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Neruda (****)

21 septiembre 2016

En 1948 el presidente chileno dio un golpe de timón y comenzó a perseguir a los representantes de la izquierda. Pablo Neruda era por entonces un senador comunista, que se vio obligado a refugiarse en el centro del país antes de cruzar Los Andes en dirección a Argentina y viajar a París con la ayuda de Pablo Picasso.

Cundo el cine afronta un biopic casi nunca consigue convencer del todo. En un relato biográfico suele suceder que se escape el alma del referente vital, que no se capte su espíritu más allá del cincuenta por ciento. En el caso de un autor literario la dificultad es mucho mayor puesto que se debe interpretar el pensamiento del artista con respecto al contenido de su obra. Por eso Neruda es capaz de sorprender. El guion de Guillermo Calderón capta el hechizo del poeta en el momento que ultimaba su Canto general. Aúna realidad y ficción, mientras que Pablo Larraín muestra en imágenes toda la inteligencia y el magnífico gusto plasmado sobre el papel.

No se intenta recurrir una biografía al uso. El cine sudamericano ha sido proclive en los últimos tiempos a mostrarnos pasajes determinados de personajes célebres en momentos muy significativos de su existencia. Hasta ahora, ninguno de esos trabajos se había titulado únicamente con el nombre del protagonista. Esta vez, sí. Probablemente, porque represente un instante capital en existencia de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, el más excelso autor chileno, reconocido en su día con el Nobel de Literatura -1971-, y aclamado por Gabriel García Márquez como el más grande poeta del siglo XX.

Miembro del Partido Comunista, por el que fue elegido senador, apoyó en su momento el ascenso a la presidencia del populista Gabriel González Videla – Alfredo Castro-.  Tras el giro de éste hacia los intereses estadounidenses, los representantes referenciales de la izquierda fueron perseguidos, y el propio Pablo Neruda -Luis Gnecco- perdió su aforamiento, por lo que no le quedó más remedio que ocultarse. El presidente encargó al Prefecto de Investigaciones, Óscar Peluchonneau –Gael García Bernal- que le detuviera, y estuvo cerca en varias ocasiones. Tiempos confusos, en los que las grandes fortunas viraban a la izquierda. Se decía que si saliera un gobierno bolchevique serían los primeros en irse corriendo.

Neruda contó con la inestimable colaboración del español Víctor Pey –Pablo Derqui-, quien llegó a chile a bordo del Winnipeg y llegó a ser director del diario Clarín. Él fue quien le ocultó inicialmente en su casa antes de que encontrase quien podría hacerle cruzar Los Andes para llegar a Argentina y desde allí a París, donde lo esperaba su amigo Pablo Picasso –Emilio Gutiérrez Caba-. Atrás dejó a su segunda esposa, Delia del Carril –Mercedes Morán-, apodada La Hormiguita, a quien había conocido en Madrid. Ella era veinte años mayor que él, aunque en la cinta no los represente.

Se nos ofrece un literato exagerado en sus vicios, rodeado de mujeres desnudas, amantes del buen comer y el buen beber. Ya era aclamado y reconocido en su país, donde había sido recompensado tres años antes con el Premio Nacional de Literatura. La habitual cinematografía de Larraín se acentúa con ese toque de opacidad que le distingue. El responsable de El club, también crea dos atmósferas distintas. La del surrealismo y la del realismo mágico que igualmente distinguen los dos períodos creativos del autor. Un respaldo más al binomio formado por el guionista y el director que muestra perfectamente el conocimiento del personaje por parte de ambos.

El film se nutre con elementos del cine negro, forzados por la persecución de Peluchonneau, un personaje que navega entre la realidad y la ficción para acercarse a  la ensoñación. Tanto, que el propio policía llega a preguntarse entre reflejos de luces de neón si en verdad dirigía la investigación o si resultaba simplemente un juguete, un personaje de ficción más creado por el poeta. Es quien, al fin y al cabo, lleva el peso de la narración, con sus palabras en off. Se presenta directamente cuando llega el momento y da cuenta de las alegrías vitales de Neruda, de sus actos, e incluso de sus pensamientos para terminar declamando los versos que ejercen de denominador común en el guion.

Con una interpretación más que aceptable, en cuyo reparto destaca una vez más el buen hacer de Gael García Bernal, la música de Federico Jusid crea un ambiento óptimo para refrendar un relato críptico, una biografía poco usual pero brillante. Escasamente comercial, no defrauda, aunque le queda el poso de un cierto oscurantismo y una presuntuosa grandilocuencia en el relato que, en algunas ocasiones, se desmarca de la realidad del personaje.

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From → Cine

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