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Migas de pan (**)

12 diciembre 2016

Liliana Pereira fue una activista política apresada y torturada por la dictadura uruguaya en el último cuarto del pasado sigo. Al regreso a su país después de haberse exiliado en España, se encuentra con un hijo al que prácticamente no la conoce después de que le fuera retirada su custodia, y con unos ex compañeros que pretenden reivindicar su memoria.

El 27 de junio de 1973, Juan María Bordaberry, presidente electo perteneciente al  Partido Colorado, disolvió la Cámaras y creó un Consejo de Estado en Uruguay con el que se inició una dictadura cívico-militar que se extendió hasta 1985. A él le sucedieron otros tres mandatarios designados por las Fuerzas Armadas. Fue un período oscuro en el que los partidos políticos no tenían cabida y donde estaba anulada la libertad de prensa. Desgraciadamente, aquellos años no tuvieron tanta trascendencia como las consecuencias emanadas de las dictaduras aplicadas en países vecinos como Argentina y Chile.

Nacida en Montevideo, Manane Rodríguez, una cineasta que ha firmado toda su carrera en España, y que llevaba en silencio desde 2008 –Un cuento para Olivia-, presenta la primera coproducción con su país, lo que le ha servido para ser seleccionada como candidata al Oscar al mejor film de habla no inglesa.  El núcleo de la película no está basado en la experiencia personal de alguna de tantas represaliadas por el régimen. Se fundamenta en hechos reales, pero en una amalgama de situaciones, por lo que las víctimas y verdugos no se corresponden con personajes reales.

Liliana Pereira es el epicentro de la acción. Se trata de una joven universitaria y madre soltera, participante de las luchas estudiantiles contra la dictadura. Liliana –Cecilia Roth- vive en Galicia. Tiene un amigo especial  Roberto –Patxi Bisquert- y frecuenta la zapatería de Betanzos regida por Venerando –Ernesto Chao-,  otro personaje exiliado. Unas imágenes de 2011 que mostraban a unos soldados uruguayos abusando sexualmente de un haitiano le remite a los secesos de que fue protagonista tiempo atrás. Un largo flaschback nos muestra su historia desde que fue apresada por la milicia, su tortura y violencia por parte del Mayor Garone –Quique Fernández-, y su posterior supervivencia en el penal de Punta de Rieles.

Hasta cumplir su condena, y aún incluso después, sobre la cabeza de la joven Liliana -Justina Bustos- pendía la espada de Damocles de Garone quien, aparte de los vituperios y los abusos de todo tipo, le privó de la patria potestad de su hijo Diego, En el penal, junto a otras internas condenadas por delitos semejantes y que sufrieron iguales castigos, pudo sobrellevar la difícil carga gracias a personajes como Graciela –Stefania Crocce-. Otras, ni siquiera pudieron resistirlo y pusieron fin a su vida de forma prematura.

Con el nacimiento de su primer nieto, la protagonista decide regresar a Uruguay. Allí se encuentra con Diego –Ignacio Cawen-, que desconoce lo sufrido por su madre, y con antiguos compañeros de lucha, dispuestos a denunciar a sus verdugos. Ahora tiene que elegir entre lo que le pide su corazón y lo que le dicta su conciencia.

Los personajes están bien trabajados y la puesta en escena de Manane Rodríguez es fiable y segura. No le anda a la zaga la interpretación, con una Justina Bustos que representará un descubrimiento estas latitudes por su profesionalidad y su belleza. Mantiene el pulso, y eso ya resulta muy significativo, con Cecilia Roth. A destacar también el debut en la pantalla grande Quique Fernández, que encarna un malvado con acierto. Da la sensación de que es todo un veterano. Significativo el hecho de que el tema principal de la banda sonora sea Palabras de Julia, musicada por Paco Ibáñez a partir de un poema de Juan Goytisolo, muy asociado a la lucha de la izquierda uruguaya.

Diversos méritos acumulados en esta propuesta si la enjuiciamos como algo único, sin otras referencias. En el plano histórico, llega tarde, tanto por su temática como por la denuncia que lleva a cabo. Los dramas carcelarios han ido perdiendo fuerza desde el éxito de La casa de cristal -1972- hasta la impresionante En el nombre del padre, una década después. Desde entonces, nos han llegado a cuentagotas y ni siquiera el éxito televisivo de Prison Break los ha resucitado. Por lo que se refiere a los delitos y abusos por parte de la dictadura cívico-militar uruguaya, debieron de haber sido puestos en evidencia mucho antes en el cine. Hasta ahora, las ficciones sobre el tema han sido escasas y tardías, lo que no se arregla con esta producción.

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From → Cine

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