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Una historia de venganza (Aftermath) (*1/2)

29 abril 2017

Un hombre buscará su particular venganza contra un controlador aéreo después de un accidente de aviación en el que fallecieron su esposa y su hija embarazada. Mientras le informaban de la tragedia, el técnico del aeropuerto lamentaba el hecho después de un cúmulo de circunstancias adversas que desembocaron en centenares de fallecidos.

El primer día de julio de 2002, dos aviones chocaron en el aire en el sector fronterizo entre Alemania y Suiza. Conocido como la catástrofe de Überlingen, el accidente tuvo lugar pasadas las once y media de lo noche (GMT), y el más afectado fue el Tupolev de la compañía Bashkirian Airlines, que volaba desde Moscú a Barcelona con mayoría de adolescentes que cumplían un viaje escolar a iniciativa de la UNESCO.

Basándose en ese caso, el español Javier Gullón, candidato en su día al Goya por Invasor, y responsable del texto de Eney, dirigida por Gilles Villeneuve y protagonizada por Jake Gyllenhaal, escribió una historia intimista que tiene como eje la venganza. Finalmente, el texto fue producido por Darren Aronofsky y dirigido por Elliot Lester, cuyo trabajo más significativo fue Blitz, con Jason Statham. La acción se trasladó desde Centroeuropa a Estados Unidos, y más concretamente al aeropuerto de Columbus.

Roman Melnyk –Aqrnold Schwarzenegger- es un capataz eficiente. Hace años que ha obtenido la ciudadanía norteamericana y, en vísperas de la Navidad, aguarda el regreso de su esposa Olena, que ha viajado a Kiev para acompañar a su hija embarazada. Cuando llega a la terminal y pregunta por el vuelo, que no aparece en la pantalla de llegadas, es trasladado a una pequeña sala donde se le informa que ha habido un accidente aéreo y que, en casos así, prácticamente se descarta que haya supervivientes.

Paralelamente, y no muy lejos de allí, el controlador Jacob Jake Bonanos –Scoot McNairy- se encuentra abatido. Poco antes, había tenido que hacer frente a su trabajo y al de su compañero, que se había tomado un descanso. En un momento determinado tuvo que desatender su trabajo debido a que intentaba conectar por teléfono con otro aeropuerto para recibir a un avión que había sido desviado de su ruta debido a las inclemencias meteorológicas. Un fallo en la consola central, que estaba siendo reparado en ese momento, no permitió que Jacob se percatarse de que él había dado la orden a una de las aeronaves para que descendiera a una determinada altitud, mientras que otra hizo caso al sistema informático para situarse a la misma altura sin aguardar a las indicaciones del especialista.

El argumento se centra desde entonces en las secuelas que sufrieron los dos protagonistas tras la tragedia. Jacob comenzó a tener pesadillas y a mostrarse de una forma inusual con su esposa Christina -Maggie Grace- y con su hijo, lo que obligó a estos dos últimos a instalarse temporalmente en el domicilio de la hermana de ella. Por su parte, Roman, un adicto al trabajo, pasaba las horas entre su casa y el cementerio donde fueron enterradas su esposa y su hija maquinando su venganza y desoyendo las indicaciones de que se reuniera con otros afectados en el centro instalado al efecto para ser atendidos por médicos y psicólogos habilitados al efecto. De todas formas, uno de los aspectos más significativos del film tiene que ver con la frialdad de las autoridades para con los afectados por u hecho de tamaña naturaleza.

El guion intenta evitar estereotipos para indagar en la mente de los dos personajes centrales, pero no consigue impedir que el conjunto se muestre demasiado plano. Una historia que debiera llenar de angustia al espectador se sufre únicamente por el accidente en sí y las consecuencias derivadas de la colisión. La puesta en escena tampoco colabora a que nos sintamos identificados con los protagonistas ni a que nos metamos en su piel. El fallecimiento de casi trescientas personas es, de por sí, una fuente de emociones, destacando principalmente las de Jacob y Roman, pero al público le llegan tan diluidas que apenas puede conmoverse.

Estos defectos no son culpa de Schwarzenegger ni de McNairy.  Éste último se muestra convincente dentro de un papel que permite sacar a flote sus sentimientos. Quien fuera gobernador del estado de California se enfrenta a un trabajo muy alejado de sus roles habituales. No tiene que dar puñetazos ni disparar un arma de fuego, pero cumple con creces porque se trata de un actor muy veterano que sabe sacarle partido a diálogos poco exigentes. La propuesta le exige un hieratismo fuera de lo normal y cumple con eficiencia, aunque a veces se le escape algún rictus más próximo a Clint Eastwood que a los exhibidos durante su carrera desde que debutara en 1969 con Hércules en Nueva York, cuando solo tenía veintiún años.

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From → Cine

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