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Los hombres libres de Jones (Free State of Jones) (**)

16 septiembre 2016

Basada en la historia real del granjero Newton King, quien desertó del Ejército Confederado antes de unirse a otro grupo de rebeldes junto a los que consiguió que su condado llegara a independizarse. Su matrimonio con una antigua esclava respaldó su controvertida figura durante el desarrollo de la Guerra Civil americana.

Hay figuras históricas que se olvidan con el paso del tiempo y que el cine recupera gracias a un buen biopic que revitaliza el personaje. En el caso de Newton King, desconocemos su calado entre los habitantes de Estados Unidos, aunque sí reconocemos que es prácticamente nulo dentro de nuestras fronteras. A pesar de los esfuerzos de Gary Ross, el responsable de Seabiscuit y Los juegos del hambre, la popularidad histórica de este aspirante a héroe no crecerá desde el estreno del film.

Es curioso que un español sea el mayor experto en la Batalla de Gettysburgh, clave en el desarrollo de la Guerra Civil norteamericana. El cine, por lo general, no ha profundizado en esta contienda. Más que nada, lo ha rozado y, en ocasiones, con producciones aclamadas con el paso del tiempo, como Lo que el viento se llevó. Sin embargo, los relatos de este conflicto han sido casi siempre consecuencias del mismo, reflejos muy determinados del mismo, o una simple excusa para desarrollar una aventura. Ahora que una gran producción sí que se empeña en  el conflicto lo hace de una forma tan particular y por medio de un episodio tan concreto que tampoco le convierte en acreedora a convertirse en el film definitivo sobre el tema.

A partir de una historia escrita por Leonard Hartman, el propio Gary Ross desarrolla un guion que se centra en las vivencias del mencionado Newton King –Matthew McConayghey-, un granjero de Misisipí casado con Serena –Keri Russell- y padre de un niño antes de ser reclutado por el bando Confederado. En las trincheras ve morir a Daniel –Jacob Lofland-, un joven vecino, lo que significa el detonante de su deserción. El Ejército masacra a los propietarios en zonas rurales, los esquilma  y si no están conformes incluso les queman sus tierras. Por eso Serena se marcha con su hijo mientras Newton es acogido por un grupo de esclavos huidos entre los que destaca Moses Washington –Mahershala Alí- .

Newton King no hubiera adquirido tanta trascendencia si no hubiese compartido su vida con Rachel –Gugu Mbatha-Raw- una esclava doméstica con la que tuvo descendencia mientras convertía a su condado, el de Jones, como un terreno independiente del Estado. No obstante, y a pesar del triunfo de la Unión, más de ochenta años después las leyes de Misisipí impedían el matrimonio con una blanca a cualquier hombre que tuviera en sus venas al menos un veinticinco por ciento de sangre negra, como le sucedió a David Knight -Brian Lee Franklin-, heredero directo del protagonista.

El episodio real no huera sido posible si el condado de Jones no hubiese estado repleto de ciénagas que permitían ocultarse y defenderse de cualquier ataque a los desertores. Se trataba de una facción libertaria que hacía la guerra por su cuenta dentro de un conflicto mayor y que sirve como excusa para enarbolar la bandera de los derechos humanos, la igualdad entre los hombres y lo absurdo de las guerras. Lástima que ese ejercicio didáctico no emocione y que cuando la película debe profundizar en las injusticias lo haga en un tono bastante inferior a un prometedor inicio.

Las imágenes de trinchera y enfrentamientos entre las fuerzas de la Unión y los confederados son impactantes. Aunque cortas, asistimos a una propuesta que podría darse la mano con fragmentos visualmente muy potentes de los conflictos bélicos presentados en su día por Steven Spielberg, pero cuando David Knight decide abandonar su, hasta cierto punto, cómoda misión de enfermero, las luchas raciales y el abuso de los poderosos se quedan muy por debajo en su exposición y la narración pierde su fuerza inicial. El producto se sumerge en una desidia porque su responsable opta por una pulcritud exagerada que le impide transmitir emociones.

Con una fotografía de Benoït Dellhomme, abrazada a los claroscuros, que no siempre consigue su objetivo, la propuesta está más cerca de la epopeya personal del protagonista de El renacido que de un héroe bélico. Se puede enarbolar un alegato contra la guerra por medio de secuencias en las que se muestra su horror, pero es difícil protestar con las injusticias cuando los sentimientos son planos. Ni siquiera el Matthew McConayghey de su mejor momento como actor consigue turbarnos. Por tanto, el conjunto se queda más como una lección de historia centrada en un pasaje que fuera de los Estados Unidos resulta poco menos que anecdótico. La oportunidad perdida se demuestra con las escasas secuencias del juicio del descendiente del protagonista, que casi representan un pegote en el conjunto.

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From → Cine

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