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El porvenir (L’avenir) (****)

27 septiembre 2016

Una profesora de filosofía, que vive una cómoda existencia se encuentra, en muy poco tiempo, con que todo ha dado un insospechado y radical giro. Su madre acapara gran parte de su tiempo, no está demasiado conforme con sus alumnos, su marido decide separarse y sus hijos se emancipan. Todo un conjunto que le obliga a ver la vida de forma muy distinta.

Cuatro largometrajes y una sensible participación en un documental acumula este año Isabelle Huppert, que prevé otro póquer de estrenos en 2017. Ahora mismo coinciden en la pantalla dos de sus mejores trabajos en los últimos años, que significan otras tantas puestas en escena que conllevan el personalísimo sello de su director. Por una parte Elle, de Paul Verhoeven; por otra, la que ahora nos ocupa, debida a la inspiración de Mia Hansen-Love, una realizadora parisina de 35 años que firma el mejor de sus cinco trabajos para la gran pantalla.

Siempre nos ha cautivado la capacidad del cine francés para contar historias cotidianas. Con una puesta en escena magnífica y un buen diálogo se puede hacer sentir al espectador y que éste reflexione muy lejos de tiroteos, persecuciones de coches o puñetazos a discreción. Sin duda, Éric Rohmer es el máximo representante de un modelo basado en relatos sencillos, casi repetitivos, que llevó a la cima en sus comedias y proverbios. Woody Allen, a su manera, podría decirse que ha seguido sus pasos en más de una ocasión, pero Hansen-Love se revela como la mejor discípula del maestro de la nouvelle vague ya fallecido.

Parece que apenas pasa nada al principio del film. Nathalie Chazeaux disfruta de una vida tranquila. Pasa los veranos junto a su marido Heinz –André Marcon-, también profesor de filosofía, y sus hijos en una casa de la Bretaña francesa. Disfruta con la lectura, tanto de los clásicos como de los autores modernos, le gusta dar clases y dirige una colección en la que, aparte de ser la estrella, cuenta con su protegido, Fabien –Roiman Polinka-, el mejor alumno que se ha encontrado a lo largo de su carrera.

Pasan unos años, indeterminados, y la tranquila vida de Nathalie se ve alterada por una serie de sucesos. Su madre, Yvette –Eidth Scob-, sufre de ansiedad y la reclama cada dos por tres; la editorial se replantea las portadas de sus libros y pone en entredicho la colección que ella dirige, de gran prestigio y escasa rentabilidad; Fabien decide marcharse al campo para vivir en contacto con la naturaleza acompañado por su novia y otros intelectuales de diversos países; por si no bastase, su hija Chloé –Sarah Le Picard- le advierte a su padre que conoce su aventura extra conyugal y que tanto ella como como su hermano le exigen que tome una decisión cuando antes. Heinz opta por el divorcio.

De repente, Nathalie se encuentra sola, con sus recuerdos de una casa de la playa a la que no volverá, con las estanterías se su casa medio vacías, y con un instituto que tampoco le llena. Hay manifestaciones constantes por la instauración de las reválidas y sus alumnos no parecen demasiado interesados por la filosofía. Mientras, ella discute sobre la verdad, acerca de si es mejor poseerla o saber el camino para encontrarla. También la libertad es objeto de debate, pero ese es un bien con el que nos topamos con nuestra capacidad de elegir.

Las primeras secuencias, más monótonas, sirven para encontrarnos de frente con esa suerte de latigazo con la que se da de bruces la protagonista. Bien sobrepasado el medio siglo de vida se da cuenta de que todo puede cambiar en un instante, apenas sin advertirlo. Así, entra en el último tercio del film, probablemente el menos logrado, en el que visita a Fabien en su especie de comuna. Habla con los campesinos, conoce sus problemas, y se encuentra con la obligación de elegir. Debe plantearse volver a sus inicios, cuando fue militante durante tres años del partido comunista o regresar a su vida burguesa, la que abrazó con su matrimonio.

No es una película que disfrute con los tópicos de la madurez, tampoco se recrea en la soledad cuando se han vivido ya bastantes años. Es un relato mucho más intimista, tremendamente femenino que, por medio de una propuesta intelectual nos cuenta imágenes sencillas, absolutamente cotidianas.  Hansen-Love llega a dispersar en algunos momentos, principalmente en la última parte, pero no quita para que firme una película honesta, personal y atractiva.

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From → Cine

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