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Manual de un tacaño (Radin!) (**)

15 febrero 2017

François Gautier tiene una cuenta en el banco que supera los doscientos mil euros pero se nutre con comida caducada, aprovecha al céntimo cualquier oferta del supermercado y se alumbra con la luz de la calle. Su vida cambia cuando conoce a la mujer de su vida y se entera de que tiene una hija que apenas ha cumplido diecisiete años.

Definitivamente, Dany Boon está tocado por una varita mágica. Convierte en éxito cualquier interpretación y con este film volvió a encaramarse al primer puesto de las listas francesas. A sus cincuenta años, puede presumir de haberse convertido en el rey de la comedia del país vecino y en uno de los príncipes del género en Europa. Esta vez se encarga de dar vida a un personaje roñoso bajo la dirección de Fred Cavayé, que alterna filmes de acción con historias de humor que en taquilla han estado muy por encima de sus valores fílmicos, como Los infieles, por ejemplo.

François Gautier es un tipo tan tacaño que en un concurso de cicateros hubiera quedado el segundo. Por tacaño, precisamente. De casta le viene al galgo. Cuando su madre estaba a punto de dar a luz, reprochó a su esposo que el segundo día ya no tenían dinero para comer el resto del mes debido a que él era un comprador compulsivo y adquiría cualquier tipo de cosa inútil o innecesaria. En ese momento, pidió a su hijo que no fuera como su padre. Más bien, lo contrario y, todavía en el vientre materno, tomó buena nota.

Ahora, Gautier es un buen violinista que se escaquea cuando hay una colecta para comprar un regalo a cualquier compañero. En la ducha no permanece bajo el agua caliente más de dos minutos, cena a la luz de las farolas de la calle, niega dinero a la comunidad para mejorar la vida del vecindario y regatea tres céntimos en los vales de descuento en el supermercado, donde se nutre de productos promocionales, aunque se encuentren caducados. No coge medios de transporte para ahorrar y su teléfono móvil tiene un escaso saldo gratuito gracias a una campaña publicitaria.

El protagonista se relaciona con el director de una sucursal bancaria –Christopher Favre- en la que tiene un cuenta corriente con más de doscientos mil euros y que le sirve como psiquiatra, confesor y paño de lágrimas. Por desgracia para François, el día en que su vecino Cédric –Patrick Ridremont- le envidia por permanecer soltero y no tener hijos, conoce a Valérie –Laurence Arné-, que se postula como la mujer de su vida, y se presenta Laura –Noémie Schmidt-. Se trata de una joven de diecisiete años, producto de una noche de amor con la arpista Carole –Karina Marimon- en la que utilizó un preservativo de muestra caducado años ha, y con quien rompió el día antes de su cumpleaños para no tener que obsequiarla.

El comienzo es más que simpático, y durante un buen tiempo mantiene la sonrisa e incluso alguna que otra carcajada basándose siempre en el carisma y la profesionalidad de Dany Bloon, pero cualquier comedia de enredo debe pasar por momentos de drama y es ahí donde la cinta flojea, se le ven las costuras al director y los problemas a los guionistas. Incluso, hay pasajes de brocha gorda en la que lo simple y lo cutre contrastan con momentos evidentemente muy salvables.

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