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Sparrows (Prestir) (***)

7 septiembre 2016

Un adolescente islandés es enviado a casa de su padre, al que no ve desde hace más de seis años cuando su madre y su nuevo marido viajan hasta África. En el noroeste del país se encontrará desarraigado, con un progenitor acuciado por las deudas que sólo piensa en el  alcohol y en disfrutar de orgías con sus amigos.

Sin duda, 2015 fue el año del cine islandés. RamsEl valle de los carneros-ganaba el título de la mejor película en la sección un certain regard de Cannes, y repetía en Valladolid con la Espiga de Oro. En ese mismo certamen Gunnar Jónsson era elegido el mejor actor por FúsiCorazón salvaje– y la cinta se alzaba con el triunfo en Tribeca. Sparrows, poco después, obtenía la Concha de Oro en San Sebastián. Para una cinematografía escasa, resultado de un país que apenas sobrepasa los trescientos mil habitantes resulta un éxito que difícilmente se pueda igualar en el futuro.

Responsable de la interesantísima Volcano -2011-, el cineasta islandés Rúnar Rúnarsson, que tiene en su haber un Oscar al mejor cortometraje, nos propone un relato iniciático. El joven Ari –Atli Oskar Fjalarsson, de dieciséis años, se ve obligado a dejar Reikiavik, donde vive con su madre porque ésta y su actual marido se marchan a África por una larga temporada. En el noroeste del país se encuentra con su padre, Gunnar –Ingvar Eggert Sigurösson, a quien vimos recientemente en Eveerest, un hombre en crisis económica que sólo se preocupa de emborracharse y de participar en orgías con sus amigos.

En un ambiente desconocido para él, ya que no lo visitaba desde hacía más de seis años, dos mujeres se muestran más próximas.  Su cariñosa abuela -Kristbörg Kjeld- y una joven, Lára –Rakel Björk Björnsdóttir-, amiga de su infancia pero que ahora es novia de Einar –Benedikt Benediktson-, un muchacho celoso que, a las primeras de cambio arremete contra el recién llegado. El fallecimiento de la abuela sumerge a Ari en una especide shock del que sólo parece salir cuando Lára rompe con Einar y su padre propone abandonar la bebida.

No hay lecturas entre líneas, si exceptuamos el plano inicial, una iglesia donde un coro al que pertenece el protagonista interpreta un concierto de Navidad retransmitido por televisión. La cámara juega con la elevación al cielo y con un tímido rayo de sol para después centrarse únicamente en la historia. Repasa la primera experiencia sexual del protagonista y, sobre todo, el paso de la pubertad a la madurez. Para ello, Rúnarsson opta por los planos cortos de sus personajes, que contrastan con los muy abiertos de los paisajes, más próximos al werstern, que muestran una zona de nieves perpetuas, con viento o niebla a pesar de que la acción se ubica en torno al solsticio de verano.

Con dificultades económicas, el padre de Ari ha perdido la casa y el barco, por lo que busca trabajo para su hijo en un una empresa de pescado donde, a las órdenes de Tomislav –Rade Serbedzija-, trabará amistad con su compañero Bassi –Valgeir Skagföró-. Gracias a él será aceptado por otros jóvenes y tendrá su primer contacto con las drogas y el alcohol, algo que le rodea en su propia casa por las orgías de gran calibre, con barra libre de sexo y alcohol, que organiza su padre junto a sus amigos.

A los pocos días de haber llegado a la pequeña localidad en la que se ubica la historia, Ari ha tenido que cambiar forzosamente. Ha debido de asimilar una serie de experiencias inesperadas y, aunque al principio, contacta con su madre intentando regresar con ella, sabe que la vuelta atrás es imposible y que, como los gorriones –sparrows-, depende muy directamente de los seres humanos que le rodean para poder sobrevivir.

Ari demuestra buen corazón, pero sobre todo llega a entender que la comprensión debe primar sobre todo. De otra forma, no podría seguir adelante en un lugar inhóspito donde, a la fuerza, deberá reincorporarse al colegio cuando termine el estío. Intenta acercarse a su progenitor por medio de la caza, pero advertimos que no le interesa lo más mínimo. Se trata de un personaje retraído y tímido que ni siquiera busca habitualmente en la música su principal válvula de escape, a pesar de sus dotes mayúsculas. Ha sufrido una serie de reveses y han sucedido tantos acontecimientos a su alrededor en tan poco tiempo, que se ve obligado a madurar.  Esa es la síntesis de un film pequeño, contado con precisión, que no defrauda pero tampoco maravilla.

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From → Cine

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