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Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge) (****1/2)

5 diciembre 2016

Durante la II Guerra Mundial un objetor de conciencia llamado Desmond Doss se alistó en el Ejército estadounidense para servir a su país. Contrario a empuñar un arma, fue adscrito al cuadro médico en la cruenta batalla de Okinawa. Allí dio muestras de un valor y un compañerismo tan temerario como inigualable.

Hay episodios altamente sangrientos que tuvieron lugar durante la II Guerra Mundial. El séptimo arte se ha volcado preferentemente con los momentos más álgidos, pero casi siempre los más cruentos se han mostrado en los enfrentamientos entre norteamericanos y japoneses. Steven Spielberg recrudeció el desembarco de Normandía, pero entre los episodios concretos, John Irving fue especialmente descriptivo con el horror en La colina de la hamburguesaHamburger Hill, 1987-, aunque se trate de un episodio relativo a la Guerra de Vietnam. Bien podría decirse que, desde entonces, hubo barra libre con respecto a las imágenes más horrorosas de la lucha cuerpo a cuerpo.

Un director especializado en no guardarse nada en sus propuestas como Mel Gibson ha encontrado en la biografía de Desmond Doss –Andrew Garfield- el vehículo más apropiado para mostrarnos planos pavorosos, espeluznantes. El soldado Doss fue condecorado por su participación en la toma de Hacksaw Ridge, una colina que se enmarca dentro de la Batalla de Okinawa, una de las más sangrientas de la Guerra del Pacífico y cuyo contexto general fue narrado en 1971 por Kihachi Okamoto. Esa colina, situada junto a la playa, resultó un cementerio para decenas de estadounidenses, que debían trepar por una pared escarpada tras lo cual eran abatidos por la artillería y la infantería nipona.

En ese contexto destacó el protagonista de esta historia, un hombre de profundas convicciones religiosas, que se alistó en el ejército como anteriormente había hecho su intransigente padre –Hugo Weaving- y posteriormente su hermano. Aplazó su boda con Dorothy Schutte –Teresa Palmer- y comenzó su instrucción aunque con un requisito fundamental, no estaba decidido a coger un arma, sólo a desempeñar acciones humanitarias dentro del cuadro médico. Su actitud le supuso la reprobación de sus compañeros y la repulsa de sus superiores, especialmente del coronel Stelzer –Richard Roxburgh-, del  capitán Glover –Sam Worthington- y del sargento Howell –Vince Vaughn-.

Cuando llegó el momento de entrar en combate, fue destinado con su unidad a Hacksaw Ridge, bajo las órdenes de Howell y del teniente Manville –Ryan Corr-. De forma inesperada, se convirtió en un héroe de guerra cuando fue bajando uno a uno varias decenas de compañeros heridos durante la acción bélica por el muro que serpenteaba la playa. En su acción, lo único que imploraba a Dios era que le diese fuerzas para bajar un soldado más, y otro más. Así hasta más de setenta. Su acto convenció tanto a sus jefes como a sus compañeros, entre los que destacaban Smitty –Luke Bracey-, Milt Hollywood –Luke Pleger-, Randall Teach Fuller –Richard Pyros- y Grease Nolan –Ben Mingay-. Fue el primer objetor de conciencia condecorado con la Medalla de Honor.

Después de un descenso a los infiernos debido a problemas personales y familiares, el mejor Mel Gibson ha vuelto. Dirige con pulso firme una historia ejemplarizante de fe y valor. No da respiro al espectador y firma una de las mejores películas bélicas en lo que va de siglo. Se apoya en interpretaciones coherentes, con actores que, en principio, no parecían destinados a esos personajes, como Vince Vaughn o el Spiderman Andrew Garfield. Todos ellos terminan siendo más convincentes de lo esperado, aunque es Teresa Palmer quien se lleva la mejor parte en cuanto a su actuación se refiere.

A un conjunto eficiente, salpicado con imágenes salvajes que se quedan durante mucho tiempo en nuestra retina, no se queda atrás la partitura de Rupert Gregson Williams, una de las más brillantes y atractivas del género en mucho tiempo. Es cierto que Gibson, como director, nunca ha dejado lugar para las sutilezas. Véase Apocalypto o La pasión de Cristo. Tampoco ha hecho concesiones esta vez, pero la dureza de muchos de sus planos se compensa con la calidad. Es una película para degustadores del buen cine, y los amantes del género bélico saldrán más que satisfechos puesto que su denostado artífice eleva algunos de sus pasajes al exclusivo cajón de la antología. Hecha con talento, pero también con las entrañas, no alcanza el valor de la magnífica Braveheart pero se queda bastante cerca.

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From → Cine

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