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Shin Godzilla (**)

25 enero 2017

El monstruo reaparece en la bahía de Tokio para sembrar el pánico, la destrucción y el caos en un país atormentado por las catástrofes naturales y que aún conserva en su memoria la intervención atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Pero Godzilla parece indestructible, a no ser que se le congele o se aplique sobre él un arma de destrucción masiva.

Ha vuelto. Godzilla forma parte de esa galería de monstruos que asustan a un país con solo mencionarlo. Apareció por primera vez en 1954, cuando el director Ishiro Honda lo presentó como una metáfora del bombardeo nuclear al pueblo japonés. Denominado inicialmente Gojira, una contracción de gorila y ballena, ha protagonizado desde entonces veintiocho largometrajes en Japón y otros dos con producción estadounidense, al tiempo que se anuncia otra nueva entrega para marzo de 2019.

Su impacto fue tal que, desde su irrupción, se asoció su nombre con el de una destrucción global, como sucedía en la versión para ordenador de Sim City cuando se activaban todas las catástrofes posibles. Un logro, desde luego, para la productora Toho, que hasta ahora se había negado en rotundo al reinicio de la saga. De sabios es rectificar, y ha dejado en manos de Hideaki Anno –creador de Evangelion-, autor igualmente del guion, y de Shinji Higuchi, dos acreditados especialistas nipones, el renacer de la saga y la novedad del primer Godzilla cien por cien CGI creado en el País del Sol Naciente.

La aventura se inicia cuando la guardia costera investiga un yate a la deriva en la bahía de Tokio. Casi se inmediato se encadenan una serie de acontecimientos hasta que se puede filmar una gigantesca cola que parece pertenecer a un gigantesco saurio. Así, al menos, lo supone Rando Yaguchi –Hiroki Hasegawa-, un funcionario gubernamental. Tras formar un gabinete de crisis, las autoridades calman a la población afirmando que es imposible que la criatura pueda trasladarse a tierra debido a la endeblez de sus patas. Sin embargo, el monstruo muta y causa el pavor en la ciudad, destruyéndolo todo a su paso.

Las autoridades piden ayuda a Estados Unidos, que envían a un zoólogo experto en contaminación radiactiva -Satomi Ishihara-. De los estudios más relevantes y a tenor del escaso efecto que las armas convencionales ejercen en Godzilla, así como el contrataque a base de rayos emitidos por éste, abren paso a medidas más drásticas. Mientras ecologistas, científicos y Gobierno se enzarzan en disquisiciones, la conclusión es que únicamente se puede hacer frente al peligro mediante un arsenal termonuclear o con la ayuda de agente coagulante que, de alguna manera, pudiera paralizarlo. Para entonces, ya saben que su enemigo, que ha reaparecido doblando su tamaño, puede mutarse y reproducirse asexualmente.

Hay aspectos que determinan el hecho de que ésta no sea una película convencional de catástrofes. Las producciones anteriores basadas en este personaje de ficción no contemplaban la crítica social y política que se efectúa en esta ocasión. La burocracia y las comisiones interministeriales ralentizan cualquier decisión. Incluso, llegan a representar una rémora para el film, tanto como afectan en la realidad. Hay referencias veladas a la intervención nuclear en Japón por parte de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, un hecho que los nativos mantienen en el subconsciente, así como al desastre de Fukushima, con cuyo accidente se aprecian claras similitudes, y que se aprovecha para criticar al Gobierno su ineptitud. En este caso, es el Godzilla que presenta un menos grado de acción.

En cuanto a la criatura en sí, el inicio es poco alentador. Parece un diseño de trapo, tal vez porque se pretende homenajear su primera aparición en el celuloide, con unos ojos que recuerdan a los de una muñeca. Más adelante, cuando se inician las mutaciones, crece nuestro interés y también se consigue un mejor perfilado, con esa especie de reptil gigante cuyo dorso parece pespunteado por una serie de protuberancias arbóreas en forma de interminable cresta. En lo que se refiere a los efectos visuales, la producción va a más, alternando maquetas con diseños CGI y consiguiendo uno de los filmes más atractivos protagonizados por Godzilla.

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