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Las plantas (*1/2)

29 enero 2017

Una joven de diecisiete años debe hacerse cargo de su hermano mayor, en estado vegetativo, cuando descubre un cómic que habla de la invasión de espíritus vegetales en las personas durante las noches de luna llena. Paralelamente, comienza a explorar su sexualidad con desconocidos a través de Internet.

Plantas o vegetales. Como un vegetal está el hermano de la protagonista de la ópera prima del chileno Roberto Doveris. No puede moverse, pero siente todo lo que ocurre a su alrededor. Su madre -Ingrid Insensee- está internada en un hospital debido a una afección que la tiene entre la vida y la muerte, aunque muestra signos de una posible recuperac ión. Clara, la mujer que le atiende, ha decidido marcharse, por lo que el chico queda a cargo de Florencia, a la que da vida la cantautora Violeta Castillo, responsable de buena parte de la banda sonora del film.

La película triunfó entre los jóvenes en la Berlinale y no deja a nadie indiferente cuando la visiona. Hasta tal punto que su mejor tarjeta de presentación viene de la mano de un boca a boca fundamentado en los penes que muestran algunos de sus actores. Son imágenes explícitas porque Florencia, a sus diecisiete años, ha descubierto la sexualidad y quiere experimentarla. Va más allá de la relación que mantiene con sus compañeros y amigos Sebastián –Mauricio Vaca-, Raúl –Juan Cano- y Francisco –Simón Mercado-.

El paso decisivo, en un barrio marginal, y dentro de una familia con escasos recursos, es el descubrimiento de un cómic que andaba por casa. En él se afirma que las plantas, en las noches de luna llena, son capaces de invadir los espíritus de los hombres, algo que se aprecia fundamentalmente a través de los espejos. Ella, aficionada a los anime y al cosplay, esa moda en la que los practicantes usas disfraces que representan a un sujeto o a una moda, decide indagar en todo un mundo sensual que le abre las puertas de par en par.

Si nos atenemos a la Metamorfosis, Ovidio sostiene que al mundo vegetal le está vedado el deseo carnal. Está libre de esa atracción. La propuesta de Roberto Doveris es la contraria. A través de las plantas se llega al ávido apetito. Es una forma de emancipación y no tiene nada que ver con las simples mutaciones. Tampoco con propuestas de otro tipo, como la de La pequeña tienda de los horrores. Florencia, a través de Internet contacta con posibles amantes porque el mundo en el que vive se le ha quedado pequeño. Así llega su gran experiencia, con la compañía de Cristóbal –Ernesto Meléndez-, no sin antes provocarle en un juego que a punto estuvo de hacerle abandonar al muchacho.

Lo mejor de la propuesta es la mirada de la mujer. Ellas también sienten curiosidad y necesidad, como bien se demuestra en la exposición. Aquí, el hombre es el objeto. Es quien enseña sus atributos en plenitud, sin que sirva de justificación el póster en el que un cítrico representa el órgano sexual femenino. El cómic sostiene que  las plantas, una vez capturado el interior del ser humanos obligan a que este se incline a la marihuana o al sexo, algo que le está vedado al reino general. Nuestra protagonista se inclina por lo segundo a pies juntillas.

Esa es la idea. Luego, hay que contarla, y no tenemos muy claro lo que Roberto Doveris quiere ser de mayor. En su primer largometraje se muestra demasiado ecléctico. Lo mismo se decanta por un plano secuencia que por incluir planos y contraplanos con profusión. Abundan más los segundos, pero no permiten un criterio demasiado racional. Se puede decir que la puesta en escena es original o diferente. Más que eso, resulta desconcertante.

Violeta Castillo, cuyas composiciones musicales resultan tan anárquicas como la estructura del film, cumple en su debut cinematográfico. Y eso que ha de enfrentarse con un guion desigual, confuso para el espectador. No dudamos de que el realizador sepa lo quiere en cada momento, aunque a veces no lo explique con demasiada claridad, ya que se pueden extraer consecuencias en algunas acciones de los personajes que son contrarias a la realidad. Se advierten fallos más propios de la torpeza de un novato que de las cualidades narrativas. Por ejemplo, una fotografía que invita a la reflexión y casi a la claustrofobia que, de repente, se manifiesta demasiado clara o quemada en el gimnasio, o ciertas cuestiones y formas que no encajan con las de un barrio marginal y una familia de escasos recursos como la que se nos muestra. De todas formas, hay ambición, intento por mostrar algo diferente. A esa demostración de coraje sólo le hace falta experiencia.

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From → Cine

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