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El gruñón ( Mielensäpahoittaja) (***)

29 septiembre 2016

Un hombre de avanzada edad debe abandonar la pequeña localidad donde vive para recibir un tratamiento de rehabilitación tras una caída. Su mentalidad, anclada en el pasado, choca con las vivencias de la gran ciudad, donde intenta fortalecer el matrimonio de su hijo y ayudar a su nuera para completar una importante operación financiera.

Está claro desde el principio. El protagonista, Mielensäpahoittaja –Antti Litja- se ha quedado anclado en los años de la guerra fría, a principios de los cincuenta, cuando la amenaza provenía del este. También desde entonces lleva un gorro de piel de oso que ya parece formar parte de su cabeza y le proporciona un aspecto peculiar. De esta forma estaba definido el personaje en la novela de Tuomas Kyrö que él mismo adaptó para el cine y se convirtiera en el sexto largometraje de Dome Karukoski, un sólido cineasta finlandés que se sabe desenvolver bien detrás de las cámaras y suele contar sus historia con eficiencia.

Le da igual que su esposa sea incapaz de reconocerle cuando le da de comer. Él piensa, como casi todos, que la pareja permanecería junta hasta el final. No estaba preparado para quedarse sin ella por muy autosuficiente que sea y aunque su esposa lo hubiera abandonado durante seis meses. Lo primero es lo mejor, sostiene: la primera casa, el primer amor, el primer coche… Por eso tiene en tan alta estima su Ford Escort. Es más, prefiere leer su manual de instrucciones antes que cualquier libro. Es un hombre de los de antes, capaz de arreglar el tejado, impedir que las tuberías tengan óxido e instalar un sistema de calefacción. Sabe que si bajas dos grados el termostato, ahorras un cinco por ciento. Esa fue la causa del abandono conyugal durante casi cincuenta semanas por parte de su esposa.

Cultiva el campo con su azada, recoge sus patatas y es el más puro ejemplo de un manitas. Precisamente, un accidente doméstico es el causante de que tenga que acercarse a una de las ciudades más importantes del país para cumplir un tratamiento de rehabilitación. Finalmente, opta por la capital, Helsinki, y se instala en casa de su nuera  Liisa –Mari Perankoski-, una mujer con carrera, independiente, que se ha dado un tiempo con su marido y está preocupada por cerrar un acuerdo comercial del que depende su empleo.

Mielensäpahoittaja nunca se ha bañado en una bañera, sólo en la sauna, no entiende que haya gente de color que hable correctamente finés, ni que el mate pueda sustituir al café. Llama a las cosas por su nombre, y cuando se enfrenta a las modas y terminologías actuales, se queda fuera de juego. Eso sí, a las ocho y media tiene que ver las noticias en la televisión, y tiene sus preferencias en cuanto a los comunicadores se refiere.

El protagonista, que da título al film en la versión original, no piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero reconoce que está en un mundo que no entiende. El tiempo pasa y él representa el anacronismo. La incoherencia se pone de manifiesto desde su misma figura hasta sus propios actos. Lo malo es que también es presa de la tozudez y cree que las cosas se hacen mejor a su manera, Si no, es mejor olvidarlas. Para él, la prisa no existe, y si alguien la tiene es que no se encuentra ni en el momento ni en el lugar acertado.

Por medio de la comedia y de una música grandilocuente de Hilmar Öm Hilmarsson, que es mejor escucharla sola que conjuntamente con las imágenes, Karukoski nos muestra que hay, cuando menos, dos formas de hacer las cosas, y que ambas nos válidas.  No se trata sólo de enfrentar la ordenada y tranquila vida del campo con el vaivén frenético de la gran ciudad.  Más bien, se expone un problema relacionado con el aprendizaje. Muchas veces obviamos la tercera edad pensando que sólo los demás utilizan adelantos modernos o nuevas tecnologías. Mielensäpahoittaja no ha visto jamás un cepillo de dientes eléctrico y desconoce todo sobre Internet. En su juventud vivió tiempos difíciles, por eso es capaz de guardar aquella ropa casi indestructible de antaño y de borrar las respuestas de los crucigramas resueltos a lápiz para que puedan ser aprovechados nuevamente.

Bien contada, el film abusa del diálogo. Apenas da respiro en busca de una comicidad inteligente que funciona la mayoría de las veces. No se trata de forzar las situaciones a causa de un desarraigado por culpa de encontrarse en una época y en un ambiento que desconoce y que apenas le importa. Intenta arreglar el matrimonio de su hijo –Likka Forss- y los asuntos comerciales de su nuera. Lo peor es su tozudez y, aunque la ternura planea sobre el film, hemos de recordar que el infierno está empedrado de buenas intenciones Una afirmación vale tanto para el contenido como para el desarrollo de la película.

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From → Cine

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