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Desmontando a Fernando Trueba

3 diciembre 2016

La última película de Fernando Trueba, el único español que posee un Óscar por una obra de ficción y una candidatura al mejor largometraje de animación, ha generado la controversia. Primero, por unas afortunadas declaraciones del cineasta hace alrededor de quince meses; después, por el escaso tirón en taquilla de su film.

Las palabras pronunciadas por Fernando Trueba al recoger el Premio Nacional de Cinematografía no fueron las más acertadas. Ante el Ministro del ramo y toda la España cinematográfica espetó que nunca se había sentido español, ni cinco minutos de su vida. Que en caso de guerra iría con el enemigo y que hubiera preferido que Francia ganase la Guerra de la Independencia.

Ante el revuelo de sus palabras, las matizó poco después, afirmando que había intentado ser gracioso y que, poco más o menos, le había salido el tiro por la culata. No se dio cuenta de que un personaje público es prisionero de sus palabras, como Guillermo Zapata de sus tuits, aunque sólo los repicase. ¿Se imaginan a un funcionario del Ministerio de Cultura bajándose libros, discos o películas de Internet? Poder, puede, pero el deber es otra cosa. Por eso a muchos le suena a falsa su españolidad de los últimos días.

Ni Fernando ni casi nadie esperábamos una campaña en su contra tras el estreno de La reina de España, pero mucha gente le recordó que pese a no haberse sentido español había recogido el Premio Nacional de Cinematografía y no había hecho ascos a los cuatro millones de euros de subvención que, por cierto, no se los pidió a Francia. El resultado que de un presupuesto que supera los once millones de euros, y con casi cuatrocientas copias, la película recaudó en un fin de semana apenas 400.000. Y ahora no es como cuando debutó. Entonces, Arte 7, la distribuidora de Ópera prima compró aforos de forma continuada en el cine Paz de Madrid hasta que el boca a boca llevó a la gente al cine y Fernando, Óscar Ladoire, Paula Molina y Antonio Resines se vanagloriaban de su éxito con algunas anécdotas autoritarias del propio Trueba. Del mismo que dice que tiene más derechos que otros para hablar de España porque paga sus impuestos. Sólo faltaría.

También dijo el cineasta que quienes impulsaron el boicot son violentos y agresivos. No tiene nada que ver con el hecho de que la película sea muy floja y los espectadores se lo huelan. Parte de un cartel que parece de la época de La conquista del Oeste, posee un título poco afortunado y su guion es lamentablemente débil. Además, han pasado quince años desde la primera entrega de lo que pretende sea una trilogía. Ya casi nadie se acuerda de La niña de tus ojos y entonces, como responsables de la historia y los diálogos, firmaban también su hermano David y el desparecido Rafael Azcona. Que Fernando Trueba merezca el boicot, ni siquiera nos lo planteamos, que lo merezca la película es un hecho contrastado. Y no vale que el cineasta sostenga que vamos contra el cine español cuando arremetía contra productos nacionales de semejante naturaleza, astracanada y risa fácil, cuando era crítico de El País.

Dicho esto, Navidades de película es lo que deseamos para todos. De lo visto previamente a lo que se estrena este mes, recomendaríamos la espléndida Hasta el último hombre, de Mel Gibson, Paterson  y Los últimos de Filipinas. Previo a la Navidad veremos la adaptación de Assasin’s Creed, con Michael Fassbender, Marion Cotillard y Jeremy Irons. Tiene buena pinta.

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From → Cine

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