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Terra Formars (Terraformars) (*)

21 enero 2017

Basada en el manga homónimo, se centra en la súper población que afecta a la Tierra. Por ello, se manda en el siglo XXI una nave espacial llena de musgo y cucarachas para hacer habitable Marte. En 2599 son enviadas quince personas seleccionadas entre lo peor de la sociedad con la misión de colonizar el Planeta Rojo, pero se encuentran con un enemigo imprevisto.

Hay películas que se estrenan en nuestro país y que tienen un difícil recorrido, y esta es una de ellas. Hay que ser muy fan del manga para sacar la correspondiente entrada con el propósito de ver este film de Takashi Miike, y luego disfrutarlo. Basado en el manga creado en 2011 por el guionista Yu Sasuga y el dibujante Kenichi Tachibana, ambos han colaborado en un guion que bien podríamos definir como una especie de Starship Troopers a la japonesa. Por ese motivo, la adaptación es de las mejores que se han visto en la pantalla, lo que no resulta extraño en un director de la talla de Miike, tan eficiente como prolífico.

En el siglo XXI la superpoblación representa un serio problema para nuestro planeta. Por eso se decide enviar una nave espacial con el objeto de hacer habitable Marte y colonizarlo en el futuro. El objeto transporta musgo en grandes cantidades para obtener el oxígeno necesario para la vida y un número incontable de cucarachas que deberán expandir el vegetal por toda la superficie. Quinientos años después se eligen quince personas seleccionadas entre los tipos más perversos de la sociedad y se las envía como avanzadilla al Plante Rojo. Por si se encuentran con problemas, reciben la ayuda de que su ADN pueda ser modificado para que cada uno de ellos adquiera el poder especial de un determinado insecto.

Una vez que llegan a Marte se encuentran con que los blatodeos se han transformado en gigantescos insectos inteligentes que odian a la especie humana y quieren eliminar a los recién llegados. La leyenda dice que las cucarachas serían los únicos animales que sobrevivirían a una catástrofe nuclear. En este caso, se han adaptado al medio y se consideran los auténticos reyes de su particular universo, por lo que se producen combates singulares.

Quince hombres contra toda una legión de monstruos que hacen frente con éxito a cualquier modificación del ADN por parte de los terrícolas. Cada uno de los viajeros interplanetarios busca una forma diferente para enfrentarse al enemigo; desde un gorgojo negro a un escarabajo ciervo arcoíris, pasando por un avispón gigante asiático, una langosta del desierto o una mantis orquídea. En el caso de Asuka Moriki –Rinko Kikuchi-, uno de los protagonistas, se muta en avispa esmeralda, con el poder de entrar en el cuerpo de los insectos y manipularlos.

Los enfrentamientos pretenden ser lo más llamativo de esta producción, y los efectos visuales, a base de cromas, funcionan casi siempre, acompañados siempre por la partitura de Kôji Endô, uno de los compositores para la gran pantalla más acreditados del País del Sol Naciente, y de un vestuario notable. Miike, amigo personal de Quentin Tarantino, demuestra la compenetración entre ambos cineastas con secuencias que muy bien podría haber firmado el norteamericano. Se explaya con acierto en los interiores de la nave y se advierte un homenaje a Blade Runner en los primeros compases del film. Después, la acción es fatigosa, de ahí que pongamos en cuestión la oportunidad de su estreno en nuestro país salvo para los muy aficionados al manga.

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