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Desierto (*)

9 enero 2017

Un grupo de latinos intenta dejar atrás la frontera mexicana para internarse en Estados Unidos cuando es descubierto por un demente que, con la caza como pretexto, disfruta matando inmigrantes. Comienza así un duelo entre el tirador asesino y Moisés, el más atrevido de los viajeros.

El drama fronterizo, con los inmigrantes que intentan superar la frontera con México para encontrar una vida mejor en Estados Unidos vuelve a ser tratado una vez más en la gran pantalla. En esta ocasión, a cargo de Jonás Cuarón, hijo del oscarizado Alfonso Cuarón, quien colabora en la producción del film, y a quien todavía le queda mucho terreno que recorrer para estar a la altura de su padre.

La acción se centra en Moisés –Gael García Bernal, que forma parte de un grupo transportado en un camión cuyo destino son los Estados Unidos. Cuando en pleno desierto el vehículo sufre una avería, Moisés, mecánico de profesión, afirma que ha de ser remolcado. De esta forma, el grupo queda prácticamente abandonado a su suerte, aunque se mantiene la escolta de los intermediarios que debiera conducirle a la tierra prometida, Mechas –Diego Cataño- y Lobo –Marco Pérez-.

Pero un enemigo huele la sangre. Se trata de Sam –Jeffrey Dean Morgan-, un cazador demente de la frontera que disfruta matando emigrantes con su rifle de precisión y mira telescópica. Le acompaña su fiel perro, tan asesino como él, ya que se tira al cuello de los que huyen provocándoles la muerte después de haberles sesgado la yugular.  Poco tiempo después sólo quedan vivos el mencionado Moisés y Adela –Alondra Hidalgo-, una joven a quienes sus padres pagaron el viaje junto a un conocido, que debiera escoltarla pero que hubiese abusado de ella si el protagonista no llega a pararle educadamente los pies.

La película se convierte en un juego mortal que enfrenta al gato y al ratón. Se desarrolla en el desierto, donde te puedes encontrar entre los cactus a una mortífera serpiente de cascabel, pero podría haber sucedido en un caserón retirado, o en un lugar tan paradisíaco como solitario al que llegan unos cuantos excursionistas. El desarrollo lo conocemos. Un asesino que intenta liquidar a todo el grupo y que, para entretenimiento del espectador, va liquidando uno a uno a todos sus componentes.

Desde su debut, Jonás Cuarón ha mejorado ostensiblemente como cineasta, aunque no sabemos cuanta parte de su simple aunque buena factura le corresponde a él y no al conjunto de la familia, encabezada por su padre. No arriesga demasiado en la puesta en escena pero relata la historia con sencillez y cierta eficacia. Ahí se acaba el proyecto si exceptuamos la aportación de los dos actores principales, bastante creíbles en sus papeles. El argumento se ha dejado en el tintero partes de una trama que podría haber resultado mucho más atractiva.

El problema de la emigración ilegal se deja únicamente en la superficie y las cuestiones morales su subliman en aras de una acción mal entendida, puesto que lo cortés no quita lo valiente. Solamente hay una propuesta directa en lo que se refiere a la violencia de género, pero no se pone en una balanza la pérdida de un animal querido con la indiferencia por el asesinato de una docena de personas.

La estructura es como la de esos filmes de terror en el que un grupo llega a un paraje solitario y se encuentra sin comunicación ni medio de transporte para regresar, ya sea por un alud, un temporal de nieve, cualquier otra catástrofe natural; o, simplemente, porque deciden acampar allí. El resto, ya se conoce. En la película de Jonás Cuarón sucede algo parecido cuando la camioneta que lleva a los inmigrantes se queda varada en el desierto. Curiosamente, en medio de la nada tienen cobertura pero no consideran que alguien pueda acudir en su ayuda.

El siguiente paso es el duelo hasta el final entre el líder del grupo, o al menos el más afortunado o quien mejor se adapta al medio, y el asesino en serie. Con más o menos aditamentos, se llega al final en el que cualquiera de los dos, y hay ejemplos en ambos sentidos, puede salir victorioso. Cambia el escenario pero no la historia, que sigue siendo tan lineal, ramplona y superficial como los ejemplos que hemos visto  anteriormente por docenas y con desigual fortuna.

From → Cine

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