Skip to content

Un monstruo viene a verme (A Monster Calls) (***)

7 octubre 2016

Tras la separación de sus padres, un  niño de 12 años, que vive con su madre enferma de cáncer, intenta superar sus miedos con la ayuda de un monstruo que aparece en sus fantasías. Mientras, su calculadora abuela supone el contrapunto de todo aquello que aparece en los sueños del protagonista.

Juan Antonio Bayona cierra su trilogía sobre las relaciones maternofiliales y la muerte con la adaptación de la novela homónima de Patrick Ness que él mismo se encargó de adaptar a la gran pantalla. Por detrás, quedan El orfanato y Lo imposible, que catapultó definitivamente al estrellato la figura  del cineasta barcelonés con la nominación al Oscar de su actriz principal. En este caso, se nota el dinero y la imaginación, hasta el punto de cohesionar personajes reales con una sugerente animación tomando como raíz la acuarela.

Conor –Lewis McDoygall-, tal y como se dice al principio, es demasiado mayor para ser un niño y demasiado joven para ser un hombre. Su padre vive en Los Ángeles con otra mujer y una hija de ambos, mientras que el protagonista se ha convertido en el hombre de la casa puesto que su madre, enferma de cáncer, apenas puede levantarse de la cama. Sufre de acoso escolar en la figura de un compañero abusón y se muestra hostil hacia su abuela –Sigourney Weaver-, quien desea que el muchacho se mude a su casa. Él no quiere, aparte de estar junto a su madre, porque no dispondría de una habitación propia.

Los miedos y las fobias de Conor van en aumento, incluyendo una pesadilla recurrente en la que sujeta del brazo a alguien que está a punto de caer al vacío. En su ilusión, los alrededores se desmoronan, se abre la tierra y el tejo frente a su ventana se erige en protagonista hasta que de él emerge la figura de un gigante, cuya voz en aportada en el original por Liam Neeson y los movimientos por Tom Holland. Un enorme ser que todo lo destruye, siempre cuando el reloj marca las doce y siete minutos, aunque al despertar todo está en orden.

El gigante le propone al chico contarle tres historias a cambio de que, al concluir, sea Conor quien le narre la suya con absoluta sinceridad. La primera es acerca de un príncipe asesino pero querido por su pueblo, la segunda habla de un boticario huraño pero capaz de ayudar a su mayor enemigo, y la tercera se basa en que una persona invisible a los demás puede llegar a ser todavía más transparente cuando los otros notan su presencia. Con ellas, el chaval se hace falsas ilusiones respecto a la enfermedad de su madre.

Es curioso que, tras un primer visionado en Norteamérica se haya comparado a Bayona con Steven Spielberg y que ambos coincidieran este año en una temática semejante. Primero, se estrenó Mi amigo el gigante, basada igualmente en un relato juvenil; ahora nos llega esta otra superproducción gracias a la cual el director español gana al norteamericano en casi todo menos en la sensibilidad. Su película es lacrimógena, desde luego, pero se echa en falta ese toque sentimentalmente cálido, pleno de emociones, del genio de Ohio.

El hecho de que el propio autor de la novela se haya responsabilizado del guion nos obliga a leer entre líneas, a observar detalles descritos con especial sutileza que pueden pasar desapercibidos para el espectador medio. A cambio, introduce personajes poco definidos o escasamente convincentes, como el padre de Conor –Toby Kebbell- o la directora del colegio –Geraldine Chaplin-. La historia se centra el único rol con matices tan bien trazados como sus dibujos a carboncillo. Ni siquiera se madre, interpretada por la siempre sugerente Felicity Jones, apenas tiene secuencias para el lucimiento.

El conjunto está lleno de metáforas que, por medio de un especial cuidado en el montaje de Jason Ballantine, permite lucirse a Bayona en la forma. Sin embargo, un contenido abigarrado, que va desde la reflexión interior hasta las circunstancias más tenebrosas que rodean nuestras vidas, llega a condicionar la propuesta, mucho mejor en la parte narrativa que en el contenido. Apunta, finalmente, a un trabajo comercial, pero quede encontrar su verdadero público de la misma forma que Conor ha de encontrarse a sí mismo, hacer frente a sus miedos, y darse de bruces con la sinceridad.

La cinta es hipnótica, mucho más que la propuesta de Spielberg. Se apoya en una banda sonora inmensa, tan llena de matices como el ejercicio visual de Bayona. Fernando Velázquez ha echado el resto y sería injusto que faltara en la relación de candidatos al Oscar. El tándem que conforma con el director es brillante. Tanto, que cuando no subraya las imágenes y el silencio de apodera del celuloide, nada desmerece con respecto al resto.

Anuncios

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: