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Negación (Denial ) (**)

8 febrero 2017

Una famosa historiadora norteamericana acusa en uno de sus libros a periodistas e historiadores que niegan el Holocausto. Uno de los aludidos, David Irving, admirador de Hitler, decide querellarse contra ella por difamaciones. La vista se verá en Inglaterra donde, al contrario que en otros países, es el acusado quien debe demostrar su inocencia.

A priori, este proyecto lo tenía todo para el éxito. No en vano, se trata de una historia real con el trasfondo del Holocausto, un asunto nada banal para los judíos norteamericanos, y su núcleo central es un juicio, un aspecto muy valorado por los magnates de Hollywood. A partir del libro escrito por su propio personaje protagonista, el cineasta Mick Jackson, responsable en su día de El guardaespaldasThe Boduguard, 1992-, recrea el enfrentamiento de la historiadora judía Deborah Lipstadt –Rachel Weisz-, con un periodista británico, quien decidió demandarla a ella y a su editor después de una publicación de 1993 en la que su autora arremetía contra los negacionistas.

Deborah ofrece una apasionada conferencia en la Universidad de Emory, en Atlanta, donde se ocupa de las clases de estudios judíos. Entre los asistentes se identifica David Irving –Timothy Spall-, quien se muestra admirador de Hitler y pretende tener una confrontación con la norteamericana, pero ella no acepta discutir con él ni con cualquier otra persona que niegue el Holocausto. Finalmente, ella recibe una citación para acudir a los tribunales británicos en los que se dirimirá quien tiene razón. La presentación de la querella en Londres no es baladí, ya que en el Reino Unido se exige que sea el acusado quien demuestre su inocencia.

La historiadora contacta con Anthony Julius –Andrew Scott-, abogado famoso por haber llevado en su día el divorcio de la Princesa Diana, quien pone a todo un equipo a su disposición. Llegan a la conclusión de que Irving busca notoriedad y su despacho puede salir muy reforzado después de esta causa. De todas formas, no será él quien dirija los interrogatorios, sino otro jurista de su bufete, Richard Rampton –Tom Wilkinson-, muy ducho en esas lides. Llama la atención el hecho de que los letrados no quieran la ayuda de la comunidad judía. Desdeñan una posible colecta e insisten en que los supervivientes del Holocausto y la propia Deborah no suban a declarar al estrado. Temen que la palabrería de Irving pudiera ejercer el efecto contrario al deseado. Por ese mismo motivo se oponen al jurado popular, que pudiera ser manejado por la oratoria del británico, y todo queda en manos de Sir Charles Gray –Alex Jennings-.

Exceptuado un par de secuencias, y otra muy especial a la que aludiremos más adelante, la película se encierra en una producción tópica de un desarrollo judicial. Incluso mantiene sus claves más utilizadas basadas en que el antagonista domina la situación  a su antojo hasta que se produce un golpe de efecto. Según explica la protagonista al inicio de su conferencia, existen cuatro argumentos principales propuestos por los negacionistas. Fundamentalmente, que no se murieron los millones de judíos a los que hace referencia la historia oficial y que en ningún campo de concentración hubo cámaras de gas ni hornos crematorios.

Por eso, el momento más impactante del film es cuando la profesora Lipstadt y su abogado visitan Auschwitz. En principio, se había levantado como campo de trabajo, aunque se le dio una utilización muy distinta durante la guerra. Las imágenes son sobrecogedoras, pero Irving, que se defendía a sí mismo en el juicio, se encargó de desmontar cualquier evidencia. Por eso no se fiaban los abogados de Deborah. Los supervivientes del holocausto estaban muy mayores y podían no recordar exactamente si una puerta estaba a la derecha o a la izquierda, por lo que su testimonio generaría dudas razonables.

Hay mucho más valor en el texto literario de la autora que en una película que se ciñe demasiado a lo convencional. Ni siquiera destacan en demasía sus dos protagonistas, que acumulan sendas nominaciones al Oscar, debido a la densidad de los diálogos. Más por su volumen que por su calidad técnica. Hay demasiadas conversaciones para una cinta que recupera el aliento en muy contadas ocasiones.

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From → Cine

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