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Fiesta de empresa (Office Christmas Party) (*)

7 diciembre 2016

Cuando su hermana, responsable de la empresa, anuncia que cerrará la sucursal que Clay preside en Chicago si no mejora sus resultados antes de final de año, éste se juega su fortuna en una acción desesperada. Para atraer al cliente que puede salvar la oficina y a sus empleados, organizará la fiesta de empresa más espléndida que se recuerde.

¡Fiesta, amigos! Con la llegada de la Navidad llegan las películas familiares pero desde hace unos pocos años se cuela, y no precisamente de rondón, alguna comedia desmadrada reservada al público adulto. En esta ocasión le toca ale turno al tercer largometraje firmado por Josh Gordon y Will Speck. Una comedia alocada, digna de estas fechas que contiene todos los ingredientes necesarios, incluso los tópicos, para triunfar entre los espectadores que quieran pasar un buen rato. Lo mejor para empezar una fiesta.

Clay –T.J. Miller- es el CEO de la sucursal de una empresa de soporte tecnológico que tiene a Josh –Jason Bateman- como su mano derecha. El anterior dueño del negocio, el padre de Clay, que llevaba las riendas con cariño y respeto hacia sus empleados, ha fallecido recientemente y su hija, Carol –Jennifer Aniston-, aspira a convertirse en presidenta del consejo de administración. Ha cerrado una de las sucursales por sus bajos beneficios y exige el doble de los réditos esperados a la de Chicago para no clausurar también la de Chicago, justamente en la que trabajan nuestros protagonistas. De momento, ha suspendido la habitual fiesta de empresa previa a la Navidad.

Disponen de dos días mara mejorar su balance y tanto Clay como Josh, recién divorciado, junto a Tracey –Olivia Munn-, que estuvo a punto de ser pareja del anterior, intentarán convencer a Walter –Courtney B. Vance- para que firme un suculento contrato. Si así fuera, Carol carecería de argumentos para seguir adelante con su plan. Por eso, deciden convocarlo a una fiesta que, a pesar de las indicaciones de la jefa, se debería de celebrar por todo lo alto para obtener el contrato.

Honestamente, suponemos que no hacen falta cuatro guionistas para establecer las líneas argumentales de esta comedia. Visto su desarrollo, da la impresión de que cada uno ha aportado varios de los tópicos que se pueden encontrar en este tipo de producciones. Véase, por ejemplo, la aparición de un deportista famoso, en este caso Jimmy Butler, de los Chicago Bulls; la presencia de un DJ; el chico que presume de una novia guapa -Oliver Cooper- y que contrata a una prostituta para la ocasión, y de los que se encargan Nate –Karan Soni- y Savannah –Abbey Lee-, responsable de recursos humanos; sin olvidarnos de los ciclotímidos que terminarán abrazándose sin pudor, representados por Jeremy –Rob Codry- y Allison –Vanessa Bayer-. También hay lugar para un elemento de acción, que en este caso incorpora una espléndida Jillian Bell –Trina-, gracias a un personaje de personalidad dual que tanto te hace una caricia que te coloca una pistola en la boca.

Todos los ingredientes juntos, hilvanados con cierta eficiencia, desembocan en una comedia que da juego. No engaña a nadie y, aunque tampoco convenza a la mayoría desde el punto de vista cinematográfico, nadie puede ignorar que ha pasado un buen rato gracias a su visionado. La intriga es banal, y el desarrollo resulta menos transgresor que esas propuestas protagonizadas por James Franco y sus amigos, como Juerga hasta el fin. Desde luego, está mucho más cerca de Los tres reyes malos.

Con Jennifer Anniston como cabeza de cartel podemos imaginar que los márgenes de la historia son políticamente correctos. Ella siempre tiene un límite que termina donde empieza el mal gusto. Si hay que pasarse de la raya se deja para Jason Bateman, que tiene que tragarse el líquido que cae a través del pene de una escultura. Lo de la cocaína accidental que da un giro a los acontecimientos, es privativo también de los demás. Una cosa es ser experta en defensa personal y otra muy distinta que se le arrugue la falda.

Esta comedia coral está destinada a ser uno de los referentes de las fiestas que se avecinan. No se aprovechan las festividades de su semana de estreno porque la presentación en sociedad es simultánea para los países más rentables y manda el calendario de Estados Unidos. De ahí que no haya llegado hasta el día siete de diciembre y no antes. Posee todos los ingredientes precisos para no defraudar a quienes busquen entretenimiento o un punto de desbordamiento en grupo. Va desde el milagro navideño a una cierta escatología que incluye ventosidades y fotocopias en tres dimensiones de órganos genitales. Unas situaciones funcionan mejor que otras y representa un buen ejemplo del producto que resulta eminentemente comercial aunque sacrifique y se aleje desde el primer momento de aquello que podemos entender como calidad.

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From → Cine

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