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El futuro ya no es lo que era (*)

17 septiembre 2016

Carlos se encuentra en una encrucijada. Quiere entender a sus hijos, las razones del fracaso de su matrimonio, y a su moribunda madre. Sin embargo, sólo tiene éxito con lo que también es infeliz, su personaje de impostor que vaticina el futuro a través de una televisión local. Siempre ha sido un soñador, pero sabe que los sueños, si se cumplen, conllevan sorpresas.

Arranca el film con Dani Rovira como si hubiera regresado a El Club de la Comedia. Cuenta un chiste que incluye a un genio y tres deseos que concede aunque de una forma muy particular. Después, el mismo personaje, con peluca, bigote y barba postizos está en lo alto del edificio más alto de Oviedo preparado para lanzarse al vacío. En ese momento, comienza a repasar algunos fragmentos de su vida. Se trata del cuarto largometraje del actor malagueño y del primero escrito y dirigido por Pedro Barbero después de su debut con Tuno negro.

Carlos estaba destinado al fracaso. Sin embargo, cuando cumple 30 años, Cristóbal Blanco –José Corbacho,- el productor del espacio de puesta a punto que presenta Luisa –Carolina Bang-, su esposa, le contrata como vidente después de que le echara las cartas durante la fiesta. Sabe que es un impostor, que dice lo que la gente quiere escuchar, pero disfrazado de Kar-El, obtiene un éxito masivo a través de la televisión local de la que es responsable el propio Cristóbal.

Repasa su vida con Ana, sus momentos más felices y también su separación, hasta que ella se echa en brazos de Alex –Eduardo Velasco-. Sus hijos han crecido, pero no es capaz de entenderlos –Lucía de la Fuente y Saúl Barceló-. Cree que ella practica danza, pero juega de portero en un equipo de fútbol, muestra un lenguaje obsceno y piensa demasiado en el sexo; él no practica karate, ni piensa en ser abogado. Es gay, tiene novio y  estudia Ballet. Por si fuera poco, su madre, Carmen –Carmen Maura-, es una reconocida actriz, calificada como la mejor del siglo XX, y acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias. Ahora, encara su última obra, en la que representa a una mujer aquejada de un cáncer terminal. Como le sucede realmente a su personaje.

Carlos ha tenido sueños y desde niño esperaba que se hicieran realidad tres deseos: tener un coche volador, viajar a Marte los fines de semana y que un robot le llevase cada mañana el desayuno. Cada deseo y cada sueño se han ido rompiendo con el paso del tiempo. Mejor dicho, se han ido transformando, si entiendes, por ejemplo, que Gijón toma el relevo de Marte y tienes que viajar hasta allí para ver a tus hijos cada fin de semana.

La película está llena de buenas intenciones y de grandes esperanzas, tantas como las de su protagonista. Pero, como sucede con los sueños, se da de bruces con la realidad. Pedro Barbero se ha responsabilizado de una comedia, pero en realidad su guion es un drama con ribetes cómicos, aunque él no lo sepa. Llena de frases grandilocuentes, la historia está salpicada de sentencias que podrían funcionar adecuadamente en otro momento y en otro lugar, pero no como se ha pretendido llevar a cabo esta propuesta que, por otra parte, tiene el mérito de haberse descentralizado y presentar la más moderna y actual ciudad de Oviedo sin resistirse a fotografiar el Naranco, su catedral gótica o el célebre Teatro Campoamor. Los gags parecen antiguos, forzados o, cuando menos, mal encajados.

sonaje de Carmen diga a los espectadores de su función que, aunque la protagonista sea una enferma de cáncer terminal se terminarán riendo porque el drama, con el paso del tiempo, se transforma en comedia porque recuerdas los momentos felices. Ni que, entre otras aseveraciones, se parafrasee a John Lennon cuando se repite hasta la saciedad que el futuro es lo que pasa mientras preparas tus planes. Quizá, la clave la encontremos en los momentos finales, cuando el personaje de Corbacho dice que esta comedia será un éxito rotundo, a lo que Carlos se pregunta: ¿comedia…? La mejor definición para esta película.

Las frases rimbombantes, serias, repetitivas, metidas a calzador, obligan a que los propios intérpretes se muestren desconcertados, salvo Carmen Maura, que regatea con profesionalidad a su rol, y un José Corbacho que no tiene que hacer esfuerzos para hacer de él mismo. Los demás están sobreactuados y despistados, como Dani Rovira, que con su acento andaluz vive en Oviedo y no se sabe si naufraga más en la parte dramática o en la cómica. Ni siquiera Rosana se ha puesto a la altura de sus mejores composiciones a la hora de crear e interpretar el tema central del film.

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From → Cine

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