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La luz de Elna (*1/2)

26 marzo 2017

La luz de Elna: Salvando bebés

La maternidad de Elna, lugar que acoge a mujeres embarazadas procedentes de campos de refugiados próximos, está condenada al cierre por el gobierno de Vichy, en plena Guerra Mundial. Tanto su mentora, Elisabeth Eidenbenz, como sus más estrechas colaboradoras están dispuestas a sacrificarlo todo, excepto sus ideales, para salvar el centro.

Elna es un pequeño municipio francés situado en el departamento de los Pirineos Orientales. En pleno Languedoc-Rosellón, pertenece al distrito de Perpignan.  En ese lugar fue donde la enfermera suiza Elisabeth Eidenbenz – Noémie Schmidt- dispuso una maternidad en la que nacieron más de cuatrocientos niños cuyas madres, refugiadas de la Guerra Civil española se encontraban en campos de concentración del país vecino. Concretamente, en los de Rivesaltes, Saint Cyprien y Argelès-sur-Mer.  Posteriormente, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el centro atendió a otras doscientas mujeres más. Todas ellas de origen judío y perseguidas por el nazismo.

El film de Silvia Quer, que tiene una dilatada carrera como realizadora televisiva y un largometraje anterior –Febrer, 2004-, narra la convivencia en ese lugar a través de los ojos de un niño, Pat, hijo Carmen –Natalia de Molina –. Se trata de una de las mujeres judías recogidas en una institución, con la que colaboraba la Cruz Roja y las familias del lugar, quienes ofrecían trabajo a las madres después de dar a luz con lo que se impedía su deportación. Esta producción está destinada únicamente a la pequeña pantalla, con aportación de diversas cadenas tanto españolas como extranjeras y en la que TVE es la más significada. Fue considerada como la mejor ficción española en el Festival de Luchón, y también se proyectó en el Festival de Málaga.

Cada vez hay menos diferencia entre los productos pensados para televisión y los que viven primero su carrera comercial en las salas de exhibición. La factura técnica de los primeros suele ser impecable, y a veces nos sorprenden con obras de gran interés, como Divinas, primer largometraje destinado a plataformas de streaming candidato al Globo de Oro. En La luz de Elna lo más llamativo es la figura de esta enfermera suiza, que se aplicó en la Guerra Civil  a la ayuda de los más pequeños que eran víctimas de la contienda. Posteriormente, tras la caída de Barcelona, medio millón de refugiados llegaron a Francia en lo que se considera la mayor diáspora en la historia de España. Elisabeth formaba parte de esa hégira, y cabe mencionar que hasta que levantó su maternidad, morían nueve de cada diez niños nacidos en los campos de refugiados.

El guion de Margarita Melgar se centra en 1942, cuando el gobierno de Vichy ordena el cierre de la institución, pese a que se consideraba un territorio suizo. El corte de ayudas y suministros significaba la imposibilidad de atender a las mujeres, algunas de las cuales, como Maya –Blanca Romero- eran perseguidas por los nazis y llevadas con sus hijos a campos de concentración de Centroeuropa, lo que se pone de manifiesto en una de las secuencias más dramáticas del film. Tanto Elisabeth como sus más inmediatas colaboradoras lucharán con todas sus fuerzas para continuar adelante con aquella casa convertida en ángel de la guarda para los recién nacidos. Cada una a su manera, y sin renunciar a sus ideales, como Victoria –Nausicaa Bonnin-, quien mantuvo en todo momento un evidente espíritu revolucionario.

Aunque con mimbres para pergeñar una historia dura, llena de tensión dramática, el guion tiende a la amabilidad. La vida en el centro, más parecido que semejante a la realidad, puede resultar hasta idílica, especialmente para las mujeres que llegaban a la institución. Salvo la referida secuencia en la que se llevan a los judíos en trenes destinados a transporte animal, o las vicisitudes de Aurora –Nora Navas-, cuyo hijo nace muerto, los reveses más importantes se dulcifican. Máxime, cuando la historia se narra a través de la mirada de tres chavales, lo que aporta inocencia y destila bondad dentro de la tragedia.

Silvia Quer tampoco arriesga en la puesta en escena. Su lenguaje visual es sencillo, probablemente a sabiendas del medio al que va dirigido. Sin embargo, la biografía de Elisabeth Eidenbenz merecía algo más de compromiso. La suya fue una aventura maravillosa y, como tal, requería un mayor atrevimiento en la puesta en escena.

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From → Cine

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