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Los demonios (Les démons) (***)

6 mayo 2017

Llega el verano y Félix, un muchacho de familia de clase media de Montreal, se encuentra con sus primeras experiencias en terrenos inexplorados. También tiene miedo a casi todo, desde el divorcio de sus padres hasta el sida. Mientras, una ola de crímenes tiene lugar en la ciudad, cuyas víctimas son niños violados y asesinados.

La propuesta de este film, protagonizada por un niño y con planos fijos casi interminables, travellings estirados, zooms tortuosos y secuencias en las que la cámara se adelanta a la acción, nos remite casi siempre a directores noveles. Efectivamente, Philippe Lesage lo es, como también la historia está basada en sus propias experiencias cuando era un crío. Presentada dentro de la sección oficial del Festival de San Sebastián, este largometraje nos habla de los miedos infantiles en ese momento de la vida en que comienzas a descubrir por ti mismo una serie de hecho o situaciones.

Felix –Édouard Temblay-Grenier- está a punto de terminar el curso en el colegio Old Longueil, un centro enclavado en un tranquilo barrio residencial. Es buen amigo de Mathieu –Yannick Gobeil-Douglas-, cuya madre y su padre muestran una amistad cómplice. Les unen bastantes cosas, como por ejemplo Robert Johnson. No es casual la elección de este bluesman del primer tercio del siglo XX, sobre quien circulaba la leyenda de que había pactado con el diablo. La historia podría suceder en cualquier época, pero las referencias al sida y algunos otros puntos concretos, como la utilización de los vinilos, la ubican en los ochenta. Y eso que la banda sonora va por libre, con pasajes de Sibelius, Bach y el inolvidable Pata Pata que Miriam Makeba popularizó en 1967.

Durante más de una hora de película nos muestra a un cineasta preocupado por la colocación de la cámara, porque sus largos planos tengan contenido, especialmente en la piscina, que representa el epicentro del film junto a la vivienda familiar. En ella, ejerce como monitor y socorrista Ben –Pier Luc Funk-. Asistimos al despertar del protagonista, y con él llegan sus miedos, unos demonios interiores propios de la edad, como bien le explica su comprensiva hermana Emmanuelle –Sarah Motet-. Recurre a los travellings y a la cámara situada en un vehículo cuando pasea con su hermano François –Vasili Schneider- y sus amigos.

Paulatinamente, vamos descubriendo sus temores. Se aterra que sus padres se separen Interpretados por Pascal Bussieres y Laurent Lucas, pasan por una etapa de desafección. Mientras, descubre el amor platónico en Rebecca –Victoria Diamond- y teme haberse contagiado de sida por culpa de unas acciones infantiles con Alexandre –Alfred Poirier-, objeto de sus bromas más pesadas. Al mismo tiempo, se preocupa por una banda de posibles violadores y, especialmente, porque François y sus amigos hacen referencia al secuestro de niños de su edad que son violados y asesinados.

Esa parte es amable. Parece que no sucede nada pero los acontecimientos van marcando paulatinamente la personalidad de Félix y especialmente sus temores. La continuación, que parece otra película distinta si no fuese por la puesta en escena, es más dramática. En ella asistimos a la forma en la que el asesino capta la atención de una nueva víctima. Hasta entonces, sólo una fuerte discusión paterna había roto la propuesta afable de Lesage.

Hay pocas novedades en la intrahistoria. De una u otra manera, cada una de las vicisitudes del protagonista la habíamos visto con anterioridad en la pantalla. Es la forma de exponerlas lo que le concede un valor intrínseco. Una propuesta muy europea, con influencias aparentes de Michael Haneke y una preocupación excesiva por la colocación de la cámara más que por el contenido. Los demás aspectos técnicos quedan desdibujados por esos planos, en ocasiones arriesgados, que su responsable mantiene de manera inverosímil.

Seguramente, estamos ante una propuesta protagonizada por un niño en la que su protagonista tiene menos diálogo. Tampoco resuelve las incógnitas con la mirada, como sucede en otras producciones. Está más influido por lo que le rodea. Curiosamente, su entorno es más amable de lo que él es. Mientras, en el tintero se quedan algunas cuestiones, como la madre que limpia su casa desnuda, lo que remite a una circunstancia autobiográfica o la verdadera relación de los padres de Félix. Todo está al servicio de ese despertar brumoso del protagonista pero, en general, nos encontramos con un largometraje que invita a la reflexión por medio de una frialdad aparente que esconde un dramatismo interior nada desdeñable.

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From → Cine

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