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249. La noche que una becaria encontró a Emiliano Revilla (*)

8 diciembre 2016

El empresario Emiliano Revilla estuvo secuestrado por la banda terrorista ETA durante 249 días. El fin de su cautiverio tuvo lugar un sábado de octubre y la primera persona que lo vio en libertad fue una ex becaria en la Agencia EFE durante el verano anterior. En compañía del yerno de la víctima, el también periodista Jesús Álvarez, repasan los hechos.

El 24 de febrero de 1988, el empresario Emiliano Revilla fue secuestrado en la puerta de su casa, en la madrileña Plaza de Cristo Rey. En principio, se atribuyó la acción a delincuentes comunes, dado que la banda terrorista ETA había pactado una tregua de sesenta días con vistas a las negociaciones que estaban previstas en Argel con miembros del Gobierno presidido entonces por Felipe González. Al constatar la verdadera autoría del secuestro, las autoridades españolas dieron por quebrado el pacto.

La captura de Revilla conmocionó a la opinión pública española, ya que se trataba de un civil que, además, era muy querido en la localidad soriana de Ólvega, Soria, en la que ubicó su famosa fábrica de embutidos. Fue liberado el sábado 30 de octubre del mismo año. Apenas habían sobrepasado las manecillas del reloj las dos de la madrugada cuando fue abandonado en una arboleda de un centro médico próximo. La primera persona que lo vio fue una ex becaria de la Agencia Efe, María José Sáez, quien le acompañó hasta las proximidades de su casa hasta que contacto con el yerno del industrial, el también periodista Jesús Álvarez.

Luis María Ferrández, con tres cortos y un documental a sus espaldas, alterna en este trabajo el documental y la ficción. La parte primera se nutre de un encuentro, a lo largo de una jornada, y tras 28 años sin verse, entre los dos periodistas que más tuvieron que ver con el caso. María José y Jesús recuerdan los hechos que desembocaron el premio Ortega y Gasset obtenido por ella. Encontró a Mariano Revilla cerca de su casa, lo condujo hasta prácticamente el portal y, por medio de un número telefónico que non estaba pinchado por las fuerzas del orden, se puso en comunicación con el marido de Margarita Revilla. Luego, condujeron al liberado por el garaje de su domicilio.

La primicia periodística fue comunicada al responsable de guardia de la Agencia EFE, Emilio Oliva, a quien le informaron que estaba embargada hasta poco después de dos horas. Tras personarse en el lugar de los hechos, confirmó la veracidad de la noticia y fue él mismo quien informó a Presidencia del Gobierno. Emiliano Revilla apareció con ropa nueva, tras adelgazar quince quilos, una bolsa de plástico que contenía una tarta de pera y una carpeta con varios de los dibujos que pintó en su cautiverio.

Ferrández relata los hechos. Como quiera que la entrevista entre los dos periodistas, filmada con ambos sentados en sendos asientos y sin desplazamiento alguno, pudiera quedarle coja, subrayó los acontecimientos con secuencias de ficción en las que Beatriz Medina encarna a María José Sáez y Maricio Bautista a Jesús Álvarez. Se ofrecen imágenes ficticias del cautiverio, con tres secuestradores (Macarena Gómez, Javier Antón y Jaime Palacios) y el propio Emiliano Revilla (Txema Blasco). Rebeca Sala encarna a su hija Margarita y Alberto Jiménez a Oliva.

Hay que destacar el intento por ofrecer todos los detalles de lo sucedido aquella noche, incluso recurriendo a imágenes de archivo de la Agencia EFE y repitiendo la presencia en el balcón de su casa del matrimonio Revilla, su hija y su yerno, que quedó para el recuerdo. Como ficción, resulta atractiva, aunque pobre de diálogos y con escasa tensión dramática. Como documental, quedan bastantes cosas en el tintero. La principal, el rescate abonado por los más allegados al empresario soriano, y que se cifró en su día en más de mil millones de pesetas –seis millones de euros-, abonados en dos plazos.

El carácter documentalista del responsable de este trabajo se evidencia en algunas grabaciones recuperadas de informativos de Radio Nacional de España, aunque algunos datos aportados por la ficción no se ajusten en programas y horas a la realidad. Tampoco se hace alusión a las partidas de tuve jugadas durante el cautiverio por los secuestradores y su víctima. El intento de recuperar uno de los sucesos más conocidos de la por entonces joven democracia es loable, pero cinematográficamente deja muchas lagunas y acusa una evidente escasez de medios.

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From → Cine

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