sirvió para que Christian Clavier desplaza a Jean Reno como cabecera de reparto gracias a sus apariciones en la pantalla grande incorporando a Asterix y a los buenos resultados económicos de comedias como No molestar y Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? También a que es guionista del film junto al director Jean-Marie Poiré, quien llevaba casi tres lustros sin ponerse detrás de las cámaras. A la vista del resultado, hubiera sido mejor que se quedara en su retiro parisino y que la pareja protagonista permaneciese perdida en algún lugar del tiempo.

Saltaron las alarmas cuando en Francia los responsables del esta producción decidieron estrenarla sin pasar por el tamiz de la crítica. La excusa de que las comedias suelen ser casi siempre maltratadas, apenas se sostenía. Máxime, cuando desde el país vecino nos han llegado ejemplos del género en los últimos años que han sido ensalzados o respaldados por los medios sin apenas excepciones. Simplemente, eran conscientes de la realidad: la película tenía muy poca gracia y su posible rentabilidad era más que discutible. Para colmo, no tuvieron el oportunismo de cercenar la coda final, en la que se aventura una nueva entrega. Visto el antecedente sólo queda por exclamar: ¡es suficiente!

Godofredo de Miramonte –Jean Reno- y su fiel criado Delcojón –Christian Clavier-, se entregaron a prácticas de brujería y el resultado fue un alocado viaje en el tiempo que les llevó a las postrimerías del siglo XX. Cuando, en la segunda parte, lograron regresar a su época, tuvieron que adelantarse nuevamente para recuperar las joyas de la familia. Ambas propuestas, especialmente la primera, proponían unas divertidas secuencias alimentadas por el anacronismo. Ahora, cuando las posesiones de Godofredo están a punto de ser incautadas por su monarca al no aparecer junto al resto de sus nobles para hacer frente a los enemigos del reino, aparecen atrapados en plena Revolución Francesa.

Sus responsables pretenden divertir a costa de uno de sus períodos históricos más representativo, y para ello proponen un cambio de papeles. Los nobles, destinados a pasar por la guillotina, son ahora los perjudicados, aunque Gonzague de Miramonte –Franck Dubosc- ha sabido jugar a dos barajas y es uno de los diputados de la nación. Con buen criterio, ha conseguido que su familia, en la que destaca la bella Adélaide –Karin Viard- pueda trasladarse a Austria para, merced a un salvoconducto, alojarse en casa de un pariente lejano. Por el contrario, el descendiente de Delcojón ocupa un cargo importante entre los revolucionarios.

Los anacronismos, salvo en una secuencia puntual, brillan por su ausencia, y sólo se hace hincapié en el reinado del terror impuesto por Robespierre –Nicolas Vaude-, cuya sobrina Chalotte –Sylvie Testud- estaba unida sentimentalmente a la destacaba la figura de Jean-Paul Marat – Christian Hecq-, representado como un histriónico cronista del régimen. A ellos, en los papeles principales, se les une un desafortunado Lorenzo Baldini, marqués de Portofino, por el que Ary Abbitan pelea para que sea algo más significativo que lo deparado por el guion.

El conjunto es aburrido, con demasiados personajes que ofrecen la sensación de un totum revolutum sin venir a cuento. Surgen imágenes nada aprovechadas del París de finales del siglo XIX, Notre Dame incluida, pero son únicamente destellos de lo que ha podido ser y no fue. Ni se aportan elementos históricos convincentes, ni la sátira desemboca en un mínimo interés. Todo parece servido para que los dos protagonistas principales puedan lucir sobre los demás, pero Jean Reno parece absolutamente desinteresado en el proyecto, como si no fuera con él. Todo lo contrario que su compañero de reparto, el único que de verdad intenta salvar una puesta en escena que se tambalea desde el primer al último fotograma.

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From → Cine

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