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A fondo (A fond) (*)

9 abril 2017

Una familia se dispone a salir de vacaciones en su nuevo monovolumen. Una vez en carretera, el ordenador de a bordo se estropea y no pueden recudir la velocidad por debajo de ciento treinta kilómetros por hora. Su loca aventura alerta a los gendarmes mientras es perseguida por un gitano al que le arrancaron una de las puertas de su automóvil.

Después de su éxito con Se nos fue de las manosBabysitting, 2014- cuya segunda parte parece haberse reducido al mercado doméstico, el cineasta francés Nicolas Benamou insiste en la comedia, y lo hace con uno de los actores cómicos más en boga en su país, el franco hispano José García, de gran parecido físico a Robert Downey Jr. Nacido en París aunque con raíces gallegas, llega como protagonista a la gran pantalla después de su éxito en TV. Él se lleva la mejor parte de esta comedia junto al veterano André Dussollier, toda vez que la actriz elegida en un principio, Valérie Bonneton, dejó su puesto a la debutante Caroline Vigneaux.

En Speed -1994-, Keanu Reeves no podía bajar de un cierto límite de velocidad su autobús si no quería que estallase la bomba que el villano de turno había puesto en la parte inferior del vehículo. La situación se repite en esta producción, aunque las causas de la velocidad son otras bien diferentes, nada menos que por culpa de una avería generalizada en el ordenador de a bordo del nuevo monovolumen, un Medusa, no se puede reducir a menos de 130 kilómetros por hora. En cuanto al vehículo, deberíamos huir si algún fabricante o concesionario nos lo intenta vender. No solo crea problemas a la familia protagonista sino también a otra al que el vendedor Danieli –Jerôme Commandeur-intenta colocarle a toda costa en la exposición. Y todo ello, con algún que otro guiño a Little Miss Sunshine.

El cirujano plástico Tom Cox –José García- despierta a hora más temprana que de costumbre a su esposa Julia –Caroline Vigneau- y a sus hijos Noah –Stylane Lecaille- y Lison –Josephine Callies-. Se van de vacaciones y el cabeza de familia no quiere sufrir el atasco habitual del mes de julio en Francia. A ellos se les agrega el padre del protagonista, Ben –André Dusollier-, pese a las reticencias de su nuera y la alegría de su hijo. Se trata de un viudo inconstante en cuanto a la compañía femenina que no hace otra cosa que meter la pata. Tanto puede provocar una inundación en el domicilio que adquirir un Botox chino a bajo precio que estimule el rechazo en los pacientes de Tom.

La cinta es un desmadre absoluto, con personajes que van desde el estereotipo llevado al límite hasta el esperpento más radical. De esta forma, se nutre de situaciones esperadas en su mayor parte, pero también de la comedia bufa llevada al límite. Desde las pareja de gendarmes –Vincent Desagnat e Ingrid Donnadieu- que se esconden en unos matorrales para hacer el amor, hasta su capitana Peton –Florence Foresti-, que únicamente piensa en jugar al tenis de mesa con sus subordinados y ganarles por las buenas o por las malas. Con todo, es el personaje más absurdamente estrafalario y agradecido de esta propuesta.

Indudablemente, el mayor problema para filmar este argumento, que gustará a los amantes de la astracanada, pasaba por las muchas imágenes de autopista que contiene. Inicialmente, se pensó en utilizar cromas y rodar en estudio, pero al final se encontró una solución en Macedonia, por lo que hubo de adoptar medidas especiales en una época del año en que se causaba más perjuicios que beneficios a sus habitantes.

Pese a todo, había mimbres para conseguir una película interesante, pero el equipo artístico se ha unido al técnico para ver quien desbarraba más. La interpretación es grosera, la puesta en escena deja mucho que desear, y el guion se pierde en la superficialidad, con algunas situaciones que buscan la sonrisa y que se nos antojan difícilmente creíbles. En todos los apartados hay aspectos desaprovechados, como la presencia de Charlotte Gabris, que interpreta a Melody, una estrafalaria joven, aunque ella no lo sea tanto, que se sube al auto de conducción imposible sólo porque al abuelo Ben le viene en gana.

Quizá, lo mejor, haya que buscarlo en la secuencia que aparece durante los títulos de crédito. Todo lo demás se nos antoja tremendamente forzado en aras de la risa del espectador. Como por ejemplo, la inclusión del gitano Jacky –Vladimir Houbart-, que persigue a los protagonistas enfundado en un chándal de la selección española de fútbol, o la presencia de Juan –Harrison Arevalo-, un pintor español que pasaba por allí. De esta forma, el resultado final está lejos del  propósito perseguido porque el humor que destina es chanflón. Burdo en casi todo el metraje, una hora y media que parece mucho más.

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