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I Am a Hero (***)

25 marzo 2017

Hideo es un mangaka que lleva una vida triste y gris. El éxito le da la espalda y hasta su novia le echa de casa. Cuando intenta la reconciliación, ella le ataca intentado morderle. Es el primer paso para comprobar que la ciudad está afectada por un extraño virus. Y es que todo alrededor del protagonista se desmorona.

Mangas, zombis, producción japonesa, live-action… aparentemente, se trata de un cóctel que no auguraba buenos resultados. Sin embargo, esta película de Shinsuke SatoGantz-, que vivió su estreno mundial en el Festival de Sitges, acapara galardones en cada certamen que se presenta. Por ejemplo, en la Costa Brava se llevó el Premio del Público y el correspondiente a los mejores efectos especiales. La historia se basa en un manga original de Kengo Hanzawa, compuesta por veinte tomos, y todavía inconclusa, algunos de los cuales han sido publicados en España.

El protagonista de la historia es Hideo, que en kanji se pronuncia algo parecido a héroe o hero, un tipo insignificante y de una existencia gris, que se entretiene hablando con un amigo imaginario. En la pantalla, encarnado por Yô Ôizumi, tiene 35 años, usa gafas y trabaja desde hace una década como mangaka, aunque ninguno de sus trabajos parece lo suficiente interesante como para ser tenido en cuenta. Hay una historia en la que supone un final en el monte Fuji, el más fotografiado del mundo, y que parece ejercer una poderosa influencia sobre él.

La vida de Hideo es opaca, incluso se podría definir como miserable. Su futuro es negro y hasta su novia Tekko –Miho Suzuki- le echa de casa porque sus expectativas conjuntas no son nada halagüeñas. Cuando decide pedirle perdón y acude a su domicilio para reconciliarse, ella se arroja sobre él con intención de morderle. Tras abatirla, pone rumbo a la editorial y en pleno desconcierto observa como la mayoría de la gente parece presa de un extraño virus que muestra a unos infectados con inusitada fortaleza y velocidad que únicamente piensan en morder al resto de los humanos. La única esperanza es, cómo no, el monte Fuji, que permanece al margen de la epidemia, y hasta allí se dirige en compañía de Hiromi Hayakari –Kasumi Arimura-, una estudiante junto a la que se abrirá paso entre las horas de contagiados.

El arranque resulta de lo más atractivo. La realización de Shinsuke Sato es muy sólida al tiempo que combina la acción con un humor al que no estamos acostumbrados en las producciones niponas, incluidos planos secuencia de mérito. En el centro, la ejecución se aplana y ahí es donde nos damos cuenta de que el metraje, ligeramente por encima de las dos horas, resulta exagerado y debiera haberse aligerado en beneficio de una aventura más sólida y seductora. Lo compensa con una parte final desbordante, llena de sangre y gore que pueden hacer las delicias de los amantes del género.

Hideo es un poco el héroe anónimo, el protagonista por accidente de una historia en la que se esfuerza por sobrevivir cargado de una escopeta deportiva y su baja autoestima, que se hermana con la cobardía. Hay cierta denuncia social, ya que los sobrevivientes se muestran violentos en sumo grado y sin ningún afecto hacia sus semejantes, pero lo más importante es la reconversión de un ser humano gris, moralmente aceptable pero cuya existencia no puede ser apetecible por nadie. Es un tipo normal enfrentándose con el apocalipsis y teniendo que superar la traición de sus seres más cercanos.

Técnicamente es meritoria, hasta el punto de que posiblemente sea la mejor película de zombis llegada desde Japón. Un sub género que parecía agotarse después de una avalancha de películas y de la presencia de series como The Walking Dead pero que, sin embargo, parece haberse revitalizado en los últimos meses. En especial, con producciones llegadas desde el Lejano Oriente, como la coreana Tren a Busán.

I Am a Hero es intensa, divertida y no elude el gore ni las vísceras, sobre todo en la referida parte final. Predomina el espectáculo, con la acción en primer plano, lo que mitiga los posibles defectos de su puesta en escena ya que, a excepción de su parte central, apenas permite un respiro. Queda bien arropada por unos poderos efectos especiales, especialmente en el primer tercio del film. Si el manga original da opción a releerlo varias veces para extraer todo su jugo, la tendencia surrealista a la que se aboca esta producción parece rendir homenaje a la producción literaria.

 

 

 

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