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Ben-Hur (2016) (**)

12 septiembre 2016

En tiempos de Cristo, Judah Ben-Hur es un príncipe de Judea falsamente acusado de traidor a Roma. Su hermano adoptivo, Messala, convertido en un reputado oficial romano, se convertirá en el epicentro de su venganza después de sobrevivir a su cautiverio en galeras. El circo de Jerusalén será el escenario de una carrera de cuadrigas que dictaminará el vencedor.

¿Hasta cuándo seguirán insistiendo los grandes estudios en producir remakes de los clásicos? A la vista de este empeño a cargo de MGM, el que más arriesgó en este caso, y Paramount Pictures no debieran de quedarles muchas ganas tanto a ellos como a la competencia. Las pérdidas globales pueden alcanzar los cien millones de dólares. Demasiado dinero como para no resentirse a corto o medio plazo.

La novela de Lewis Wallace, publicada en 1880, fue objeto de una primera versión cinematográfica en 1925 a cargo de Fred Niblo. En 1959, William Wyler fue responsable de una segunda que se estrenó entre dudas y controversias. Inesperadamente, aquella puesta en escena protagonizada por Charlton Heston, al que le llegó el papel después de fuese rechazado por varios actores de la talla de Burt Lancaster, Paul Newman o Marlon Brando, se convirtió en un éxito absoluto. Crítica y público se unieron en elogios para el primer film de la historia que se alzó con once Oscar.

Sucede que la historia de Ben-Hur es tan potente que difícilmente se puede estropear. Ni siquiera lo consigue Timur Bekmambetov, quien trasladó a la pantalla relatos como aquel lamentable Abraham Lincoln convertido en cazador de vampiros. Tampoco puede con la fuerza  del original narrativo un reparto desigual, encabezado por Jack Huston y Toby Kebbell –Messala-, que están muy por debajo de otros compañeros, como el siempre confiable Morgan Freeman –Sheik Ilderim-, Pilou Asbaek –Poncio Pilatos-, o Rodrigo Santoro –Jesús-. Por parte femenina, los principales papeles con para Nazanin Boniadi –Esther, la esposa de Judah-, Sofia Black D’Elia –Tirsa, hermana del protagonista y el gran amor de Messala-, y Ayelet Zurer como Naomi, la matriarca de la casa de Hur.

Los ejes centrales del relato son el episodio de las galeras, la carrera de cuadrigas y la relación entre los hermanos adoptivos, que en la versión de 1959 se llevó más allá del vínculo fraternal antes de su enfrentamiento. En esta propuesta, el combate naval, reducido en metraje e intensidad, se queda corto y su fiabilidad no es la requerida. Respecto a la carrera, se ha hurtado un elemento primordial, los salientes en las ruedas del carro de Messala que hacían volar por los aires a los de sus rivales. No se mejora en lo que se refiere al dúo de personajes protagonistas, cuyos encuentros y desencuentros se quedan muy por debajo de lo expresado en la novela y de lo visto anteriormente en la gran pantalla.

Uno de los aspectos más reconfortantes de esta nueva adaptación es su duración, que se queda en poco más de dos horas, casi la mitad de su referente anterior. Esta circunstancia posibilita que la película tenga un aspecto más próximo a la aventura en detrimento de la epopeya. El guion es pulcro y habilidoso. Las innovaciones funcionan dentro del todo y lo hacen creíble. No sucede lo mismo con la puesta en escena ni con la partitura de marco Beltrani, menos efectista de lo esperado- El soundtrack lo remata un cantable de Andra Day que parece un pegote cuando subraya los créditos finales.

De la secuencia de las galeras ya hemos dicho que se queda corta y se acompaña de elementos poco creíbles. Es cierto que la película de William Wyler sigue casi al pie de la letra la creada por Niblo. Quizá por ello Timur Bekmambetov pretendió ser novedoso. A su favor contaba con mejoras técnicas que le podrían resultar muy apropiadas para que su versión alcanzase una grandilocuencia escénica que sus antepasados no pudieron conseguir. La ciudad de Jerusalén luce admirable, se muestra correcto en las guerras periféricas protagonizadas por Messala  y tenemos más dudas en el enfrentamiento marítimo, bastante más pobre que las antecesoras.

Por lo que se refiere a la carrera de cuadrigas, la duración es casi exacta a la de la cinta que se alzó con once estatuillas: diez minutos. Ya queda anotada la ausencia más notable, en cuanto a la planificación, parece más próxima a la de una carrera de modernos bólidos. Si los Fernando Alonso, Lewis Hamilton y compañía tomasen los mandos del volante en lugar de las bridas no podría extrañar a nadie si tenemos en cuenta las imágenes. Sheik Ilderim aparece dando instrucciones en cada vuelta como si fuera el responsable de la escudería. Lástima de pinganillo.

Si no existieran los referentes anteriores, este largometraje sería uno de los más taquilleros del año. Pero la historia no es original, y una más que discreta cinta de aventuras se queda en un remedo innecesario. Por eso insistimos en la pregunta: ¿hasta cuándo seguirán insistiendo los grandes estudios en producir remakes de los clásicos?

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From → Cine

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