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Nacido en Siria (**1/2)

14 enero 2017

Documental que narra la hégira de los sirios quienes, en número superior a los cuatro millones, han abandonado su país desde el inicio de la guerra civil. A través de las miradas de unos niños, el autor narra desde la llegada a las costas europeas de los refugiados hasta su intento de asentarse en Alemania o Bélgica.

Después de Nacido en Gaza, el cineasta bonaerense Hernán Zin continúa la saga con el relato del gran éxodo de Siria, donde se calcula que más de cuatrillones de personas han dejado el país desde el comienzo de la guerra civil y han intentado asentarse en Europa como refugiados. En el Viejo Continente la respuesta ha sido desigual, pero países Alemania y Bélgica se erigen como los Eldorado de quienes dejaron atrás su casa, e incluso su familia.

Arrancamos en la isla de Lesbos, en Gracia, punto de destino tras superar el Mediterráneo y el inicio de otra aventura, igual o mayor que la que dejaron atrás. Creían los desplazados que la mayor parte de sus problemas se acabarían al pisar suelo europeo, pero pronto se dan cuenta de que se ciernen sobre ellos otros tan graves de índoles político y social. No hay guerra, pero sí rechazo en muchas ocasiones, hacinamiento, falta de recursos y las dificultades de un nuevo idioma, así como las barreras con que se topan para conseguir el estatus de refugiado o reagrupar el núcleo familiar.

La propuesta, impecable desde el punto de vista técnico, resulta tramposa en muchos aspectos. El principal, que se centra en siete niños, inicialmente una veintena según el autor, lo que eleva la carga dramática. Hay momentos en que se convierte en un falso documental y para paliar la ausencia de voz en off se recurre a manifestaciones de diferentes líderes políticos de los países con intereses en el conflicto. Posiblemente, la realidad sea mucho peor de lo que se nos cuenta, y resulta palpable al ver lo que queda de las ciudades destruidas, pero se ha querido tomar tanto partido que se desdibuja la propuesta, al tiempo que da una cierta sensación de que todo se cuenta de forma deslavazada por mucho que se recurra a fechas y situaciones claves en esta historia, de por sí lamentable, y que significa el mayor desplazamiento de personas desde la Segunda Guerra Mundial.

Repasamos la cruda realidad con el protagonismo de varios niños. Marwan tiene trece años, y antes de subirse a la patera estuvo trabajando en un taller ilegal de ropa para conseguir el dinero con el que viajar a Europa. En su ciudad vio un coche con cabezas cortadas dentro y su padre reaccionó de inmediato: Vámonos a Turquía. Arasulí, a sus doce años, manifiesta que lo más miedo le daba de la guerra era el Daesh. Gaseem es dos años mayor y pasó varias semanas durmiendo en una estación de trenes húngara. En Damasco dejó a sus padres al cuidado de sus abuelos, y recuerda como en su pueblo tiraban barriles de cloro tóxico sobre sus casas.

Jihan es la mayor, quince años. No deja su teléfono móvil. Junto a su padre, intenta traer a Berlín al resto de su familia, especialmente a su madre. Con diez años, a Kais no le han dicho que sus padres han muerto. No recuerda nada desde que fue alcanzado durante un bombardeo a setenta kilómetros de Alepo. Su tío le ha llevado a Turquía para que pueda recuperarse de las quemaduras que han maltratado su cuerpo. También con su tío, convertido en padre, se ha desplazado Hamude, de ocho años. Mohammed, de 13 años, juega con sus amigos y lleva a cabo una existencia rutinaria esperando algo mejor de cara al futuro.

Poco sabemos del estilo de vida que llevaban estos niños en su país. Hernán Zin sólo mira al presente y al futuro para mostrarnos el drama inhumano de los refugiados, pero el documental se queda cojo. Nació después de que el autor viese las imágenes de Aylan, el niño sirio ahogado en una playa turca, que también se recuerda en esta producción. De ahí que los más pequeños, los más endebles, sean la punta de lanza con la que pretende hacernos reflexionar. Lástima que sus ideas se trasmitan entremezcladas, dando preferencia a los hechos cronológicos y no a la cruda realidad de cada uno de sus protagonistas. Hay muchas denuncias a medias, como las mafias que se aprovechan del horror y la inmisericordia.

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From → Cine

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