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Últimos días en el desierto (Last Days in the Desert (***)

4 abril 2017

Cuarenta días pasó Jesús de Arimatea en el desierto, orando y ayunando en un terreno árido entre la fatiga y las alucinaciones. Allí se encontró con el diablo, deseoso de tentarle y de apartarlo de su senda. Mientras, el Padre se mantenía al margen.

El cineasta colombiano Rodrigo García Barcha se ha hecho un nombre al margen de su padre, nada menos que Gabriel García Márquez. Hasta ahora, sus películas exploraban principalmente a la mujer en el mundo actual porque, a su entender, los hombres se reprimen y guardan muchas cosas. Por eso esta nueva propuesta es más sorprendente, ya que tiene como protagonista a Jesús de Arimatea durante sus últimos días de ayuno y abstinencia en el desierto de Judea.

Se trata de una historia tan árida como el propio paisaje felizmente retratado por  Emmanuel Lubezki. También su fotografía es austera, entre cielos nublados y nula vegetación. Tanto, que le sobran con cuatro personajes y medio. En el caso de éste último una mujer –Susan Gray- que encarna al demonio de forma pasajera, ya que las apariciones del diablo para tentar a Jeshua, el nombre hebreo de Jesús, están encarnadas por el mismo actor –Ewan McGregor- sobre el que gira el largometraje. De esta forma, Rodrigo García indaga en la relación entre padres e hijos. El protagonista pregunta por su progenitor, pero éste parece desoír su llamada. El mismo demonio, que se define como mentiroso, le dice que está más preocupado de otras cosas que de su propio hijo.

Jeshua está sediento y en un terreno inhóspito encuentra a una familia de pastores. El hombre –Ciaran Hinds- ve como su mujer Ayelet Zurer- agoniza. El joven hijo de ambos –Tye Sheridan- sueña con dejar ese lugar y marcharse a Jerusalén, a pesar de que se trata de una ciudad sucia y corrupta, pero también muy viva. El viajero solicita agua a cambio de ayudar con sus conocimientos en el trabajo de la piedra y la madera. La familia, que está construyendo una casa en lo alto de una colina yerma, acepta. Todo se desarrolla en la relación con los tres pastores, pero también con las tentaciones, tanto en sueños como en unas apariciones demoníacas que únicamente Jesús puede ver.

Al protagonista le persigue una manada de lobos, casi se ahoga o tiene que enfrentarse al drama de un padre que necesita ser socorrido por él y por el joven hijo después de que éste rehusase una misión. Sufre con la mujer moribunda. Para Yeshua sería muy fácil sanarla imponiendo sus manos. ¿Acaso sería un símbolo de debilidad? Los personajes mantienen sus pasiones latentes, nunca se dejan llevar por ellos, aunque sobre todo destaca el sentido de la autoridad paterna, que se pone de manifiesto a través de Jesús y de los tres mortales con los que pasará sus últimos días de oración y ayuno.

La película se arroja en brazos de un ritmo lento, en el que las imágenes casi se mastican, pero no puedes dejar de atender a la pantalla porque en ningún momento es aburrida. Roza lo hipnótico en ocasiones, pero también se deja llevar la puesta en escena por la austeridad del conjunto. Casi nunca es valiente, aunque la mirada silenciosa hacia la penitencia de Jesús en el desierto  es tan loable como innovadora.  En cuanto a la partitura de Saunder Juriaans y Danny Bensi refuerza el conjunto. Es tan austera y minimalista como la misma apuesta de Rodrigo García.

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From → Cine

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