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El Principito (Le petite prince) (***)

6 septiembre 2016

Una niña, muy madura para su edad, se muda con su madre para poder inscribirse en una prestigiosa academia. En la casa de al lado vive un hombre excéntrico que le habla a la pequeña de un mundo extraordinario en el que, como aviador, se encontró alguna vez con El Principito del relato de Saint-Exupery.

Adaptar a la pantalla grande uno de los clásicos más aclamados de la literatura universal tiene sus riesgos. Generalmente, se opta por una de tres vertientes. O bien se transcribe el relato con absoluta fidelidad, lo que suele restarle la magia del relato; se efectúa una enmienda a la totalidad, mostrando finalmente una obra basada en el texto fuente pero a la que resulta muy difícil de reconocer; o se intenta adaptar la obra a los tiempos que corren. En este caso, bien se podría hablar de una conjunción de las tres variantes.

El guion de Irena Brignull conserva la fuerza y la sutileza de los diálogos. Incluso, hay momentos en que la literatura se impone a la puesta en escena. El cómputo global también nos remite a una trilogía en cuya primera parte se aplica la máxima de adaptar el cuento publicado por Antoine de Saint Exupery en 1943 a la época actual. Una niña está completamente programada por su madre, que desea fervientemente ver como su hija ingresa en la prestigiosa Academia Werth. Está suficientemente preparada para ello, pero es como un robot que se conoce las respuestas al dedillo y fracasa cuando le pillan con el pie cambiado.

Por eso motivo, las dos mujeres deciden recurrir al plan B, que pasa por ocupar una casa en el barrio, lo que implicaría la aceptación inmediata por parte del centro docente. Mientras el personaje adulto atiende a su trabajo, le deja encargado a la niña todo un plan de trabajo durante las vacaciones, minuciosamente estudiado y con todo el tiempo ocupado. No contaba con un vecino estrafalario, que pretende arrancar su avión en el jardín de su vivienda.

Esta exposición rodada en animación 3D, siguiendo las líneas maestras de Pixar nos muestra a un hombre, aviador a su juventud, que conoció a El Principito después de quedarse varado en el desierto del Sahara. Le habla a la pequeña de un mundo extraordinario mediante una puesta en escena que nos seduce con su fantasía rodada en stop motion. Esta es la parte en que el texto es fiel al relato original, cuando el guion se eleva y los diálogos brillan por su calidad. Hay momentos magníficos, como cuando el zorro se encuentra con el personaje de la novela y le advierte que no está domesticado, tarea a la que se aplica El Principito de inmediato.

La niña, hasta entonces programada desde el alba hasta el anochecer, redescubre su infancia. Hay otra vida, pero también otra forma de verla y comprenderla. El mundo que le rodea únicamente lo vera correctamente si lo hace con el corazón. La música de Hans Zimmer y Richard Harvey subraya muy bien estos momentos de gran interés filmados por Mark Osborne, el responsable de Kung Fu Panda, lo que le llevó a obtener el César al mejor film de animación. La protagonista queda absorbida por el cuento, y ansía conocer el asteroide B612, aquel minúsculo cuerpo espacial cubierto de brotes de baobab en el que una planta diferente se convirtió en rosa, motivo por el que el Principito llegó a la Tierra.

Luego hay una tercera parte, la de poner todo patas arriba. Los responsables del film, probablemente hastiados por el carácter intimista del relato buscaron la épica y añadieron un colofón innecesario y manido. Aparecen los antagonistas y la historia se decanta por un nuevo enfrentamiento entre el bien y el mal que, además de aportar muy poco, ejerce de freno a la producción y tira por la borda buena parte de sus hallazgos, que hasta ese momentos eran suficientes como para interesarnos favorablemente.

Llegados a este punto, debemos de admitir que la película intenta contentar a chicos y grandes, pero que su intención benevolente con todos los fragmentos de edad  termina en indefinición. De esta forma, quienes más han de disfrutar con esta puesta en escena son aquellos que alguna vez han leído el texto de Saint-Exupery y que, como es lógico, se han emocionado con él. Tal vez, a los más pequeños les cueste asimilar su conjunto, especialmente su parte central, aunque saldrán encantados con su banal resolución. Todo lo contrario que los adultos.

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From → Cine

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