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En el bosque (Into the Forest) (*)

28 noviembre 2016

Dos hermanas se encuentran en una cabaña en medio del bosque en un futuro cercano cuando se produce un apagón. Hay rumores de guerra pero lo que de verdad les interesa a ellas es que puedan tener cuanto antes carburante y electricidad para preparar sus respectivos exámenes. Tanto de ballet como universitarios.

Las historias apocalípticas casi siempre son de supervivencia, circunstancia que no sucede al revés. Patricia Rozema adaptó a la pantalla grande la novela de Jean Hegland, que anuncia un mundo futuro apocalíptico en el que, a pesar de los adelantos conseguidos por el hombre, la ausencia de combustible y de electricidad es prácticamente imposible que puedan paliarse. Como en otros casos, los menos, el posible fin del mundo llega de sopetón, especialmente para un hombre y sus dos hijas que habitan en una cabaña situada en medio de un bosque de la Costa Oeste norteamericana y a decenas de kilómetros de lo que pudiéramos llamar civilización.

Prácticamente, con cinco personajes y unos pocos planos en el bosque ya tenemos película. Patricia Rozema se enquista en su propio guion, sin darnos las claves de las razones por las que Robert –Callum Keith Rennie- coge a sus dos hijas y se las lleva al corazón de un bosque, donde vivirán aislados, aunque conectados completamente gracias a la informática. Por lo menos, en Captain Fantastic había un motivo ecológico, un modo de vida. Nos encontramos en un futuro próximo, donde Internet ha sustituido a los libros, pero la energía es fundamental. La luz es necesaria para hacer una vida llevadera y el combustible para ir al pueblo más próximo a por provisiones una vez a la semana.

En esos contactos con la civilización, Eva –Evan Rachel Wood-, la hija mayor, aprovecha para recibir clases de ballet. Por edad, es su última oportunidad para llegar al Ballet Nacional. Su hermana pequeña, Nell –Ellen Page-se encuentra con su novio, Eli –Max Minghella-, antes de regresar a sus estudios en la cabaña y citarse para la semana próxima. De repente, se quedan sin luz. Se habla de un posible ataque terrorista y en un último viaje acusan la falta de combustible. Poco después, la radio deja de funcionar y el padre muere en un accidente al talar un árbol.

Las chicas se quedan solas, únicamente con veinte litros de gasolina que se ven obligadas a racionar. Deben cambiar Internet por los libros y aprender a sobrevivir. Dos hombres se acercan a su vivienda. Eli vive unos días de amor con Nell, pero decide marcharse a la Costa Este, pues hay rumores de que en Boston todo ha echado andar como lo conocían meses atrás. La chica elige quedarse con la hermana quien pronto se queda embarazada después de ser violada por Stan –Michael Eklund- el encargado de un supermercado del pueblo.

Pasan casi dos años después del apagón. Hay presente, pero casi no hay futuro cuando el techo de la casa se viene abajo y las dos mujeres, junto al bebé, deciden instalarse en la inmensa oquedad de un árbol centenario, habilitada tiempo atrás. Están lo suficientemente lejos de cualquier asentamiento urbano, ya que necesitan ocho litros de combustible para llegar hasta allí. Además, las últimas noticias escuchadas antes de que la radio dejase de emitir hablaban de epidemias por falta de agua.

Aquí no hay zombis, muertos vivientes o plagas provocadas por extraterrestres. Simplemente, el apocalipsis llega y las dos protagonistas deben juntar sus esfuerzos, olvidar sus sueños, y aplicarse en la subsistencia. Lejos de Hacia rutas salvajes –Into the West, 2007-, no hay un deseo imperioso de contactar con la naturaleza y descubrir el sentido de la vida. En este relato, hay dependencia de los adelantos tecnológicos, pero su ausencia supone el drama.

La directora se ha decantado por un relato casi claustrofóbico, sin ofrecer una sola distensión en su puesta en escena. El guion no es una disculpa para apreciar la naturaleza. Tampoco hay explicaciones o motivos. Los hechos se suceden, sin más. La película se hubiera hundido en su propia autocomplacencia si no fuera por la atmósfera que consigue su autora y la excelente interpretación de sus actrices, en especial por parte de Ellen Page. El film roza el terror y el thriller, pero no se deja llevar por ellos. El clima funciona gracias a que el espectador siempre piensa que puede ocurrir algo peor de lo que, a la postre, finalmente sucede. Puede mantenerse en tensión, aunque el engaño no aguante toda la proyección.

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From → Cine

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