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Sully (****)

4 noviembre 2016

En enero de 2009 una noticia dio la vuelta al mundo: un avión comercial, con 155 pasajeros a bordo, había efectuado un amerizaje de emergencia en la desembocadura del Río Hudson, el cauce acuífero en torno al que palpita Nueva York. No hubo ningún fallecido y el piloto Chesley “Sully” Sullenberger fue reconocido popularmente con honores de héroe.

Los hechos acontecieron el 15 de enero de 2009. Tras dos minutos en el aire, el vuelo  1549 de US Airways, que cubría el trayecto desde el aeropuerto neoyorquino de La Guardia y el de Charlotte, denunció la parada de ambos motores a causa de una bandada de pájaros. Su capitán, Chesley Sully Sullenberger –Tom Hanks- decidió retornar pero, considerando que no podría aterrizar en el aeródromo de partida, ni en el vecino de Teterboro, decidió arriesgarse sobre el río Hudson. Los 155 pasajeros salieron prácticamente indemnes.

La historia saltó a los noticiarios de todo el mundo. La imagen del Airbus A320 entre los rascacielos de Nueva York fue portada en todos los diarios. Una noticia positiva relacionada con la aviación, que adquiría mucho más valor tras los atentados de 2001 sobre el World Trade Center. El capitán de la aeronave fue tildado de héroe y el único deseo de su segundo, Jeff Skiles –Aaron Eckhart- era que el incidente no hubiera tenido lugar en julio, puesto que las aguas de la desembocadura del río se encontraban a cinco grados bajo cero. Tal vez, pensamos, unos días antes de aquel 15 de enero hubiera representado un magnífico regalo navideño.

El primer barco de ayuda llegó en siete minutos, cuando buena parte de los viajeros estaban a flote sobre las alas o las colchonetas neumáticas. Salvo algún que otro herido leve, pasaje y tripulación salieron ilesos. La película, en sus créditos finales, incluye un montaje de la reunión de los supervivientes con el capitán Sully en el Carolina Aviation Museum, donde se conservan los restos de la aeronave siniestrada.

Una historia breve, por mucho que esté basada en el libro en el que el capitán recordaba los hechos, pero había que contar con la producción y dirección de Clint Eastwood y la interpretación de Tom Hanks. El veterano cineasta demuestra que su pulso todavía está firme y aunque no rubrica una de las mejores cinco grandes películas de su carrera, ha conseguido que este relato biográfico sea altamente consistente, nos llegue a emocionar y que, por mucho que conozcamos el final de la historia, nos sorprenda en cada secuencia. Y no hablamos de la utilización de los efectos especiales, que mejora sustancialmente lo visto en Más allá de la vida.

El elemento de intriga se incorpora con las pesquisas efectuadas por la Junta Nacional de Seguridad del Transporte –NTSB-, bajo el mando de Charles Porter –Mike O’Malley-, que no sale muy bien parada en el film y se ha quejado airadamente porque la arrojan a los caballos ante un héroe nacional. Sully supo ganarse el cariño de sus conciudadanos. No sólo por su arriesgada maniobra sino también por su forma de actuar ante los medios y en los distintos programas de televisión a los que fue invitado. Hasta hubo establecimientos que crearon un combinado en su honor.

La historia fílmica no se circunscribe únicamente a esos minutos de angustia previos al amerizaje a causa de una bandada de gansos del Canadá, ni a un rescate tan breve como intenso. Se ahonda en la personalidad de Sully, en sus pesadillas como responsable de 155 personas, de la forma en que tuvo que apechugar con todo lo acontecido y que pretendía escurrir corriendo por las frías calles invernales neoyorquinas durante sus abundantes ratos de insomnio. A veces, los compartía con su primer oficial, ya que los recluyeron juntos en un hotel para alejarlos de las cámaras y los curiosos. Otras veces lo hacía con su esposa Lorraine –Laura Linney-, aunque siempre en la distancia porque ella permanecía en su domicilio al cuidado de sus hijos.

Pocos como Clint Eastwood para narrar esta historia humana. No hay superación y sí drama interior, como conllevan muchos de sus mejores personajes cinematográficos. Y Tom Hanks es su punta de lanza que, como el Capitán Phillips y tantos otros de sus roles, tienen que enfrentarse a la realidad y lo hace de una forma natural, pausada y cerebral. Otro héroe racional  al que le saca partido con eficiencia. Apenas hay gritos en el film, ni música. Todo es austero con la incursión amable de alguna sonrisa. Cuando era joven y comenzaba en esto de la aviación, su instructor le dijo que siempre tenía que sonreír. Tras 42 años de experiencia como piloto militar y comercial, se enfrentó a la adversidad más seria planteada por su profesión.

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