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Los del túnel (-)

18 enero 2017

Varias personas son rescatadas después de permanecer quince días atrapadas en un túnel. Después del incidente se reúnen cada viernes y todos parecen haber encontrado nuevos argumentos para ser mejores personas y esforzarse por los demás. A excepción de Toni, que representa al bufón del grupo y que tampoco está muy de acuerdo con su vida.

Es difícil encontrar una película que no plantee un punto de partida interesante o que no proponga una idea destacable. Lo difícil es desarrollarla con acierto y eso es precisamente lo que falla en esta ópera prima firmada por Pepón Montero con guion firmado al alimón con Juan Maidagán. La idea inicial no es baladí, ya que se plantea lo le ocurre a un grupo de personas que han sido protagonistas de un accidente. En este caso, de un desprendimiento en un túnel de carretera próximo a Madrid del que fueron recatadas con vida catorce personas, una de ellas en coma, y en el que se registró una víctima mortal. Lo que la echa por tierra es la forma en que se presenta, tanto a nivel artístico como literario.

Se trata de personajes de muy distinta condición social, entre los que figura un empresario adinerado –Manel Barceló- que viajaba con su hija y su esposa –Neus Asensi- que, desesperada por la falta de atención, se había entregado tanto a la bebida como al jardinero. También hay una pareja gay, compuesta por un concejal de una pequeña localidad de Toledo –Manolo Solo- y su compañero, incapaz de declarar a la familia su condición –Enrique Martínez-. La única víctima mortal era el marido de una mujer que se acerca más a sus padres después del accidente –Teresa Gimpera y Jesús Guzmán-, mientras que también  pasaban por allí un personaje compulsivo –Natalia de Molina-, un joven delincuente –Álex Batllori- y una pareja de policías nacionales. Uno de ellos, que permanece en coma en el hospital, mientras que el otro –Raúl Cimas- es quien toma las decisiones en nombre del resto.

Restan dos personajes más, un repartidor de origen sudamericano que se desplazaba con su furgoneta –Abraham Fuya-, y Toni, un tipo que quiere hacerse el gracioso y que piensa solamente en sí mismo. Precisamente, él es el eje de esta función coral y en el que se concentran los méritos, escasos, y los deméritos. Lo encarna Arturo Valls, que también ejerce de productor, lo que termina por lastrar una película incapaz de salir al exterior salvo un par de secuencias alrededor del túnel que desencadena los hechos. El ejercicio de su puesta en escena es más bien pobre y falto de recursos.

Arturo Valls pretende que sus chistes nos hagan gracia. Peor que eso. Nos señala a lo largo de los aburridos cien minutos de proyección cuando tenemos que reírnos y cuando hemos de emocionarnos. Lo que pudiera ser una comedia dramática o un melodrama sobre las consecuencias traumáticas de un incidente como el que plantea el film se queda en su mayor parte en una simple anécdota para el lucimiento de la estrella. Sin embargo, las gracias de Valls son limitadas. Valen para la televisión, donde puede subyugar a un grupo muy delimitado de espectadores, pero en cine se necesita algo más.

No hay psicólogos que traten a personajes traumatizados y lo que se pretende hacer ver es que todos los supervivientes se manifiestan como mejores personas y con gran alegría de vivir, mientras que el sufrido lamenta que no le salgan las cosas bien hasta erigirse después como el personaje más auténtico y noble. Para llegar a este punto hemos de conocer a su familia. Sole –Nuria Mencía- es una esposa pusilánime, centrada en su tienda de fotocopias, que apenas habla con su marido. Tienen una hija, a caballo entre gótica y punk, que deambula por la casa con su novio sin que ninguno de ellos articule media palabra.

Efectivamente, Toni es un desgraciado. Lo malo es que sus chascarrillos son tan desafortunados como su propio personaje, que ni siquiera está mejor o peor diseñado que el resto.  Resultado: las interpretaciones tienen poco con que lucirse y, a excepción de Nuria Mencía, todos parecen deambular sin sentido por la pantalla declamando frases superficiales y nada contundentes. Lo sentimos por Neus Asensi, Natalia de Molina y el resto del elenco. Es lo que ocurre cuando toda la producción se deja en manos de su estrella y no se alcanzan los mínimos exigidos. Lo mejor es la frase con la que Arturo Valls cierra la película. Lástima que haya que esperar poco más de hora y media para disfrutarla.

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From → Cine

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