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Villaviciosa de Al Lado (-)

17 diciembre 2016

El pueblo está pasando por horas bajas. Su mayor fuente de ingresos, el balneario, está a punto de cerrar. La euforia se desata cuándo sus habitantes se ven favorecidos con el gordo de Navidad aunque hay muchas dificultades para cobrar las participaciones. ¿Quién le dice a su familia que lleva un pellizco del número jugado en la casa de citas del lugar?

A nadie sorprende que Villaviciosa de Al Lado se haya convertido en el film español más taquillero de las últimas semanas de 2016 y en uno de los más rentables del año. Cinematográficamente hablando, no da mucho juego, pero el atractivo que ejerce su argumento y un reparto generoso con la comedia han sido puntales decisivos para asegurar su éxito. Viene de la mano de Nacho G. Velilla, creador de la serie televisiva Aida, y cuenta con Carmen Machi como cabecera de reparto, dando vida a Mari, la propietaria del lupanar donde ha caído el Gordo.

La cinta no busca otra cosa que entretener, y eso lo consigue, aunque sus valores sean tan escasos como efímeros. El punto de partida es atractivo. Nos encontramos con una localidad que se va a pique por culpa de las corruptelas del alcalde –Leo Harlem- y la aquiescencia de una corporación a la que le va el compadreo. Una víctima mortal en el balneario que sustenta la economía local coloca a sus habitantes al borde de la bancarrota. La única esperanza es que Carlos –Jon Plazaola-, el hijo del regidor, se case con Elisa –Belén Cuesta-, la hija del presidente de la Diputación y que éste destine tres millones de euros para reflotar el susodicho balneario.

Pero la diosa fortuna es caprichosa y el destino quiere que el Gordo de Navidad caiga en el pueblo, pero no en una casa cualquiera. Nada menos que en el prostíbulo de las afueras y la mayoría de los varones del pueblo, al menos los más destacados, llevan una o más participaciones. ¿Cómo se lo explican a sus familias? Las esposas, con la mosca detrás de la oreja, vigilan los pasos y las cuentas de sus maridos, que tienen tres meses para cobrar su dinero o se quedará para siempre en el lupanar.

Se intentan todos los trucos posibles, que pasan por mandar a Nino –Salva Reina-, pero el tonto del pueblo se enamora perdidamente de una cubana del local de alterne, al que llega Sole –Macarena García-, una debutante en el oficio más viejo del mundo que, desde el primer momento, llama la atención del hijo del alcalde. Después, incluso se intenta el robo aprovechando la procesión local, aunque todo apunta que Villaviciosa de Al Lado se quedará sin recursos y sus habitantes no tendrán más remedio que poner a la venta sus casas y sus negocios.

Una cosa es el argumento y otra el desarrollo. En este último aspecto recuerda a las comedias más vulgares de Mariano Ozores, cuyos guiones se retocaban durante el doblaje conforme a lo que dictaba la actualidad. En esta ocasión se apunta a un regidor corrupto y de derechas. No sé si soy corrupto porque soy político o si soy corrupto porque soy político, apunta el personaje del debutante Leo Harlem, que se muestra solvente ante las cámaras, aunque sus movimientos sean menos acordes que su verso, como le sucede a Arturo Valls en su caracterización del pesimista César. En medio, la oposición de izquierdas, uña y carne con el alcalde. Carlos Santos, el Povedilla de Los hombres de Paco, recuerda con su coleta y el resto de su aspecto físico al líder de Unidos Podemos.

La película discurre entre chascarrillos más o menos afortunados y ciertas alusiones a la actualidad que reducen en cierta forma su recorrido en el tiempo. Sin embargo, hay pasajes colaterales sin desarrollar que hubieran merecido la pena, como la antigua historia de amor entre Mari y Anselmo, el alcalde. Se ha sustituido por un romance metido a calzador entre el hijo de éste y la chica recién llegada al prostíbulo. Las chapuzas de los políticos se quedan en anécdota y ninguno de los personajes está desarrollado convenientemente como para que lo tengamos en cuenta. La presencia del párroco negro nos deja sin palabras.

Esta producción se recordará más por su trama que por cualquier otra razón. Ni siquiera el nivel interpretativo mejora la media, con una Carmen Machi que parece empeñada en demostrar que ella dirige el negocio de chicas de moral distraída pero que en ningún caso es una de ellas. Tampoco destaca el vestuario ni la puesta en escena cuyo lenguaje, salvo un par de secuencias, parece más televisivo que cinematográfico. La farsa huele a rancio y los chistes a licor añejo a punto de avinagrarse. Todo es demasiado evidente, lleno de estereotipos y nada creativo. Pero funciona en taquilla.

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From → Cine

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